“A los niños hay que acercarlos a la naturaleza, no alejarlos”
El biólogo Emanuel Machín, uno de los impulsores del Proyecto ‘Área Protegida François Margat’, ha manifestado su crítica sobre el contenido del material educativo destinado a los niños ‘Somos canarios y cuidamos nuestro ambiente con Súper Walter’, elaborado por el área de Educación Ambiental, perteneciente a la Dirección de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones.
En la edición del pasado jueves de HOY CANELONES, informábamos acerca de la divulgación de un material educativo destinado a los niños bajo el nombre ‘Somos canarios y cuidamos nuestro ambiente con Súper Walter’. La publicación, centrada en el superhéroe del título, ha recibido algunas críticas por parte de expertos en educación ambiental.
El biólogo Emanuel Machín, si bien destaca la importancia de contar con material educativo para los niños, no coincide con las formas que se utilizan en este manual. “Valoro la buena voluntad que hubo de hacer este libro porque es importante concientizar y educar a los niños. Sé el trabajo y esfuerzo que implica hacer un libro pero, además, sé que requiere una enorme responsabilidad porque es entregado a niños. En mi opinión, este libro es una burrada, porque en vez de acercar al niño a la naturaleza, lo aleja. Con este material no logramos que los niños sientan pasión por aprender porque si vos de antemano le decís que las cosas están así de mal, es muy difícil que el niño quieran crecer en este entorno”, señaló.
Para el biólogo, “este libro es un claro ejemplo de lo que no hay que hacer. Es un desastre darle a los niños chiquitos esto, porque son unos lentes que cuando miran a través de ellos ven todo sucio con bolsas de basura (que están puestas en los lentes). Es un disparate porque aleja al niño de la naturaleza”.
Ecofobia
Machín utiliza el concepto de ‘ecofobia’, empleado por el ecoeducador David Sobel, para referirse al libro. “En nuestro entusiasmo por concientizar y enseñar sobre los males que afectan al planeta (como el presente libro), mostramos una visión catastrófica sobre las consecuencias del impacto climático, la extinción de las especies animales y vegetales, la destrucción de los ecosistemas, la problemática de los residuos y el detrimento de la calidad de agua”, señala.
En este sentido, Sobel se pregunta: ‘¿Pero qué es lo que ocurre realmente cuando depositamos el peso de los problemas ambientales sobre espaldas de 8 o 9 años, ya angustiados por demasiadas preocupaciones y con escaso contacto con la naturaleza?’.
Para Machín, “si llenamos nuestras clases con ejemplos de abusos ambientales, estaremos generando una sutil forma de disociación. En respuesta al abuso físico y sexual, los niños aprenden a aislarse del dolor. En casos severos, desarrollan personalidades múltiples, o conciencias que no registran las experiencias dolorosas. Mi temor es que nuestro currículum ambiental terminará igualmente distanciando a los niños del mundo natural en vez de vincularlos con él. Si la naturaleza está siendo maltratada no querrán acercarse a ella”.
Añade el biólogo que “si agobiamos permanentemente a los niños con problemas del mundo adulto, podemos quitarles la energía. Por lo tanto, es de suma importancia que los niños tengan la oportunidad de vincularse con la naturaleza, aprender a amarla y sentirse cómodos en ella, antes de comenzar a preguntarles como sanar sus heridas”.
Machín afirma que es fundamental enseñar e inculcar a los niños el amor a la naturaleza, en vez de asustarlos constantemente pintándoles un mundo catastrófico. “Los niños tienen que ser los protagonistas de su propio aprendizaje y este libro está lejos de lograrlo. Para mí, este libro no es más que una obra propagandística, que le cuenta a los adultos lo que trata de hacer la Comuna en cuanto a la gestión ambiental”.
Ma. Eugenia Núñez


