Volvieron las máquinas
Escribe: Dr. José E. Rodríguez
Una polvorienta calle de la ciudad de Santa Lucía nos cuenta algunos aconteceres: “Desde siempre fui un límite neto, hasta mí la ciudad, luego el campo. En el año 1873, cuando este poblado se denominaba Villa San Juan Bautista, una joven pareja montevideana (Federico Capurro y Ema Ruano) me eligieron para crear una quinta, ‘su lugar en el mundo’, que poblaron de especies exóticas y que gracias a una expropiación municipal hoy pueden disfrutar quienes la visitan…
En las tardes de verano miles de mariposas me amarilleaban, iban rumbo al oeste, hacia el río…
Vi pasar innumerables troperos arreando rebaños de ovejas en días cercanos a fin de año, y tropas de vacunos que en algunas ocasiones producían gran revuelo entre los vecinos, cuando algún novillo se disparaba de la tropilla.
Los carros de los panaderos, lecheros y verduleros dejaban marcas producidas por sus finas ruedas de rayos. En ocasiones el viento fuerte aparecía levantando un poco de tierra que rápidamente se desvanecía. Cuando las tropas y los carros dejaron de pasar, comenzaron a aparecer los autos y algún camión que dejaba detrás de si un poco de polvo.
Con el paso de los años, mas y mas vehículos pasando de un lado para otro, son seguidos por cortinas de tierra. Hace unos años me cubrieron con carpeta asfáltica y me iluminaron. Me sentía la reina de la ciudad, pero es sabido que el bitumen tiene una determinada duración en el tiempo y si no se repara ‘marcha’, como dicen los muchachos de ahora. Para colmo de males, los camiones se hicieron cada vez más grandes y pesados.
Algunas veces vienen con una máquina y me tiran un poco de balastro, lo que empeora mi salud. A mis vecinos casi no los veo debido a que tienen cerradas las ventanas y ya no salen a sentarse afuera como lo hacían antes. Desde el Municipio me han dado explicaciones que la reparación está encaminada, pero espero que no se demore mucho tiempo”.
Nota: Este artículo fue escrito hace unas semanas atrás y pretendía darle “fuerza” al reclamo de los vecinos del Boulevard Federico Capurro de la ciudad de Santa Lucía, los cuales han soportado desde hace muchos años el polvo que se levanta tras el paso de los vehículos. Si bien en ocasiones la prensa logra resultados casi milagrosos, no es este el caso porque la nota no había sido publicada y hace algunos días volvieron las máquinas que comenzaron la reparación del pavimento en Diego Lamas, avanzando hacia el Prado. Como bien dice el refrán: “El que no llora no mama”. Los vecinos afectados se movilizaron y obtuvieron una respuesta.


