“Siempre es azarosa la forma en que los libros circulan”
El escritor cerrillense Martín Bentancor viaja este jueves a Francia para presentar dos de sus libros recientemente traducidos al francés: ‘El Inglés’ (publicada por Estuario Editora en 2015) y ‘Los colores primarios’ (editado por Más Quiroga en 2019).
La gira incluye cuatro presentaciones: en La Comédie du Livre de Montpellier, en el Salon du Livre de Narbonne, en la Grande Librairie Internationale de Marsella (donde el autor conversará con Antoine Barral) y en la Librería Cien Fuegos de París (donde se presentará la versión original de ‘El Inglés’, a cargo del poeta y traductor argentino Jorge Fondebrider). Previo a su viaje, Bentancor dialogó con HOY CANELONES sobre la gira en Francia.
¿Qué significa que su obra trascienda idiomas? ¿Es la primera vez que traducen sus libros?
Siempre que un libro salta a otro idioma, y especialmente desde la periferia que representa eso que se llama literatura uruguaya, uno cree que el hecho sumará más lectores. Eso es algo que, en todo caso, se termina sabiendo o no con el tiempo. Lo importante, en lo concreto, es experimentar cómo lo que uno escribió en soledad, durante tanto tiempo, adquiere otra textura y otro fraseo en una lengua diferente.
Una parte importante de una novela mía fue traducida hace unos años al italiano, pero no circuló a nivel editorial, así que estas traducciones al francés constituyen mi primer salto a otro idioma.

Hay una locación específica, aunque ficcional, bien clara en sus libros y particularmente en estos dos. ¿Por qué cree que los títulos despertaron interés en un lugar tan lejano?
Mi tesis, que no es nada novedosa porque otros escritores antes la han manifestado, es que las historias ya están todas contadas y que lo que cambia verdaderamente, lo que hace de verdad interesante a un cuento o a una novela que leemos, es la forma en que está contada. O sea, la estructura y el modo antes que el contenido. Yo opté desde hace algún tiempo, aunque no en todos mis libros, por ambientar las historias en un espacio ficcional llamado Tercera Sección. Hay personajes que se cruzan de un libro a otro y hay una geografía que se mantiene, así como una mitología local propia. Si bien las historias tienen una veta costumbrista, evito como a la peste el color local, el elemento folclórico y, por supuesto, el amor al terruño. Pinto la aldea, sí, pero con trazos que a veces pueden ser bestiales. Quizás algo de eso interesó a los editores y, en el caso de estas traducciones al francés, al propio traductor. Pero, en definitiva, siempre es azarosa la forma en que los libros circulan.
¿Cree que la literatura es, como puede ser la música, un lenguaje universal? Estos libros hablan sobre temas como la muerte, el paso del tiempo, las relaciones humanas o el vínculo con la tierra… y los estilos quizá también trasciendan fronteras.
Sí, totalmente de acuerdo, por eso es una estupidez hablar en términos de literatura uruguaya, argentina, china o albanesa, como si el genio creador y el fruto de su arte pudieran limitarse a las fronteras nacionales, lo que en el caso de Uruguay, además, sería bastante triste y pobretón. Sobre los temas acerca de los que escribo son siempre el mismo puñado sobre el que escriben todos los escritores. En el caso de la muerte me interesa explotar los rituales que genera y las historias que se desarrollan a su alrededor. Porque como cantaba Bob Dylan (aunque la versión definitiva es la de Nick Cave), “la muerte no es el fin”.

¿Le siguen interesando temas similares a los de estos dos libros? ¿Relee sus publicaciones con el paso del tiempo, para redescubrirlos, encontrar temas para continuar tratando o cosas que hoy no escribiría?
Como varios de mis cuentos y novelas tratan sobre los mismos personajes y ambientaciones, a veces tengo que releer para que no pase que a alguien al que maté en tal año, aparezca vivo en las páginas de otro libro un par de años después. Ahora bien, en los hechos soy un narrador bastante clásico; me costó mucho incluir en la novela ‘El Inglés’ a un personaje usando un celular, por ejemplo. Y tampoco me interesan los temas de agenda, que muchos escritores abrazan porque les resultan redituables para insertarlos en el mercado inmediato pero que, con el tiempo, siempre se deshilachan y terminan siendo lo que son: temas de agenda.
F.G.

