Festival múltiple
El Cosquín Rock Uruguay tuvo dos días de mucha música el pasado fin de semana en la Rural del Prado, de Montevideo. HOY CANELONES concurrió al evento el día sábado y tomó algunas notas que comparte en esta página.

El eslogan del Cosquín Rock es desde hace tiempo ‘Nos vemos en el pogo’, pero en la antesala al festival había cierta desconfianza de si la grilla de este año iba a despertar o no esa especie de baile, característico del rock pero no tanto de otros géneros. El pogo no faltó y tampoco escaseó el rock.
El festival comenzó temprano, con una mezcla de propuestas uruguayas y extranjeras, entre ellas El Plan de la Mariposa, que brindó un show potente y original, más bailable que pogueable, con arreglos de violín sumados a la formación clásica de una banda de rock. Luego fue el turno de Bandalos Chinos y ya era notoria la influencia argentina en el festival.

Sin fronteras
Rubén Rada cortó con el pop argento de la tarde. Se lo vio rebosante, mucho más animado que en los festejos por los 300 años de Montevideo, y con ganas de tocar temas no tan conocidos de su repertorio, como ‘Mandanga Dance’ o ‘Rock de la Calle’. Rada también hizo los temas más populares, entre ellos ‘Mi país’, una canción bastante difícil para un barítono de 80 años, bastante difícil para uno de 25, de hecho. Lo ayudaron su hija Lucila en las voces, su hijo Matías en la guitarra, y también en alguna que otra frase cantada, y una banda de músicos de primera. Si el Cosquín fuera un clásico del fútbol rioplatense, Uruguay estaba sacando ventaja.
El festival tuvo una puntualidad inglesa. Los grupos iban rotando en los dos escenarios de Antel, que estaban instalados uno al lado del otro. Ni bien terminaba una banda en uno de ellos, empezaba la otra en el segundo, y había un tercer escenario ubicado en otra zona de la Rural del Prado. Terminó Rada y empezó Neo Pistea, un músico argentino que prometió tocar “trap de verdad” y dijo que tenía un vínculo especial con Uruguay. Hay que decir que Pistea armó más pogo que muchas bandas de rock e hizo cabecear a un pibe con una remera de Megadeth, pero el rapero se entusiasmó demasiado y se pasó del tiempo que tenía para tocar.

Noche especial
Los Buitres esperaron unos minutos más de lo previsto y salieron a darlo todo, con una batería de clásicos y algunos temas de ‘Mecánica popular’, su disco más reciente. Gustavo Parodi, uno de los guitarristas de la banda, arrancó con mal pie y rompió el cable que conecta a la guitarra con el amplificador (con los pedales en radiad, y luego hay otro cable que va al amplificador, pero esa información es irrelevante para todo lector que no sea guitarrista). Ya al final del show, más tranquilo y con el problema técnico solucionado, confesó que el cable le había durado doce años… Como si usted cambiara los neumáticos de su auto luego de los 150.000 kilómetros.
Ciro y los Persas, la banda liderada por el ex Los Piojos Andrés Ciro Martínez, fue uno de los números más esperados. El músico argentino comenzó con ‘Desde lejos no se ve’ y el mar de gente que había en la Rural cantó casi de forma unánime el estribillo de la canción, tan pegadizo y repetitivo, una marca de identidad de Los Piojos. En la primera parte del show, el músico intercalaba un tema de su antigua banda con una canción de su repertorio como solista, como si quisiera competir con su pasado. ‘Tan solo’, de Los Piojos, fue precedido por ‘Antes y después’, de Ciro y Los Persas, y creo que la segunda canción fue más coreada aún que la primera.
En el tercer escenario tocaron Guasones, Se Armó Kokoa, Mota y un montón de bandas que deben haber dado shows tremendos, pero es imposible estar en todos lados. La organización fue buena, más allá de algún inconveniente por las distancias entre los puestos de pago y los stands de retiro de las órdenes.
Por supuesto que la noche después se debe haber puesto picante, con la presentación de ‘La Mona’ Jiménez por primera vez en Uruguay y un montón de anécdotas invalorables para una crónica sobre el festival, pero este periodista tuvo que retirarse antes, preso de los ómnibus suburbanos.

Fernando Guerrero

