Un concertista de paso

Por Miguel Pérez Estévez

Dialogamos con Javier van Velthoven, el concertista de guitarra estuvo de paseo para visitar familiares y amigos.

Junto a Gerardo Molina y Marta Falco, Omar Gallo Machín y César Cabrera en una noche veraniega nos encontramos. Amena charla, anécdotas, recitados, música y cantos, la guitarra presente. Antes dialogamos con Javier. De él podemos decir de un músico, un gran guitarrista, concertista que hace años está radicado en España. “Llevo treinta y dos años allí en España, en Cataluña, y cuando puedo vengo a dar una vuelta, recorrer el pueblo, recordar los viejos tiempos con los amigos y la familia. Ya parto pronto esta semana. Y muy contento de retornar al pueblo”, nos dijo en un momento de la charla.

¿La música te llevó a viajar y labrarte el futuro?
Exacto. Había terminado aquí mi Licenciatura de Guitarra en la Escuela Universitaria de Música y tuve la opción de presentarme en un concurso de guitarra en Barcelona, el Concurso María Canals. Aproveché esa situación, viajé con miras de volver pero al final se me dio la oportunidad de quedarme y me quedé directamente allí. Empecé a trabajar, a tener actuaciones y pude continuar allí en Barcelona.

Tú me hablabas siempre de Atilio Rapat…
Rapat fue un referente de la guitarra en Uruguay, como maestro, docente, sobre todo como maestro, porque tenía una calidad humana más que el docente. Yo lo conocí cuando ya tenía 80 años. Una persona con toda la experiencia. En sus tiempos jóvenes había tenido una relación musical con Abel Carlevaro, otro gran guitarrista uruguayo, en lo nacional e internacional. Se veían a diario, tocaban a diario. Después Carlevaro empezó a viajar y Rapat continuó aquí porque era una persona que le gustaba el campo, ir a cazar, a pescar. En su momento Eduardo Fabini quiso llevarlo para Minas para que le transcribiera toda su obra para guitarra, porque había escuchado lo que Rapat había transcripto, el ‘Triste Nº 1’ para guitarra, le había gustado, había quedado muy guitarrístico pero no quiso ir. Aunque arregló algunas cosas, seguía con sus alumnos, sus clases y sus viajes al interior a cazar y a pescar. En determinado momento no dio más conciertos y se dedicó solo a la docencia. Porque él decía, que para tocar, hay que entrenar. Tenía 80 años pero tocaba que era un fenómeno. Los ratos que él tocaba en clase. Tenía muchos alumnos. Alumnos muy famosos. Entre ellos Oscar Cáceres, un gran guitarrista que ya murió y vivió en Francia. De los guitarristas populares, por ejemplo Pepe Guerra, estudió guitarra con él. Y hay un montón de músicos populares y músicos clásicos que estudiaron guitarra con él, fueron famosos en el ámbito internacional. Junto con Abel Carlevaro, vivió más años y creó una escuela guitarrística a nivel internacional diferente a la escuela tradicional, que permite al ejecutante desarrollar mejor su técnica, sus interpretaciones. Está catalogado como uno de los mejores guitarristas.

Un joven de Parador Tajes, tu pago natal… ¿cómo se dio ese amor por la guitarra? ¿Estímulo de tu familia para esto?
Exactamente. Por ejemplo, a mi padre le gustaba mucho la guitarra, él no tocaba, le gustaba improvisar… cuando joven. Viví por ahí, donde está la Escuela N° 4. Era primo hermano de Nelson Hugo Vásquez. De chico, cuando estaban arando, trabajando con los animales, improvisaba, hacía sus payadas ahí. Mi padre nunca aprendió, en cambio mi abuelo sí que había estudiado guitarra en Canelones y esto me lo dijo Jesús Penela, que ellos iban a estudiar guitarra cuando jóvenes. Mi abuelo iba. Eufrasio Federico, mi abuelo, murió muy joven en el año 1950. No sé si me viene de ahí o por qué… Mi padre siempre escuchaba guitarra, le gustaban mucho los payadores, todos los payadores, Luis Alberto Martínez, Clodomiro Pérez, escuchaba todas esas audiciones pero, además, él, una cosa curiosa, siempre ponía Radio del Sodre cuando pasaban guitarra clásica. Pasaban Andrés Segovia, Narciso Yepes, María Luisa Anido, una guitarrista argentina muy famosa que yo conocí en Barcelona, cuando era mayor. Que había estudiado con Miguel Llovet, que a su vez había sido alumno de Francisco Tárrega, uno de los principales de la escuela española. Que viene de la época de Dionisio Aguado, de 18000 y pico, Fernando Sors, finales del siglo dieciocho… Domingo Prat, que era un catalán que se radicó en Buenos Aires. Hubo muchos guitarristas españoles catalanes que vinieron aquí a Uruguay. Andrés Segovia vivió diez años en nuestro país.

¿Grabaste en España?
Sí, yo grabé en el año 92 un casete en aquella época, en 1994 un CD que ya habían empezado esas grabaciones y posteriormente nuevas grabaciones. Y hoy en día tengo bastantes grabaciones en las plataformas digitales también, en todas, Spotyfy, YouTube, pasando por otras, que es la forma que hoy tenemos de poder hacer conocer lo que uno hace. Sacar algún dinero de las mismas… antes era la venta de discos. Ahora algún concierto también he hecho, estuve en Estados Unidos, Nueva York, en Francia, en varios sitios. Por supuesto que en España en varias ciudades. Siempre lo que más me ha dado trabajo son los eventos privados. Barcelona en toda la zona, en toda la Costa Brava, llegan muchos cruceros al día, muchos turistas, hay muchas posibilidades, cenas de empresas, congresos, contratan músicos para tocar en estos eventos. Y eso es lo que he hecho desde que estoy en España. Al principio, estuve unos años en que tocaba en la calle, en el Barrio Gótico de Barcelona, que eso era una cosa fantástica porque ahí había muchos turistas, mucha gente y de ahí me salieron trabajos, para dar clase en un colegio por ejemplo, porque la gente tiene el concepto de músico de calle, de alguien que está ejerciendo un arte y realmente aprecian lo que la persona hace. A veces en la calle, cuando empezaron a venir músicos rusos, de Europa del Este, había entre ellos músicos que habían tocado en las principales orquestas. Pero claro, se habían quedado sin trabajo y cuando tocaban en Barcelona, la gente quedaba asombrada, era gente que podía tocar las ‘Cuatros estaciones’, de Vivaldi, violinistas que ejecutaban, eran virtuosos y acordeonistas rusos con acordeón de botones, que tocaban obras de Bach, algo impresionante. Es más, la gente iba a la calle porque le gustaba escuchar, era como si dijeras el domingo ‘¿Dónde vamos a escuchar música?’. Al Barrio Gótico, en esa época. Ahora todo ha cambiado un poco ya, pero aquellos años entre el año 92 al 2002, se daba esa situación que era muy bonita. Después me dediqué más al tema espectáculos. Compartí las dos cosas. Me dediqué luego más a espectáculos y a tocar. Tocar abarca algún concierto y trabajo para turistas. Eso se valora. Inclusive allí, por ejemplo, gente que toca en eventos con concertistas bastante famosos, sin embargo tocan en eventos para turistas. Yo he visto un día en un sitio de Barcelona, la Lonja, que habían contratado a Plácido Domingo para cantar ahí. Había un guitarrista famoso que no recuerdo ahora, que lo habían contratado porque la gente tiene la posibilidad de un trabajo que en otros sitios no se da. Cuando empecé actuaciones en eventos, es curioso, éramos tres uruguayos en la cantidad de actuaciones. Los tres nos conocíamos y llegamos a tocar juntos. En 2008 vino una crisis y los mismos músicos de Cataluña empezaron con ese tipo de eventos. Tocar en una cena o para turistas no lo veían como algo de lo que ellos querían tocar en conciertos. En una cena hay gente que te escucha y otra que no. Eres como en un segundo plano. Si bien hay gente que realmente está escuchando. Y cuando vino la crisis de ese año, empezaron a tocar en cenas y para turistas. En realidad todos los guitarristas, más o menos famosos, todos hacen eventos.

¿Tienes alumnos?
He tenido alumnos. He dado clase en escuelas de música. En este momento no tengo alumnos. Tengo gente que me contrata, que me conoce. Hay gente que conozco desde hace treinta años, ahora están jubilados. Se van perdiendo esas oportunidades, es un mercado muy competitivo. La gente cuando va a España, si bien mucha problemática política, pero la guitarra es un instrumento para el turista que llega, quiere escuchar. Está ávido de escuchar guitarra. En Barcelona hay conciertos de guitarra cada día, mucho concierto de flamenco y están todos llenos de gente, porque hay turistas como para que vayan a ver todos esos espectáculos. De no haber turistas no habría para que dos guitarristas llenaran un teatro o una iglesia. Se puso muy de moda tocar en las iglesias y se llenan las iglesias. Si no hubiese turistas esta posibilidad no existiría.

Me hablaste de flamenco. He escuchado a Pepe Romero…
Pepe Romero, un guitarrista clásico, ha incluido música flamenca en su repertorio. Él vive en Estados Unidos. Es hijo de Celedonio Romero, que tenía un cuarteto con tres hijos, el Cuarteto Romero. Ellos se fueron a Estados Unidos, ha desarrollado casi toda su carrera allí. El padre murió y los hermanos todavía tocan por separado en general. Hay otros famosos. En Uruguay hay guitarristas como Álvaro Pierri, super reconocido en el ámbito internacional. Con Eduardo Fernández tuve la oportunidad de estudiar en la Escuela Universitaria de Música, lo tuve como profesor y ya grababa cada año para el sello Deca. Álvaro Pierri era sobrino de Olga Pierri y nieto de José Pierri Sapere, famoso autor de la milonga que todo el mundo conoce, la Milonga de Pierri. Olga Pierri tocó en Cuarteto de Mujeres que llegaron a tocar cuatro o cinco mujeres en esa época de los años sesenta y cincuenta. Yo la conocí a Olga, que murió con 102 años.

Javier, tú siempre hablas con mucha pasión sobre la guitarra y los colegas músicos. Te felicito. Estás en tu casa, en tu tierra. Recuerda gratamente a tu papá y a tu mamá Eufrasio y Nieves.