Escribe: Martín Romego
En el mes de marzo de 1973, Pink Floyd publicó ‘The Dark Side of the Moon’, uno de los mejores y más influyentes discos de la historia, que ahora cumple 50 años y sigue siendo totalmente actual y relevante hasta el día de hoy. El álbum es fundamental no solo para explicar el rock clásico, sino que ha moldeado de diferentes formas a la música en general e incluso a otras formas de arte, hablando sobre temáticas que se mantienen tan vigentes ahora como en la época en la que fue lanzado. Se trata del octavo disco de estudio de la banda inglesa, que marcó un antes y un después en la historia de la música por diferentes razones. Una de ellas es el uso de nuevas tecnologías y técnicas de grabación, gracias a los avances que en este momento tenía el estudio Abbey Road y los aportes de Alan Parsons como ingeniero de sonido.
Durante el período de grabación, los miembros de la banda realizaron variadas entrevistas a diferentes personas que trabajaban o frecuentaban las instalaciones y las incluyeron en la grabación. Estos cuestionarios incluyen preguntas como “¿cuándo fue la última vez que hiciste un gesto violento y por qué?”, ”¿le temes a la muerte?” o algunas menos profundas como “¿cuál es tu color favorito?”. Las preguntas y sus respuestas se encuentran a lo largo del tracklist y comienzan a escucharse en la apertura ‘Speak To Me’, junto a latidos, risas, gritos y otros ruidos que desembocan en un momento de clímax, para pasar a ‘Breathe (In The Air)’, que es el primer tema del álbum. El primer minuto del disco puede representar el nacimiento de una persona, con un corazón dando sus primeros latidos y pasando por un instante de confusión hasta que llega el momento de respirar. En ‘Breathe’, los instrumentos nos reciben con una pieza relajante y una letra que parece dar indicaciones a alguien que recién se está metiendo al mundo y sus complicaciones. La voz de David Gilmour parece describir lo que hace una persona en su vida, que en definitiva es respirar e ir armando de a poco un recorrido con las experiencias que va teniendo. La letra contiene algo de crítica al ritmo de vida que acostumbraba a llevar la clase media trabajadora en aquel momento y se ve reflejado en el siguiente tema. ‘On The Run’ es un tema instrumental, pero fácilmente se puede asociar con una vida ajetreada, al hecho de no tener respiro, a correr hasta que el trabajo esté terminado y después trabajar otro poco más, hasta que termina todo con un final abrupto.
El track parece pasar desapercibido a veces, porque convive en un álbum con temas ultra conocidos mundialmente, pero también tuvo su novedad debido a la instrumentación. Durante la mayor parte de la pista se puede escuchar un sintetizador, que fue secuenciado y pasado por varios filtros, para crear lo que podría ser un beat frenético, caótico, que parece que no va a ningún lado, pero nos mantiene atrapados. Más adelante, en la intro de ‘Money’, utilizarían loops de máquinas registradoras y monedas haciendo ruidos, para crear algo parecido a un beat, que está increíblemente bien logrado para las herramientas que tenían en el momento. Además, el final de ‘On The Run’ desemboca en la intro de ‘Time’, que contiene sonidos de relojes y alarmas, para dar paso a uno de los temas más icónicos de la banda. Esta es una de las canciones más representativas del talento puro de Pink Floyd como banda, ya que tiene a todos sus integrantes participando activamente, brillando o no, pero aportando siempre para redondear una obra. En el comienzo, Nick Mason aporta una percusión casi improvisada e irrepetible, mientras que Roger Waters simula el tic toc de un reloj con las cuerdas del bajo muteadas. Por otro lado, Richard Wright tiene su momento cantando en el estribillo, mientras que Gilmour canta en y nos deja uno de los solos más épicos de la historia de la música. Por otra parte, Roger Waters aportó la letra, así como hizo con todo el concepto del álbum.
El contenido de ‘Time’ es uno de los más directos y claros del álbum, hablando de cómo la vida se nos va, entre momento y momento, “tirados al sol” o quedándonos en casa para “ver la lluvia”. Sin darnos cuenta, pasan diez años, pasa la vida y cuando queremos acordarnos de reaccionar, ya es demasiado tarde. En la parte final del tema, se rompe la cuarta pared, Gilmour nos avisa que termina la canción y pasamos a un reprise de ‘Breathe’, que habla sobre el envejecimiento y la aceptación de llegar al final del camino.
Para representar este final, Pink Floyd trae ‘The Great Gig in the Sky’, que tiene una historia muy rica porque fue mutando y tomando forma hasta llegar a su versión final de manera increíble. El tema abre con los acordes que da Wright en el piano, que tienen un claro toque de melancolía, y luego de la intro llega la increíble interpretación de Clare Torry, que en ese momento era recepcionista en Abbey Road Studios. Al parecer, Alan Parsons la había escuchado en el programa ‘Top of the Pops’, que difundía música popular en aquel entonces, y pidió expresamente que participara en la canción, que estaba prácticamente terminada. En una primera vuelta, Corry dio una interpretación que no convenció a la banda, porque no querían que incluyera palabras, por lo que la cantante cambió su approach y en un par de tomas llegó a lo que se esperaba. La icónica aparición de Corry en el track tiene momentos desgarradores y otros delicados, siempre con una expresividad pocas veces vista.
Para cómo está pensado el álbum, este sería el final del Lado A, momento para levantarse del lugar cómodo donde estuviéramos y dejar la bebida en la mesa, para dar vuelta el disco y escuchar el Lado B. Siguiendo esa lógica, en la próxima entrega de breakout! repasamos la segunda parte de ‘The Dark Side of the Moon’ y las razones que lo hacen una de las obras más importantes del siglo pasado.

