El adiós a Miguel Grinberg

El pasado viernes, a los 84 años, falleció el legendario escritor, traductor, divulgador y periodista ecologista Miguel Grinberg. Resumir la trayectoria de este nombre clave de la contracultura argentina en una nota con el espacio tan acotado como esta es, sin dudas, una tarea imposible. 

Nacido en Buenos Aires en 1937, Miguel Grinberg estuvo vinculado a la estadía de varias décadas del escritor polaco Witold Gombrowicz en la Argentina, se vinculó a la Generación Beat (especialmente con el poeta Allen Ginsberg), fue un incansable difusor del rock argentino (y también de la música de otros géneros) y fue fundador y director de revistas culturales tan importantes como ‘Eco Contemporáneo’, ‘Mutantia’, ‘Cine & Medios’ y ‘Contracultura’, por nombrar solo algunas.  

Hombre lúcido, erudito y generoso, Miguel Grinberg se convirtió en una suerte de leyenda viva, no solo a través de sus numerosos libros, sino por la infinidad de columnas en los diarios y programas radiales que comandó y, en los últimos años, por los cursos de espiritualidad y meditación que llevó adelante. 

Entre sus libros más importantes, y sin ningún ánimo exhaustivo, se pueden mencionar títulos como ‘Un mar de metales hirvientes. Crónicas de la resistencia musical en tiempos totalitarios (1975-1980)’, ‘La generación de la paz’, ‘Ecofalacias’, ‘Ecología vivencial’, ‘Días Beat’, ‘Memoria de los ritos paralelos. Diario de Nueva York’, ‘La Generación V. La insurrección cultural de los años 60’, Tiempo de renacer’ y ‘Cómo vino la mano. Orígenes del rock argentino’. 

Profusamente premiado por su activismo ecológico, que no se quedaba en el mero manifiesto o en la pura teoría, Miguel Grinberg coordinó innumerables seminarios de enseñanza sobre ecopedagogía y los riesgos del nuclearismo durante la Conferencia Cumbre de Naciones Unidas, ECO 92, en Río de Janeiro, al tiempo que también integró el Centro de Estudios sobre el Futuro Brasileño. Su carácter de divulgador siempre estaba presente, desde sus cursos, artículos o en las entrevistas que daba, donde podían encontrarse píldoras de información y reflexión con esta, tomada de un reportaje que le hiciera Gabriela Saidon para su libro ‘Mondo verde’: “Comer se ha vuelto una actividad peligrosa. Aunque uno sea vegetariano y coma comida fresca, eso no le asegura que sea segura. Sobre todo con el auge de lo transgénico, que ya no es aplicable exclusivamente a la soja. La modificación de los genes en cualquier tipo de alimento tiene como objetivo una vida más larga en las góndolas del supermercado y una producción más intensiva, en algunos grados a niveles de locura. Hubo un momento en que una gran corporación norteamericana se propuso fabricar tomates cuadrados porque en el cajón entraba más cantidad”. 

Esa entelequia conocida como cultura argentina, y sobre todo su reverso, la fermental contracultura, que no se ha apagado en estos tiempos descafeinados de sentido, ha perdido a uno de sus mayores representantes. 

E.B.