Guitarras, vinos y el Yaro Rocca
En el presente texto, el gran cantor de La Paz, Tabaré Arapí, evoca un encuentro de cantores en el Club Social de Canelones, una noche perdida en que adentro crecía la amistad y afuera, en las sombras de la plaza, las fuerzas del orden se mantenían atentas.
Esta es una historia verdadera que sucedió en el año 1976. La noche de Canelones, antes conocida como Villa de Guadalupe, estaba quieta, aparentemente tranquila, en orden como querían los mandones de la época. En medio de la plaza se levantaba altiva, como siempre, ‘La Joaquina’, que vigilaba los pasos de los que transitaban la noche de la ciudad capital del departamento.
Las máquinas de escribir, burocráticas y grises, estaban detenidas, y el edificio de la Intendencia intervenida estaba lúgubremente iluminado.
A su lado, en el edificio vecino, estaba el añejo Club Social, con sus grandes ventanales apuntando hacia la plaza, y su puerta alta, llena de entradas y salidas de jóvenes asociados que andaban buscando no sé qué para hundirse en las rutinas cotidianas de un viernes de noche. También había un grupo de socios veteranos que andaban buscando un salón para jugar una partida de póker en las habitaciones superiores.
En el salón de té, sobre la izquierda del edificio, en sus mesas circulares y marrones, algunas parejas conversaban entretenidas y, en el fondo, el amplio salón de eventos con sus pisos de parqué sin encerar y allá al final un escenario apenas iluminado.
Si te arrimabas al mostrador, tenías que subir unos escalones. Lo primero que te llamaba la atención era una gran y plateada máquina para preparar café que hacía tiempo no funcionaba, y en las estanterías, alineadas en formación casi perfecta, muchas botellas de bebidas espirituosas combinadas con algunas fotografías antiguas que reseñaban fiestas o eventos pretéritos de la institución.
Y detrás del mostrador, ‘El Taitán’ y ‘El Cata’, así nomás, sin nombres ni apellidos, los cantineros. Y, acodado al estaño, conversando con ellos, el alma mater del espectáculo que estaba por empezar ese viernes de otoño del año 76: Julio Rocca, el ‘Yaro’ Rocca.
Poeta y recitador criollo de la ciudad canaria, vestido con traje azul oscuro, y su infaltable corbata al tono, al vernos entrar nos recibió con abrazos y alborozo. Éramos los cantores que llegábamos «de afuera» del lugar, que veníamos de Montevideo y de La Paz para compartir canciones, poesía y vinos con el público de Canelones.
Eustaquio Sosa dejó la guitarra enfundada a recaudo y comenzó con sus relatos llenos de historia, evocativos, misteriosos, y yo con mi guitarra abrazada a mi cuerpo, conversaba con ‘El Cata’, con quien nos estábamos reencontrando después de varios años de no vernos. Nos pusimos a recordar cosas de nuestra ciudad de La Paz y a preguntar por fulano o zutano, si andaba o estaba preso de la dictadura.
Al rato llegaron Aníbal y ‘El Chacho’, «Los Guadalupanos», que andaban sonando muy bien por varias radios de la capital y además se estaban presentado en varios escenarios llevando como estandarte la ‘Chamarrita de los pueblos’.
-El ‘Hormiga’ Reyes avisó que está un poco retrasado pero viene-, dijo Yaro.
-Che, empezó a llegar público-, le avisaron al organizador desde el salón, y éste se dirigió hacia la puerta para recibir a los recién llegados con una gran sonrisa.
A las 22.30, como se había anunciado, comenzó la función. No había mucho público. Casi la mitad de salón quedó con mesas vacía pero los que anduvieron husmeando fueron algunos policías vestidos de particular, que todo el mundo conocía, para escuchar qué andaban cantando estos cantores.
Yaro ofició también de presentador con glosas muy bien preparadas y muy bien interpretadas. Con su voz engolada y llena de graves, presentó al dúo locatario que fueron muy aplaudidos y al terminar con la ‘Chamarrita de los pueblos’, que nombra a todos los pueblos del departamento de Canelones, fueron ovacionados y les pidieron un bis.
Luego Yaro recitó temas de Yamandú Rodríguez, de Romildo Risso, y de Osiris Rodríguez Castillos, que fueron muy festejados por la platea.
Al bajar un poco de su podio, y dejar de lado la adrenalina, con mucho afecto me presentó, sin lugar a dudas el menos conocido de los cantores. Y yo, que llegaba sin guitarristas acompañantes, dejé mis canciones nuevas con muchas imágenes de mi pueblo natal. Cuando me bajé del escenario, sentí muchas estrellas en mi alma.
Y llegó el gran final. En el escenario, haciendo despliegue de su poesía y de su canto, Eustaquio Sosa, que realizó una gran presentación que le erizó el alma a los presentes. Entre grandes aplausos, el cantor nacido en ‘La charqueada’, bajó del escenario lleno de noche y de grillos cantores.
Se apagaron las luces del escenario, y quedaron sobrevolando los misterios de la canciones nuevas de una época de represión y de silencio a lo que no fuera oficialista. Y quedó sonando fuerte: «Que lo parió a los gringos que se nos vienen, que se nos vienen».
Los «tiras» se fueron sin avisar y alguno de los del público olfateó que se venía un después, una peña de intimidades mientras los cantores se distendían y saboreaban una picada y bebían unos buenos vinos. No se equivocaron: al rato se había armado una gran mesa redonda donde los cantores, a los que se les sumó el ‘Hormiga’ Jorge Reyes, y algunos amigos de Yaro se aposentaron. Los cantineros, para disfrutar mejor la noche, cerraron las puertas del Club y se sumaron a la rueda que, entre cantos, recuerdos y copas, sintieron el canto «de los gallos picoteando el alba». La cosa terminó a las cinco de la mañana. A esa hora estaba por pasar uno de los primeros coches de la compañía Santa Lucía-Canelones para Montevideo.
Yaro nos acompañó hasta la parada a Eustaquio y a mí. Cuando vio que el coche de colores blanco y azul se acercaba a nosotros, nos dio un gran abrazo, lleno de fraternidad y afecto. Mientras ascendíamos al coche con nuestras guitarras en ristre, Eustaquio dijo:
-¡Qué gran recitador y amigo es Yaro!
Yo reafirmé con un gesto, y le pedí al guarda que me avisara en la plaza de La Paz, porque seguro me iba a dormir. El guarda se olvidó y, cuando me desperté, estaba en Garzón y Ariel…
Tabaré Arapí
Especial para HOY CANELONES


