Escribe: Martín Bentancor
En nuestra nota de portada del pasado jueves, iniciamos un repaso por la historia del Complejo Cultural Politeama-Teatro Atahualpa del Cioppo, en el marco de su centenario. La crónica de los cien años de la institución continúa en esta entrega, en la que repasaremos la vinculación del espacio con el cine.
La pantalla grande
El cine, ese encantamiento de los sentidos que surgió de la inventiva de dos hermanos franceses pero que tiene un largo precedente en los avances de la ciencia, la técnica y las propias inquietudes de los hombres, siempre tuvo en el Teatro Politeama un lugar prominente. A lo largo de sus varias décadas de historia, la proyección cinematográfica acompañó y convivió con el programa escénico. Desde aquella función inaugural del 21 de marzo de 1921, la pantalla del Teatro Politeama acompañó la historia y el desarrollo del arte cinematográfico. La clásica matiné supo convivir con la función central; el cine para niños con el cine creado para un público adulto; el drama con la comedia; el western con la ciencia ficción; los musicales con los asuntos bélicos; el cine de autor con el entretenimiento más pasatista.
La avidez del público canario por el cine es un rasgo que antecedió al propio Teatro Politeama, manifestándose en las largas colas ante las boleterías del Biógrafo Moderno y el Gran Cinema Colón y llegando hasta nuestros días. La incidencia de la oferta cinematográfica llegó a ser tan importante en las primeras épocas del Teatro Politeama, que muchas personas aguardaban a la caída del sol para salir rumbo a la sala. Para explicar este punto, debemos recurrir otra vez al libro de Monserrat, donde se refiere a ‘la guiñada de las ocho’. A los lectores más jóvenes quizás les resulte extraño imaginar el panorama, pero hubo una época no tan lejana en que la energía eléctrica era un servicio que se ofrecía luego de la caída del sol. Por razones obvias, era imposible proyectar una película antes del horario nocturno así que, en Canelones, muchas personas aguardaban a que la usina local de energía levantara la llave para sincronizar sus relojes. ‘La guiñada de las ocho’ era un pequeño bajón en la tensión que señalaba dicho horario y que habilitaba la salida hacia el cine.
Luego de ‘la guiñada de las ocho’ dos enormes reflectores que apuntaban hacia el cielo, ubicados al frente del Teatro Politeama, se encendían, señalando que aquella noche había proyección. Además, unos cinco minutos antes del inicio de la función, un operario subía al techo del teatro y disparaba unos cohetes para indicar la inminencia del evento. Llamado de atención para los rezagados o estruendoso sistema de marketing, la explosión de aquellos fuegos de artificio reveló ser muy efectiva ante la numerosa concurrencia que asistía, casi religiosamente, a cada función.
Todo el cine
Repasar el listado de películas proyectadas en el Teatro Politeama a lo largo de su historia es como repasar un posible índice de la historia del cine. Desde ‘Flor de almendro’ (estrenada el 21 de julio de 1924), con las actuaciones estelares de Creigthon Hale y Richard Barthelmens, hasta ‘Cocodrilo Dundee’ (estrenada el 6 de agosto de 1978), con el australiano Paul Hogan y su inefable cuchillo, el abanico de títulos, directores, corrientes y países se diversifica y se amplía.
En esa historia del cine pueden mencionarse, sin el menor rigor completista, filmes como ‘The mark of Zorro’, con Douglas Fairbanks (estrenada en 1928); ‘Sangre y arena’, con Rodolfo Valentino; ‘La Bestia del Mar’, con John Barrymore; ‘Donde el norte empieza’, con Rin Tin Tin; ‘Oh…! Los hombres’, con la dupla de Pola Negri y Adolphe Menjou; ‘Tenaz como el acero’, con Vera Reynolds; ‘La quimera del oro’, de Charles Chaplin; ‘El prisionero de Senda’, con Lewis Stone; ‘Margarita Gauthier’, con Greta Garbo; ‘Juárez’, con Bette Davis; ‘Riachuelo’, con Luis Sandrini; ‘Dos fusileros sin balas’, con Stan Laurel y Oliver Hardy; ‘La fuga’, con Tita Merello; ‘Heidi’, con Shirley Temple; ‘Gunga Din’, con Cary Grant; ‘La vida de Carlos Gardel’, con Hugo del Carril; ‘La diligencia’, con John Wayne; ‘El hijo de Frankenstein’, con Boris Karloff; ‘Aquella noche en Río’, con Carmen Miranda; ‘Doña Bárbara’, con María Félix; ‘Pinocho’, de Disney; ‘Las aventuras de Robin Hood’, con Erroll Flynn; ‘El pirata hidalgo’, con Burt Lancaster; ‘Rebelde sin causa’, con James Dean; ‘La historia oficial’, con Norma Aleandro; ‘Rocky’, con Sylvester Stallone y ‘Fiebre de sábado a la noche’, con John Travolta. Y siguen los títulos.
Cine uruguayo
Por los usos, el idioma y la cercanía geográfica de intérpretes y tramas, el cine producido y co-producido en Uruguay siempre gozó de especial atención entre el público que asistía al Teatro Politeama. Varias películas uruguayas se estrenaron en la pantalla grande de la sala canaria. Tal fue el caso de ‘Vocación’ (1938), un extrañísimo filme musical que amalgama en una sola pieza el aporte de la música nativa con los aires extranjeros. Su protagonista, la soprano Rina Massardi, interactúa en un ambiente telúrico, con señas de la campaña uruguaya, pero hay escenas que parecen creadas muy lejos de aquí. Las crónicas dicen que el público salía atónito de la contemplación de esta extraña (y desconocida) obra del cine nacional; atónitas por ver a unos tenores cantando ópera entre los cardos o por unos cantores criollos milongueando en un decorado que parece extraterrestre.
‘Detective a contramano’, con Juan Carlos ‘Pinocho’ Mareco (que varias veces visitó el Teatro Politeama con espectáculos humorísticos), ‘El lugar del humo’ (que incluye algunas escenas filmadas en el Cine Rodó de Canelones) y ‘Pepita la pistolera (que en cierta forma inauguró un nuevo ciclo en el cine uruguayo a partir de la década del noventa del pasado siglo), son algunas de las películas nacionales que se estrenaron en la pantalla grande de la principal sala canaria con muy buen éxito de público.
Continúa el próximo jueves…

