Tejiendo libertad
“Estés donde estés, no importa. Te concentrás en eso y el tiempo se pasa volando. El proceso creativo de cada persona es una forma de descubrirse, de sacar afuera la parte interior”, cuenta Aldo Rissolini, docente de Tapices en el Centro de Reclusión Nª 1 de Canelones.
Cuando llegamos a la cárcel, me avisaron que el taller se hace en un salón ubicado aparte del establecimiento, utilizado especialmente para el dictado de talleres y cursos educativos. Algunos internos están afuera fumando un tabaco; otros esperan adentro, mientras un profesor pasa lista con los nombres y apellidos. Además del Taller de Tapices, los viernes a la misma hora hay un Taller de Mantenimiento que es muy concurrido. Al Taller de Tapicería no ha llegado nadie todavía. “A veces vienen más participantes y a veces menos. Siempre puede haber motivos por los cuales falten a clase”, comenta Aldo Rissolini mientras esperamos que lleguen los alumnos. El primero en llegar es Jorge, que viene a presentarse. Lo siguen Washington y Santiago. No demoran mucho en ponerse a trabajar con sus tapices y lo mismo hacen los que van llegando.
Mundo aparte
La concentración invade el salón: los alumnos están inmersos en el mundo del gobelino. Así se llama la técnica que están aprendiendo junto al docente. “El gobelino es una marca registrada de unos hermanos franceses, en la Francia de Luis XIV, que perfeccionaron la técnica del tapiz”, explica el profesor. En esta técnica se utiliza un telar sobre urdimbre, que es un conjunto de hilos colocados en paralelo y a lo largo del telar, a través de los que se va pasando la trama y se forma el tejido. “Con esta técnica se pueden hacer dibujos, diseños y paisajes. Luego de que aprenden las cuestiones básicas sobre cómo urdir el telar y resolver ciertos ejercicios, se comienzan a hacer tapices en base a diseños hechos en un papel”, explica. Del otro lado del salón están hablando de las propiedades del hormigón. Jorge deja su bastidor y busca una bolsa. A los minutos me muestra las cosas que hay adentro. Todas hechas por él. Hay de todo: morrales, bufandas, fundas de almohadón, chales, alfombras. “Dalo vuelta, de este lado es más lindo”, me dice mientras da vuelta la funda de un almohadón que confeccionó y que tiene bordado el nombre de su nieta, con los colores del Club Nacional de Fútbol. Es un regalo para ella, aunque él se define como fanático de Peñarol. Cuenta que lo que más le gusta de estos trabajos es poder combinar los distintos colores. “Si hay algo que nos sobra acá, es tiempo”, me responde cuando hago un comentario con respecto a la paciencia que requieren los trabajos. El profesor Rissolini enseña a partir de lo que van haciendo. En este caso, Santiago, de 22 años, estaba tejiendo con lana doble a diferencia de los demás. “Eso genera un efecto distinto, que sirve cuando quiero representar algo más abstracto o con más relieve”, explica el docente. Alejandro llegó un poco tarde porque participa en los dos talleres. Es colombiano e ingeniero civil. La prolijidad extrema se ve en todos sus trabajos. “Mis compañeros siempre encargan que les haga artesanías”, comenta. De hecho, antes de que llegara, había escuchado halagos de los tapices y monederos que hace ‘el colombiano’.
Inquietudes
Los temas de conversación van saliendo en la mesa. Están preocupados porque hay algunos internos que no saben leer y escribir y no se animan a asistir a clases de Primaria. Otra de las personas privadas de libertad expresa su disconformidad por haber tenido que dejar de asistir a las clases del liceo para trabajar. “Acá no podés estudiar y trabajar. Tenés que elegir entre una cosa o la otra. Yo estaba en el liceo y tuve que dejar porque quiero trabajar”, dice uno de ellos mientras va tejiendo en el telar. HOY CANELONES consultó sobre este tema a Jorge Barreiro, coordinador del área educativa de la cárcel de Canelones, quien explicó que esto se debe a que “hay pocas oportunidades de trabajo y estudio, entonces, para dar más oportunidades, se tomó la decisión de que hay que optar por una cosa o la otra”. Por otra parte, especificó que para los que no han terminado Primaria, el caso es distinto porque priorizan que puedan terminar la escuela aunque estén trabajando.
Creatividad y trabajo
La invitación a visitar el Taller de Tapices del Centro de Reclusión N° 1, llegó a nuestra redacción por medio de Lourdes Núñez, una de las coordinadoras de Centros MEC Canelones que acompaña y coordina este taller con el Área Educativa y la Subdirección de Cárcel. Hace varios años que en el Centro de Reclusión N° 1 de Canelones se practica la técnica de tapices, y muchas veces se hacen trabajos para vender. Si bien no reciben directamente el dinero, sus familiares pueden ir administrando las ganancias que se obtengan de los trabajos. Los internos comenzaron a hacer tapices porque uno de los presos conocía la técnica y se las enseñó a un grupo. La subdirección de cárcel avaló este proyecto y les dio un espacio. Los materiales que tenían para trabajar en los tapices eran lanas donadas por sus familiares. Lourdes Núñez relató que Centros MEC conoció la propuesta porque estaban apoyando el proyecto ‘Rehabilitándonos con el Carnaval’, y cuando conocieron la experiencia de los tapices decidieron darle una continuidad a través de un apoyo. Al tiempo se contactaron con Rissolini, docente vinculado durante muchos años a la técnica de tapices, y el taller comenzó a funcionar una vez por semana. En el momento, si bien Manos del Uruguay les está donando lanas para poder continuar con el trabajo, los recursos con los que cuentan son básicos.
Más allá del contexto
Rissolini enseña la técnica de tapices desde hace treinta años, en distintos espacios, en un encuentro semanal con una duración de dos horas “Ellos están aprendiendo lo mismo que cualquier alumno que aprende fuera de este lugar. No hago diferencias en el programa”, afirma. Sin embargo, reconoce que ha tenido que adaptar el programa al contexto y a la situación de la persona. “Toda actividad de aprendizaje, de alguna manera hay que adaptarla al contexto del alumno”, señala. Lourdes Núñez plantea que lo interesante del Taller de Tapices en la cárcel “es que se está apostando a la capacidad creativa de las personas, más allá del contexto adverso en el que se encuentran”. Sin embargo, la continuidad del taller no está asegurada. “Necesitamos poder sostener el proyecto a través de apoyos y recursos”, dice la coordinadora. En el departamento de Canelones hay once centros MEC y el presupuesto se tiene que ir administrando. “Hacemos lo que podemos, pero el deseo es que continúe y con otros apoyos”, afirma Núñez. Por otra parte, Rissolini expresa su incertidumbre ante no saber si se renovará el apoyo al taller. “Es algo en lo que pienso cada viernes, entonces estoy tratando de sacarle el jugo al máximo en cada encuentro”, dice. De todas formas, los internos ya se están preparando para la creación de un tapiz colectivo. Los deseos de seguir aprendiendo y produciendo tapices están latentes en el Centro de Reclusión N° 1 de Canelones.
Elisa Romego



