“Muchas veces somos las mujeres las que terminamos postergando nuestros sueños”
Antonella es educadora de Primera Infancia y deshollinadora de chimeneas, dos mundos distintos que conviven con un tercero igual de desafiante: el de ser mamá soltera de Jean Pierre, de dos años y medio. Su historia es la de una mujer que atravesó contextos complejos y que, pese a todo, logró salir adelante.
Para cerrar el ciclo 2026 de Historias de Mujeres, compartimos el relato de Antonella, una mujer de 32 años que creció en una quinta de Progreso, ubicada a dos kilómetros de la ruta, en el barrio Villa Felicidad. Es educadora de Primera Infancia en el Jardín N° 273 de Ciudad 18 de Mayo y por las noches trabaja en un centro del Instituto del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU). Además, se encarga de la logística de la empresa de limpieza de estufas a leña que lleva adelante junto con su hermana.
Contexto crítico
Antonella creció marcada por una infancia atravesada por la violencia doméstica de su padre hacia su madre. Esa realidad impactó profundamente en ella y en sus dos hermanos. “Fui la que más la sufrí porque soy la más chica y estaba siempre con mi madre cuando mi padre llegaba de noche alcoholizado”, recuerda. La situación llegó a un límite y su madre decidió separarse y marcharse con sus hijos. Durante un tiempo vivieron en un galpón prestado, donde, a pesar de todo, Antonella rescata algunos de los momentos más felices de su niñez: “Nunca perdimos la ilusión”. Su madre, empleada rural, fue quien sostuvo el hogar y sacó adelante a sus hijos.
Esfuerzo y ganas
Antonella creció de golpe pero no perdió el rumbo. Terminó Secundaria, trabajó en distintos rubros y continuó formándose. Inició la carrera de Magisterio y luego se especializó en Primera Infancia. “Siempre me gustaron los niños chiquitos”, contó. En 2019 comenzó a trabajar en un centro de INAU y, al año siguiente, sumó un nuevo oficio: la limpieza de estufas a leña impulsada por el marido de una amiga que se dedicaba a ello.

Sobre su primer trabajo particular como deshollinadora contó que fue para la mamá de una amiga, invirtió en herramientas y creció gracias al boca a boca y la difusión de las redes sociales (Instagram: @limpiezadeestufasuruguay). Lejos de encontrar rechazo, se topó con una valoración inesperada: “A muchos clientes les interesa que sea una mujer porque creen que somos más detallistas”. En paralelo, construía su propia casa en el predio donde había vivido aquella infancia violenta, pero que ahora puede llamar hogar.
Un amor inesperado
El capítulo del embarazo en la vida de Antonella marcó otro punto de inflexión. Fue fruto de una relación no formal y, en un primer momento, el padre no asumió la responsabilidad. “Me encontré en una encrucijada porque nunca me imaginé ser mamá de esta forma”, expresó. En ese sentido, relató que “yo apoyo la Ley del Aborto porque es un derecho de cada uno, pero uno se cree que como existe la ley, es ir y hacerlo. No. Pasás por varias evaluaciones, los plazos que dan no son extensos”. Acompañada por su psicóloga, decidió continuar con el embarazo y asumir la maternidad en soledad. Tras el nacimiento de Jean Pierre, inició los trámites para su reconocimiento legal. “Era un derecho de mi hijo”, sostuvo. Con el tiempo, el padre y su familia comenzaron a vincularse con el niño. Sin embargo, hubo situaciones que la hicieron sentir vulnerada: “El bebé estaba inscripto con mis dos apellidos y, cuando el padre lo reconoce, su apellido pasa a ir primero. Me pareció muy injusto. Hay mucho machismo en la maternidad”.

Las mujeres cuidan
Antonella pone sobre la mesa una realidad frecuente: los cuidados recaen mayoritariamente en las mujeres. “Tuve que postergar dar clases cuando tuve la oportunidad porque mi hijo dependía de mí. Muchas veces somos las mujeres las que terminamos postergando nuestros sueños”, afirma. Aun así, no renuncia a su metas. Su sueño es estudiar Psicología: “Lo voy a cumplir aunque esté mucho más grande”. Hoy, su hermana Stefany es un pilar fundamental: socia en el emprendimiento –es la que actualmente realiza las limpiezas de las estufas a leña– y apoyo clave en el cuidado de su hijo durante sus turnos nocturnos. Consultada sobre el feminismo, Antonella es clara: “Si lo soy. Lo que más deseo es la igualdad real de todos. No que la mujer sea más que el hombre, sino que se considere a la persona como tal”.

Reflexión
Antonella deja un mensaje directo: “Nunca se limiten. Puede costar más pero siempre se puede, que el miedo no les gane”. Y agrega un punto clave: “Busquen apoyo en sus familiares, amigos o en centros y colectivos feministas que ayudan mucho. No pierdan la esperanza por la vida que les tocó porque siempre se puede salir adelante”.
Jennifer Cassarino

