Crónica: Slash se presentó el pasado miércoles en Montevideo, sin la mochila de los Guns N’ Roses

La galera y la magia

El mítico guitarrista tocó el miércoles 7 de febrero en el Antel Arena, junto a una banda talentosa y motivada. Fernando Guerrero asistió al show y acá comparte una crónica del espectáculo.

El show de Slash en Montevideo puede haber generado dos reacciones. El fan de los Guns N’ Roses que tenía la esperanza de escuchar ‘November Rain’, ‘Civil War’, ‘Sweet Child O’ Mine’ y el sinfín de clásicos de aquel grupo se debe haber desilusionado; el que quería ver el show de una estrella que está lejos de apagarse y una banda sólida, de esas a las que se les nota las ganas de tocar, debe haberse ido satisfecho. Me atrevo a deducir que la gran mayoría del público estaba por demás conforme con la apuesta de Slash de hacer las canciones que eligió hacer. Se notaba en los aplausos entre tema y tema, las ovaciones, los gritos y el respeto con el que la gente recibió la propuesta.
El toque comenzó con ‘The River Is Rising’, un hard rock potente y hitero que también abre el último disco de la banda. Siguió con ‘Driving Rain’, ‘Halo’, ‘Too Far Gone’, ‘Back From Cali’ y la destreza del protagonista de la noche ya estaba más que a la vista. Empezaron a aparecer esos solos inconfundibles, esas melodías que Slash debe haber sacado de alguna canción flamenca, de algún rock que antes era blues, que siempre fue blues, esa mixtura entre la escala pentatónica y la misteriosa escala menor armónica. Las influencias de Jimmy Page, Pete Townshend, Mick Taylor y todos esos violeros que hechizaron a Slash cuando todavía era conocido como Saul Hudson, cuando decidió dejar todo y dedicarse a la música. La alquimia. El don mágico de hacer sonar una Les Paul y que se escuche hasta la madera del instrumento. Una cuerda se rompió en la mitad del solo más duradero, pero el showman siguió adelante y cambió la posición de la escala de manera de poder tocarla con cinco cuerdas, una anécdota más para un músico que pudo tocar con una cabellera y una galera poco propicias para el calor insoportable de la húmeda Montevideo del 7 de febrero. De los Guns solo sonó ‘Don’t Damn Me’, un tema no tan conocido, del disco ‘Use Your Illusion I’.
El guitarrista habló poco, le dejó esa tarea a Myles Kennedy, el frontman implacable que lo acompaña desde hace ya varios años. Un astro del canto, más Messi que Maradona. Un tipo que tiene el extraño tic de pegarle al soporte del micrófono cada tanto. Un cantante con una técnica que lo hace capaz de llegar a cualquier nota y afinación perfecta. El carismático bajista Todd Kerns también cantó y habló bastante con el público. Vestido con la camiseta de la selección uruguaya, el baterista Brent Fitz se destacó en su instrumento. Al guitarrista Frank Sidoris se lo vio un poco más apagado, quizás para no hacer nada que opaque o incomode al guitarrista principal.
Supongo que estarán las estrellas de rock que suben a un escenario nada más que por el compromiso que asumieron en algún contrato. Habrá otras que, ya hartas de tocar las mismas canciones de siempre, ponen la mejor cara, con la conciencia de que es el público el que las puso en el lugar donde están. La lista será más acotada en el caso de aquellas que, a pesar de que les haya pasado un camión de excesos por encima y de estar durante décadas bajo una industria que rasca el lomo de toda cosa que pueda capitalizar, continúan con las mismas ganas de tocar, de compartir con otros músicos ese lenguaje universal y mágico. Slash dijo hace poco en una entrevista que seguía buscando esa sensación abrumadora que experimentó la primera vez que tocó blues en la guitarra. Me da la sensación de que esa declaración fue bastante sincera, de que el guitarrista es de los que todavía disfrutan del embrujo.

Fernando Guerrero

1 comentario

  1. No comparto ni una palabra acerca de «Slash» de lo que escribieron aqui. Nunca fue bien guitarrista, solo un mediocre, pero, claro tocaba con los guns, al lado de Axel. Así cualquiera aprovecha.

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