Un breve repaso por la carrera discográfica de la banda inglesa Pink Floyd, ícono cultural del siglo XX

Entrando en la maquinaria

(Segunda parte)       Escribe: Martín Romego

(Viene del jueves anterior)
Si hay una banda que sirve como ejemplo de cimentar una carrera, con años de experimentación y exploración para ir encontrando un sonido y llegar a la popularidad masiva, es Pink Floyd. Si bien no eran desconocidos durante los primeros lanzamientos, sus primeros discos no parecían tener un rumbo claro o incluso muchos puntos en común musicalmente y la banda no despegaría internacionalmente hasta después de su sexto disco. Esto no hace más valioso a lo que vendría después, pero sí sirve para poner en contexto lo que era la banda, que terminaría siendo una de las más populares en la historia de la música.
Tras la publicación de ‘Meddle’, en 1971, y luego de ‘Obscured By Clouds’, en 1972, la banda empezaría un camino casi interminable hacia la cima del mundo, con una serie de álbumes que cambiaron la historia para mucha gente. Este último, su séptimo trabajo de estudio, sirvió en realidad como banda sonora de la película ‘El Valle’, de Barbet Schroeder, y si bien no es tan recordado dentro de lo mejor de la banda, se aprecian en él cosas muy interesantes. Por momentos, se puede notar claramente el camino que recorría la agrupación hacia sus discos posteriores con algunas partes instrumentales y nos deja ver varias intervenciones brillantes de David Gilmour en la guitarra.
No es extraño, porque el disco se grabó durante las sesiones de ensayo y preparación de ‘The Dark Side of the Moon’, que fue publicado en 1973, prácticamente a los diez años de la banda y tuvo un impacto enorme en la cultura mundial, saliendo incluso de la música y el arte. Para Pink Floyd fue el primer álbum conceptual, con un fuerte contenido de crítica política y social, el trabajo, el dinero, sobre la guerra y la salud mental; todos conceptos que seguirían apareciendo en discos posteriores, con mayor o menor detenimiento. Uno de los aspectos más impresionantes del álbum es lo vigente que sigue estando, tanto por su contenido, más allá de que estos temas se hayan tocado muchas veces más en la historia de la música y, quizás, de mejor manera, como por la calidad de su sonido y de la música. En cada caso, Pink Floyd logra meternos en el ambiente de la canción, ya sea por las partes instrumentales, donde cada uno de los músicos brilla en su momento o por las letras de Roger Waters. La expresividad que logra Gilmour en solos como el de ‘Money’ o en ‘Time’ es realmente impresionante, porque consigue trasladar el tono del track y el concepto que se quiere transmitir, a la forma de tocar. Lo mismo se puede decir de la intro de ‘Time’, con la percusión de Nick Mason o con la increíble interpretación vocal de Clare Torry en ‘The Great Gig in the Sky’.
El éxito que les trajo ‘The Dark Side of the Moon’ hizo que tuvieran un gran crecimiento en poco tiempo: vinieron más giras, más autos, casas, poder y el ingreso de la banda en la gran industria musical. Un poco de esto se trata su siguiente disco, ‘Wish You Were Here’, de 1975, que fue compuesto durante estas giras europeas y grabado en EMI Studios, que hoy es conocido como el estudio Abbey Road. Comenzando con ‘Shine On You Crazy Diamond’, este álbum vuelve a tratar la salud mental con una especie de homenaje a Syd Barret, antiguo miembro del grupo, que tuvo que distanciarse tras varios años de deterioro mental. La letra lo recuerda en sus primeros años (“brillando como el sol”) y lo contrasta con su estado luego del paso del tiempo, con su mirada “como agujeros negros en el cielo”. El tema no solo da comienzo al disco, sino que también lo cierra, al estar dividido en dos partes: la primera más sutil y la segunda que en su mayoría se parece a un jam entre la banda. Además, ‘Welcome to the Machine’ y ‘Have a Cigar’ hablan de esta maquinaria a la que entraron por su éxito musical, que solo seguiría creciendo en los siguientes años. El otro track del disco es ‘Wish You Were Here’, el tema que le da el nombre y uno de los más populares de la banda a lo largo de su discografía. Waters vuelve a hacer mención a su sentimiento sobre la situación de su ex compañero de banda, Barret, pero a la vez es algo autorreferencial, en uno de los temas acústicos más icónicos de la música en inglés.
Con lo difícil que era mantener el nivel luego de estos dos discos históricos, Pink Floyd entregó ‘Animals’ en 1977, que es en gran parte una crítica a la sociedad y el sistema capitalista. Roger Waters toma el concepto de la obra ‘Animal Farm’, del escritor inglés George Orwell, para prácticamente darlo vuelta, aunque manteniendo esta idea de describir las acciones o personalidades de la gente con la figura de animales.‘Dogs’, por ejemplo, parece hablar de la forma en la que la sociedad moldea a los hombres para convertirse en estafadores, depredadores, gente sin amigos o que no tiene en quien confiar y finalmente lo termina transmitiendo a los demás, para terminar muriendo solos. El track, que comenzó llamándose ‘You Gotta Be Crazy’ y se terminó cambiando para que entre en el concepto del disco, es de los mejores trabajos de la banda a nivel musical, liderado por la guitarra de Gilmour que, aunque sea muchísimo decir, deja de sus mejores interpretaciones. También aparece ‘Pigs (Three Different Ones)’, que es claramente una crítica a la clase política y ‘Sheep’, que hace alusión a la parte obediente y sumisa de la sociedad, con una parte final instrumental muy épica. Este track también surgió de un jam que se llamaba ‘Raving and Drooling’, creado en la época posterior a ‘The Dark Side of the Moon’. Además, el álbum empieza y termina con dos partes de ‘Pigs on the Wing’, una canción de amor que Waters escribió en ese momento. A lo largo del álbum, a diferencia de otros trabajos, es Roger quien canta en la mayoría de los tracks (salvo en ‘Dogs’) y le aporta muchísimo con su expresividad y dramatismo.
(Continúa el próximo jueves…)