Un pequeño recorrido por la prolífica discografía de la banda King Gizzard and the Lizard Wizard

Una caja de sorpresas

Escribe: Martín Romego

En los últimos diez años, desde la salida de su primer álbum de larga duración, la banda australiana King Gizzard and the Lizard Wizard ha publicado un total de veinte discos. No solo prácticamente ha dejado al menos un proyecto todos los años desde el 2012, sino que hubo años en los que lanzó más de uno, como en el 2017, en el que la agrupación sacó cinco discos. Esto está muy lejos de la norma para una banda, tanto en la actualidad como en toda la historia de la música, pero ser prolíficos no es la única cuestión que hace resaltar a los australianos de la media.

En primer lugar, son un grupo muy numeroso: Stu Mackenzie (voces, guitarra), Ambrose Kenny-Smith (voces, teclados), Cook Craig (guitarras, bajo, voces), Joey Walker (guitarras, teclados, voces), Lucas Harwood (bajo, teclados) y Michael Cavanagh (batería). Excepto Cavanagh, todos tocan más de un instrumento en diferentes canciones y proyectos, tienen su parte en la producción y, además, hasta 2020 la banda tuvo dos bateros, siendo Eric Moore el otro. Su capacidad para mezclar géneros musicales y pasar por una variedad enorme de estilos es otro de sus puntos fuertes, sin bajar la calidad y cuidando muchísimo su acercamiento a cada sonido.

Se podría decir que si hay que elegir un género para encasillarlos, sería el del rock psicodélico, con lo abierta que puede ser esta etiqueta, porque bajo esta categoría se encuentran los trabajos que le dieron más renombre a la agrupación a nivel mundial. ‘I’m In Your Mind Fuzz’ (octubre de 2014) es uno de ellos, que empieza con una seguidilla de cuatro temas conectados entre sí, y luego sigue avanzando entre riffs de guitarra, mucho fuzz y un ritmo que a veces es frenético y por momentos baja. Ya con otra experiencia, su duodécimo álbum titulado ‘Polygonwanaland’ (noviembre de 2017), va también por estos lados, con un sonido muy logrado y, sin traer nada nuevo, tiene ideas que refrescan bastante el sonido. Igualmente, el álbum que los hizo ganar más popularidad fue ‘Nonagon Infinity’ (abril de 2016), que tiene la particularidad de que su canción final ‘Road Train’, conecta de forma perfecta con la apertura ‘Robot Stop’. De esta manera, es un disco que puede ser reproducido una y otra vez, que se apoya en sus fraseos de guitarra y melodías a lo largo del setlist, manteniendo también un ritmo altísimo en casi todo el trabajo.

En estos dos proyectos, King Gizzard pudo expresar de la mejor manera, tanto a nivel musical como de producción, lo que había empezado con sus primeros LP, como ‘12 Bar Bruise’ (setiembre de 2012) o ‘Float Along – Fill Your Lungs’ (setiembre de 2013). En este último ya se veía cómo empezaban a experimentar con sonidos exóticos, utilizando sintetizadores y otros instrumentos menos comunes. En el medio de estos dos, la banda publicó también ‘Eyes Like the Sky’ (febrero de 2013), un disco de música basada en los viejos films de Spaghetti Western, con un relato hablado de Broderick Smith, padre de Ambrose, el tecladista del grupo.

Para el cuarto álbum de estudio, ‘Oddments’ (marzo de 2014), King Gizzard mantuvo la psicodelia y experimentación, pero haciendo un mayor vuelco hacia a los sonidos folk. Al tratarse de un compilado de canciones que no habían publicado hasta el momento, la mejor expresión de estos sonidos iba a llegar después, como en ‘Quarters!’ (mayo de 2015), que contiene influencias del jazz y sonidos más limpios. Su siguiente disco, ‘Paper Maché Dream Balloon’ (noviembre de 2015), se volvería a volcar mucho más al folk, con la totalidad de instrumentos acústicos, sumando la flauta y el clarinete, consiguiendo generar un ambiente espectacular. Más adelante, en ‘Sketches of Brunswick East’ (agosto de 2017), se irían por un sonido que también se acerca al jazz, fusionando con su base de rock y pop psicodélico, en conjunto con la banda estadounidense Mild High Club.

De este disco, el onceavo en la discografía de King Gizzard, se destaca también la aparición de sonidos e instrumentos microtonales, otro punto de distinción muy propio de la banda. Esto es porque a partir de su noveno álbum de estudio, llamado ‘Flying Microtonal Banana’ (febrero de 2017), la agrupación introdujo este tipo de afinación que aporta más notas a las escalas, más allá de la relación tonal que es costumbre en la música occidental. Para esto, los australianos elaboraron guitarras y bajos microtonales, consiguiendo un sonido más exótico y original, que en este caso volvió a la distorsión y el rock psicodélico. Con esta variante, también solucionaron el problema de repetirse, al ser una banda que se apoya mucho en los riffs de guitarra, ya que esta afinación les da infinidad de oportunidades más para componer. Este termina siendo uno de los mejores trabajos de la banda australiana, por el significado de hacer esta búsqueda y por los temas que resultan, como ‘Sleep Drifter’, ‘Doom City’ o ‘Nuclear Fusion’. En el último tiempo también lanzaron ‘K.G.’ (noviembre de 2020) y ‘L.W.’ (febrero de 2021), otras dos partes de su investigación sobre la afinación microtonal, que incluyen también muy buenos ejemplos de cómo componer con estos instrumentos.

De igual manera, la cosa no termina ahí, porque la agrupación también ha demostrado mucha capacidad para llevar a cabo proyectos con influencias del rock más pesado y del metal. Su décimo disco, ‘Murder of the Universe’ (junio, 2017), fue su trabajo más agresivo hasta que en agosto de 2019 lanzaron ‘Infest the Rats’ Nest’, que seguramente sea de los mejores proyectos de thrash metal de la década, si no el mejor. El setlist contiene tracks del thrash más puro como ‘Planet B’, ‘Organ Farmer’ o ‘Self Immolate’ y otros de hard rock y heavy metal, como ‘Mars For the Rich’ o ‘Superbug’, con letras que tratan las problemáticas climáticas.

Otros discos son realmente difíciles de encasillar, al contener varias influencias y géneros, como ‘Gumboot Soup’ (diciembre de 2017), que incluyó temas que no pudieron entrar en otros discos, aun así dejando grandes momentos. Hay canciones excelentes, como ‘Muddy Water’ o ‘The Great Chain of Being’, junto a otros más experimentales como ‘Superposition’, ‘Barefoot Dessert’ o ‘Down The Sink’. El siguiente proyecto, ‘Fishing For Fishies’, trae sonidos muy interesantes con influencias del boogie rock y el blues, llevándolos a un terreno de experimentación, para tener resultados sobresalientes como ‘The Bird Song’, ‘Real’s Not Real’, ‘Acarine’ o ‘Cyboogie’. Cuando parece que no es posible que sigan agregando ramificaciones en su discografía, en sus últimos trabajos han experimentado con sintetizadores, llegando a un sonido muy original, que realmente se siente prácticamente como un género nuevo, como en ‘Butterfly 3000’ (junio de 2021).

Luego del inmensamente experimental ‘Made In Timeland’ (marzo de 2022), King Gizzard lanzó ‘Omnium Gatherum’ (abril de 2022), que contiene tracks que repasan un poco los géneros que han hecho a lo largo de los años. Como punto extra, le agregan un par de tracks rapeando, como ‘Sadie Sorceress’ y ‘The Grim Reaper’. Este fluir por los distintos colores y opciones que da la música, haciéndolo tan bien y con tanta originalidad, con un promedio de dos discos por año, es que los hace una de las grandes bandas de la actualidad. Habrá que ver con qué salen los australianos en su próxima entrega, que seguramente estará a la talla.