Imposibles de predecir
Escribe: Martín Romego
El pasado 11 de mayo se cumplieron cuatro años desde la salida del último álbum de estudio de Arctic Monkeys, ‘Tranquility Base Hotel & Casino’ (TBHC), que fue el sexto de la banda y, por ahora, el último.
Ya está confirmado que el séptimo trabajo de estudio de la agrupación inglesa será publicado este año y, aunque todavía no se sabe la fecha con exactitud, se puede esperar que para los últimos meses de 2022 el disco ya esté en circulación. Desde hace un tiempo, la banda se viene manteniendo con cierto nivel de incógnita, dado el poco uso que le dan a las redes sociales y sus contadas apariciones en la prensa en general. Además, con cada álbum que han editado, se han separado, a veces en mayor y otras en menor medida, de sus trabajos anteriores, por lo que predecir a qué va a sonar el nuevo disco es prácticamente imposible.
Por declaraciones que han realizado algunos miembros de la banda, en sus escasas apariciones, no se alejarían mucho de su último disco, que a su vez fue una separación muy grande del sonido y la estética que venían presentando anteriormente. En entrevista con Mike Dolbear, el baterista de Arctic Monkeys, Matt Helders, aseguró que el disco nuevo tendrá una cierta continuidad musicalmente hablando y que será un poco más acelerado que el anterior.
Justamente, ‘Tranquility Base Hotel & Casino’ presentó una caída importante en las revoluciones que propuso el cuarteto de Sheffield en la parte anterior de su discografía. Esta fue una de las razones por las cuales, muchos fans se alejaron de su escucha, enojados, tal vez decepcionados por la sexta entrega. Claro, el listón estaba altísimo, con ‘AM’ como su predecesor, disco que los lanzó al mundo entero y, sobre todo, al mercado estadounidense que hasta ahí les era esquivo. ‘TBHC’ fue impredecible también por eso, porque muchos elementos del disco fueron diametralmente opuestos a la obra que los hizo tener su momento más exitoso a nivel mundial. Un disco conceptual, que tuvo como temática un hotel ubicado en la luna, y que desplazó a los riffs de guitarra para introducir al piano como elemento fundamental. Además, Alex Turner dejó de lado los estribillos pegadizos para pasar a canciones que, prácticamente, no los tienen.
Todo esto no quiere decir que haya sido una mala obra, sino todo lo contrario. Si bien para algunos fans, la pérdida de esa actitud rockera fue una decisión para alejarse, para otros, ‘TBHC’ es una obra completa, con la que Arctic Monkeys creció y con la que pudo explorar otros paisajes a nivel musical. El ejemplo más claro es la apertura del disco, ‘Star Treatment’, que introduce este cambio de frecuencia, con una mezcla perfecta entre el piano y las guitarras, que ahora pasan a un segundo plano. Turner va relatando a un ritmo casi hablado, introduciendo este universo futurista y empieza diciendo: “Yo solo quería ser uno de los Strokes”: majestuoso.

El disco entero muestra un crecimiento de la banda para componer canciones, más allá de tener buenos riffs, letras inteligentes o melodías que se le pegan a cualquiera. Para esto, Helders tuvo que adaptarse muchísimo, pasando de actuaciones electrizantes a tener que responder a lo que presentaba cada tema. Esto no quiere decir que su nivel baje, porque hay temas como ‘American Sports’, que lo llevan a un terreno casi jazzero, dejando una base rítmica exquisita que no para durante todo el track. Más adelante en ‘She Looks Like Fun’, también tiene sus momentos para brillar y durante todo el disco, pega donde tiene que pegar, sin dejar ni un acento fuera de lugar. El que sí destaca y que, personalmente, creo que es de los puntos más atractivos del álbum, es el bajista Nick O’Malley, que deja unas líneas espectaculares en temas como ‘Tranquility Base Hotel & Casino’ o ‘One Point Perspective’. Su trabajo siempre fue fundamental en la banda, pero en estos pasajes tiene la oportunidad para dejar su sello.
La banda entera deja delicias como ‘Four Out Of Five’, que respeta más la estructura más típica de la banda, con un estribillo para corear y la minimalista ‘Batphone’, que deja ver un detalle diferente en cada escucha. Las progresiones de acordes que usa Turner en la composición son más interesantes que nunca y junto a la elección de los arreglos pintan perfectamente el ambiente que quiere plasmar, como en la melancólica ‘The Ultracheese’ o la futurista ‘Science Fiction’. Sería muy interesante ver que en el siguiente disco, que saldrá este año, se explore más en todos estos sentidos, incluso en los más temas más experimentales que dejó TBHC como ‘Golden Trunks’ y ‘The World’s First Ever Monster Truck Front Flip’.
Para esta séptima entrega de Arctic Monkeys, quizá se pueda ver un regreso de las guitarras a un plano más central, aunque quizá no como sus primeros cinco discos. No queda más que esperar a ver qué ofrecen Alex Turner y compañía en este álbum tras cuatro años de descanso y su vuelta a los tours, que los tendrá por nuestro continente en el mes de noviembre, cuando visiten Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Colombia, todavía sin fecha confirmada.

