El Papa Francisco nombró a un sacerdote de Tala como obispo auxiliar de una extensa zona de Chile

El sacerdote Oscar García, oriundo de Tala, fue nombrado por el Papa Francisco como obispo auxiliar de Concepción, una zona de Chile con gran territorio y población.

Triunfar en el exterior

El sacerdote Oscar García fue nombrado por el Papa Francisco como obispo auxiliar de Concepción, una zona de Chile con gran territorio y población.

Oscar García nació en Tala, en el departamento de Canelones. De joven ayudaba a su padre en el tambo de su casa y estudiaba, hasta que sintió la vocación del sacerdocio y comenzó a transitar un camino de espiritualidad. Más tarde se unió a la congregación de Los Pobres Siervos de la Divina Providencia y llevó la palabra de Dios a Argentina, Paraguay y Chile.

Además del trabajo en la Iglesia, García tiene una organización sin fines de lucro con la que ayuda a personas de bajos recursos que van a estudiar a Concepción, una ciudad universitaria. HOY CANELONES conversó con el sacerdote canario sobre la nueva tarea que tiene por delante y el vínculo con el departamento, entre otros temas.

El Papa Francisco lo nombró a usted como obispo auxiliar de Concepción. ¿Qué implica este nuevo desafío?

El desafío es grande, en primer lugar porque no lo esperaba. Si bien yo he venido caminando con la comunidad, siempre al servicio del evangelio de Jesucristo y tratando de dar lo mejor, mi vida cambió en muy poco tiempo. Hacia el sur de Concepción hay una zona que se llama Arauco, y en esa zona hay una parroquia llamada Nuestra Señora del Carmen del Cañete. Hacía seis años y ocho meses que estaba en esa parroquia y en diciembre el arzobispo me pidió hacerme cargo de otra parroquia, llamada San José, de Curanilahue, y junto con eso me pidió asumir la vicaría episcopal de toda esa zona. Asumí esa tarea el 9 de enero de ese año y el 31 de ese mes me llamaron para decirme el deseo del Santo Padre de nombrarme obispo auxiliar de Concepción.

¿Cuáles son las tareas que como obispo auxiliar tiene por delante?

La primera misión es acompañar de cerca al obispo titular. Hay un obispo que está a la cabeza para guiar a la comunidad en general y otros que lo ayudamos desde cerca. Los auxiliares son aquellas personas inmediatas que el encargado de la Diócesis tiene para consultar, ya sea en el ámbito pastoral como en ámbitos jurídicos y de toda la marcha de la Diócesis. Se nombran a obispos auxiliares cuando existe la necesidad, ya sea porque la Diócesis es grande desde lo territorial o por la gran cantidad de personas que pueda haber.

Usted es oriundo de Tala… ¿cómo se dio la conexión con Chile?

Nací en Tala, mi familia es de esa zona y de Montevideo. Sentí el llamado a la vocación del sacerdocio y el obispo de aquel entonces en Canelones me mandó a un seminario en Florida. Allí conocí a la congregación de Los Pobres Siervos de la Divina Providencia. Me gustó la espiritualidad y me abrí a esa congregación. Las congregaciones tienen casa en distintos países, entonces estuve viviendo en Argentina y Paraguay. En 2008, los superiores me pidieron venir a asumir una parroquia aquí (en Chile), porque quien estaba como obispo le había pedido a la congregación asumir esa parroquia. Fue así que ese año me vine para Chile desde Buenos Aires y estuve en esa parroquia hasta 2015.

¿Qué recuerda de la vida en Canelones antes de partir al exterior?

Vivíamos en la ciudad de Tala, a unas cinco cuadras de la plaza. Después mis padres compraron un campo en la Ruta 7. Allí teníamos un tambito y un comercio de ramos generales. Yo viajaba a Tala a estudiar. Allí tengo a mucha gente conocida y a toda mi familia.

¿Qué diferencias encuentra entre la comunidad religiosa de Chile y la de Uruguay?

La diferencia que más he notado es en la participación. Uruguay siempre ha sido de baja participación, a no ser que haya una celebración especial. Somos católicos pero vivimos nuestra fe a nuestro estilo, y muchas veces desde nuestra casa. Participamos más en los bautismos o casamientos, pero no todos los días.

En Chile percibo a un pueblo más religioso. De todas formas, no es que  los cien que van a la misa del domingo vengan todos los días, pero sí es un pueblo más participativo y un poco más comprometido.