El próximo lunes 7 de marzo comienzan las clases de nivel primario para los centros educativos en todo el país, incluido el departamento de Canelones.
El inspector departamental de Canelones Oeste, Mario Ibarra, dialogó con HOY CANELONES acerca de este inicio, que promete mucha más actividad presencial, pero muestra el desafío de seguir manteniendo lo virtual como herramienta.
Según indicó Ibarra, habrá actividad en las ciento veintinueve escuelas que se encuentran funcionando, con aproximadamente 23.000 niños y unos 1.200 maestros. De las tres inspecciones que tiene Canelones, Ibarra está al frente de la Zona Oeste, que incluye a la capital canaria, cubriendo el Eje de Ruta 5 desde La Paz hasta el límite con Florida y desde Las Brujas hasta San Ramón.
Entre otras cosas, el inspector señaló que en estos días, las familias pueden acercarse a las escuelas para tramitar algún pase por cambio de domicilio o inscripciones tardías y aclaró que la obligatoriedad inicia desde los 4 años. La inscripción en Nivel Inicial, según informó, es algo reducida, comparada a lo que se pensaba, aunque faltando algunos días para poder completar la inscripción, puede que esto se revierta.
¿Cómo es el panorama faltando pocos días para el comienzo de clases?
A esta altura, del comienzo de clases lo que nos tiene ocupados es el tema de poder llegar con la provisión de los cargos, para asegurar que el lunes 7 todos los grupos tengan un maestro responsable. Para eso, se inició un proceso que arrancó el 2 de febrero, con la provisión de cargos efectivos de los inspectores, con la elección de horas efectivas de directores y de maestros. Después, de ahí, ver cuáles eran las vacantes para suplencia, para seguir ofreciendo en la lista de aspirantes. En el día de hoy (por el pasado miércoles) se presentan los maestros a las escuelas y lo más seguro es que se estén presentando las licencias de gente enferma o por lo que sea, que los cargos van a ser ofrecidos el día de mañana (jueves). Hay otra elección de cargos, donde se van a ofrecer todos los que se sepan que estén vacantes, para asegurarnos que el lunes todos los niños tengan un maestro.
¿Cuáles son las expectativas para este año?
En primer lugar, la expectativa de volver a tener una presencialidad similar a la que tuvimos en el 2019. Creemos, con el avance de la vacunación, la paulatina disminución de casos y el cambio de los protocolos que dispuso Salud Pública con ANEP, que este año no tendremos tantas interrupciones masivas de los cursos. De acuerdo a los protocolos que se publicaron el mes pasado, dado el efecto que tuvo la vacunación, cuando en algún grupo aparece un caso positivo, hace cuarentena solo ese niño, pero no a todo el grupo, a menos que se declare un foco. Podemos suponer que va a haber más continuidad de presencialidad de lo que venía habiendo en los años anteriores.
¿Se intentará aplicar todo lo aprendido sobre virtualidad este año?
Sí, claro. La virtualidad, en realidad, tenemos que tener en cuenta que nos enseñó muchas cosas y que nos proveyó de otros elementos que antes no usábamos tan fluidamente. También vemos que la virtualidad vino para quedarse, porque si bien los casos de cuarentena van a ser menores, cuando aunque sea un niño deba faltar a la escuela por cuarentena, tiene el derecho a recibir la misma educación de los que tienen modalidad presencial. Las propuestas que hagan estos maestros van a tener que seguir teniendo este formato híbrido, de manejar los dos escenarios de manera simultánea. En estos dos años, las escuelas y los maestros hemos aprendido mucho de esto y, también, cómo para revisitar el concepto de escuela. Ahora que la pandemia va terminando, no quiere decir que volvemos a lo que era antes; lo de antes también tenía errores y tenía algunos vicios de forma o cosas que no nos convencían. No tenemos que pensar que la añoranza es volver a lo que había antes del 2020, tenemos que pensar que lo que viene tiene que ser distinto a eso y a lo que fue durante la pandemia, incorporando lo mejor de la virtualidad.
¿Qué se percibe en el diálogo con las familias?
Creo que una cosa es que, en este tiempo que los niños trabajaron a distancia desde las escuelas, las familias lograron comprender más cabalmente lo que significa el trabajo del maestro. Se lograron involucrar más activamente en las propuestas de ahora, no para sustituir al maestro, pero sí para comprender más de qué vienen las tareas que manda, el por qué. Ver a los niños interactuando con los pares, verlos junto a los maestros, fue algo que cambió la percepción de la escuela en muchos casos, entonces esperamos que eso se mantenga. Otra cosa que sacamos como positivo es el rol del maestro comunitario, que durante estos dos años fueron los que salieron a la calle al reencuentro con los gurises que estaban, de alguna manera, perdidos. Eso hay que mantenerlo, usar ese recurso para tratar de abatir el ausentismo que se venía dando, que si era algo que nos preocupaba en 2019, la pandemia lo agravó un poco.
¿Qué cosas se deben atacar más urgentemente en educación?
Yo diría que hay dos niveles distintos. Desde lo pedagógico, tenemos que avanzar en cuanto a personalizar las propuestas. Una de las cosas que quedó en evidencia es que no podemos pensar en esas propuestas únicas para todos los niños durante toda la jornada, sino que tenemos que pensar en propuestas diferenciadas. Por otro lado, nos interpeló en cuanto al formato de las escuelas. En estos años, avanzaron mucho las escuelas en encontrar formatos alternativos, donde los niños intercambien de clase, tuvieran más de un maestro, donde hubiese grupos multigrado en las escuelas urbanas. En eso se aprendió mucho y la idea es seguir avanzando.

