Escribe: Paloma Vanoli Imperiale(*)
Acompañando la evolución de las redes sociales surgen los ‘influencers’. Se trata de personas que cuentan con cierta credibilidad sobre un tema en específico y, por su gran comunidad (seguidores) en las redes sociales, se constituyen en una herramienta de marketing interesante para las marcas. Las empresas los contratan para que ellos recomienden sus productos o servicios.
Como definición, esto no parece distinto a cualquier estrategia de marketing antes utilizada. Pero el problema con los influencers y las redes sociales es que estos no deben informar a su audiencia cuándo están realizando una publicidad. Por ejemplo, cuando vemos un comercial televisivo sabemos con claridad que es una publicidad dirigida a aumentar las ventas de esa marca, pero con los influencers no podemos distinguir cuándo la recomendación es real o cuándo existió un pago por decir que “tal crema” les funcionó de maravilla.
Cuando las recomendaciones son sobre temas relacionados a la salud, este vacío legal se vuelve aún más peligroso. Las marcas aprovechan la influencia de esos personajes de las redes sociales para fidelizar a sus potenciales consumidores. Muchas veces los mismos influencers ni siquiera han probado ni mucho menos recomiendan de forma personal los productos o servicios que muestran en sus redes.
En Argentina se redactó un proyecto de ley que busca controlar el vacío legal respecto a las publicidades a través de los influencers. Entre otras cuestiones, este proyecto pretende imponer obligaciones tributarias a aquellos usuarios que resulten remunerados por la publicidad de productos o servicios, obligándolos a inscribirse como monotributistas. En comparación, Uruguay no tiene ninguna ley que ampare a la población sobre las recomendaciones de influencers en redes sociales.
Específicamente en relación a la nutrición, algo habitual que se da entre los influencers es la recomendación de hábitos alimenticios, programas de nutrición, dietas, productos, suplementos, entre otros consejos. Es importante entonces tener en cuenta que esas recomendaciones no son controladas por ningún organismo de salud. Aunque incluyan a centros relacionados con la salud y la nutrición, estos no dejan de ser empresas con fines de lucro.
Muchas veces los consejos puede que sean genuinos, pero no tenemos nada que nos lo garantice. Además, estas recomendaciones suelen exponerse como generales para toda la población, cuando cada persona es distinta, con contextos y vidas diferentes, y lo que le funciona a una no tiene por qué funcionarle a todas.
En cuanto a temas de salud, es fundamental siempre consultar con profesionales, que evalúen la situación individual y realicen las recomendaciones apropiadas.
(*) – Licenciada en Nutrición, estudiante de la especialización Nutrición en Enfermedades Crónicas No Transmisibles de la UdelaR.

