El etiquetado frontal de alimentos y su resistencia

Escribe: Paloma Vanoli Imperiale(*)

El etiquetado frontal de alimentos, comúnmente llamado “rotulado frontal”, es un sistema de advertencias gráficas que llevan los alimentos empaquetados cuando cumplen con un exceso de algunos de los nutrientes considerados críticos para la salud: azúcar, sodio, grasas, grasas saturadas y grasas trans.  

La Organización Panamericana de Salud (OPS), en su plan de acción para la prevención de la obesidad en la niñez y adolescencia (2014), le recomendó al Estado uruguayo la utilización de medidas de clasificación de alimentos para el consumidor, como por ejemplo el rotulado frontal, con el objetivo de que se concientice y así disminuya la venta de alimentos de calidad nutricional inferior (ultraprocesados).

Esa recomendación no fue para nada desmesurada, dadas nuestras cifras de obesidad infantil: 40% de los niños presentan sobrepeso u obesidad; además, desde el 2000 al 2013 se duplicó el consumo de alimentos ultraprocesados en la población uruguaya, y se triplicó el de bebidas azucaradas.

El decreto 272/018 y 34/021, que hace obligatorio presentar un etiquetado frontal para los alimentos con exceso de azúcar, sodio, grasas, grasas saturadas y trans, se creó en 2018, pero no entró en vigencia hasta el 2020. Cuando lo hizo, la presión de la industria logró que durara aprobado sólo diez días. A pesar de que el decreto llevaba años de estudio y se basa en evidencia científica libre de conflicto de interés, el Gobierno suspendió su aplicación y comenzó un proceso de revisión de la normativa, que duró prácticamente todo el año. 

Este proceso, a su vez, llevó a una disputa entre la industria y referentes de la salud, algo similar a lo que está sucediendo hoy en Argentina, donde la ley de etiquetado frontal ya lleva media sanción del Senado pero enfrenta muchos obstáculos dispuestos por la industria. 

En Uruguay, al día de hoy, el decreto está en aplicación y depende de las intendencias departamentales su regulación, con algunas concesiones para la industria, que logró aumentar el límite de los nutrientes considerados críticos. De esta forma, varios alimentos, en su mayoría yogures destinados a niños, pudieron evitar el rotulado frontal, sin dejar de tener en exceso estos nutrientes, considerando los parámetros aconsejados por la Organización Mundial de la Salud. 

El rotulado frontal de alimentos es una estrategia destinada a estimular un consumo más informado y saludable. Según una encuesta de Unicef y la Universidad de la República, 58% de las personas que indicaron haber visualizado rótulos frontales en un producto que iban a comprar cambió su decisión de compra. Toda iniciativa destinada a hacerlo desaparecer sólo desbalancea aún más la ya asimétrica relación entre los consumidores y la industria alimenticia. 

(*) – Licenciada en Nutrición, estudiante de la especialización Nutrición en Enfermedades Crónicas No Transmisibles de la UdelaR.