La moda es prohibir

Escribe: Paloma Vanoli Imperiale(*)

Como en todo, la moda vuelve y la demonización de los alimentos también. En los años setenta del pasado siglo fueron las harinas, en la década del ochenta el colesterol, en los noventas las grasas y ahora nuevamente las harinas. Demonizar alimentos se ha vuelto costumbre para nosotros y ganancia para la industria; cuanto más confundida esté la población, más provecho para las grandes franquicias.

El ser humano necesita de tres grupos de alimentos para tener una alimentación completa: los carbohidratos, las proteínas y las grasas. Eliminar cualquiera de estos por un tiempo prolongado genera déficits nutricionales, pese a que las dietas prohibitivas suelen identificar algunos de ellos como candidatos a ser esquivados.

Es notorio que la mayoría de estas dietas prohibitivas vienen acompañadas de promesas mágicas de descenso de peso, y se dirigen intencionalmente así a poblaciones vulnerables, que se encuentran con deseos desesperados de adelgazar, para las que las recetas mágicas suenan como una decisión sensata.  

¿Esto quiere decir que ese amigo/a que te recomendó la dieta cetogénica porque bajó de peso rápido te está mintiendo? No, puede que haya bajado de peso, pero ese descenso se debe a una pérdida de agua y colágeno, que ni bien deje la dieta recuperará. Las dietas cetogénicas (bajas o sin aporte de hidratos de carbono) no han demostrado mayor eficacia que una dieta basada en todos los grupos de alimentos. 

Comer es un acto esencial del ser humano. Si bien contamos con reguladores naturales para controlar nuestro consumo y preferencias, la alimentación está influenciada por otras características más complejas como sociabilizar, obtener placer o construir identidad. El alimentarse no debería estar juzgado y demonizado como lo está en la actualidad. Consideramos el comer como un pecado y por ende la comida un camino hacia él. Es necesario reconstruir esta idea sobre la alimentación y formar así una relación sana con una de las actividades más esenciales de la vida. 

(*) – Licenciada en Nutrición, estudiante de la especialización Nutrición en Enfermedades Crónicas No Transmisibles de la UdelaR. Acerca de su experiencia y formación, nos cuenta que “por el 2012, cuando cursaba Quinto Año en el Liceo Tomás Berreta, decido optar por una dieta vegetariana. En esa época era una elección mucho más complicada que en la actualidad. Luego de que me diagnosticaron anemia por mal alimentarme, comencé a leer sobre nutrición y allí empezó este camino de aprendizaje continuo que me apasiona. Escribir sobre nutrición y salud enriquece a la niña que que fui, aquella que buscaba cada artículo que existiera en su hogar para entender un poco más”.