Desde mediados del pasado mes funciona en la ciudad de Canelones la olla popular que lleva adelante el Sindicato de Obreras y Obreros del Frigorífico Canelones (SOOFRICA), por intermedio de su participación en la red Contagiando Solidaridad, en conjunto con AUTE.
El emprendimiento que le está dando una mano, hoy en día, a más de un centenar de personas en la capital canaria, funciona con aportes a nivel sindical y con colaboraciones individuales de trabajadores, sin recibir ayuda de entes políticos. Así lo indicó el presidente de SOOFRICA, Raúl Torres, que habló con HOY CANELONES acerca de la evaluación de los primeros días de trabajo en la olla popular este año.
¿Cómo es el funcionamiento de la olla popular en SOOFRICA?
Nos tiene muy contentos porque viene saliendo todo a la perfección, como estaba planificado, en la organización de los horarios, de cómo establecimos ciertas pautas, sobre todo a la hora de los cuidados en lo que tiene que ver con la pandemia. Los compañeros han estado a la altura. Nos hemos organizado muy bien y se está desarrollando con total normalidad todos los miércoles, con un aproximado de entre cien a ciento cincuenta porciones. Hay que mencionar que hacemos todo en coordinación con AUTE, que se da en el marco de Contagiando Solidaridad, que es un espacio mucho más grande, que nace en marzo del año pasado en Montevideo.
Además del buen funcionamiento, está la preocupación por la necesidad de la gente…
Por supuesto. Desde SOOFRICA hace mucho tiempo que se viene hablando de este tema, de cómo afecta la crisis no solo en el país, sino a lo largo y ancho del continente, atravesado por una crisis económica incrementada por la crisis sanitaria. Muchos trabajadores han quedado sin sus changas y llegan a tener que hacer una cola para tener que alimentarse y, en ese sentido, tendemos esta mano. Es muy humilde, muy chico lo que hacemos nosotros para todo lo que se necesita en varios sectores de la sociedad, pero no podemos estar ausentes. El espacio en el que nosotros hemos elegido militar, que es la clase obrera, que es solidaria por sus genes y no puede estar de otra manera que comprometida con los que más necesitan. Para nosotros es un motivo de mucho orgullo y sabemos que estamos en el lugar correcto.
Gran parte de la organización de este emprendimiento se tomó desde lo sucedido el año pasado, ¿verdad?
Por supuesto. Fue un año muy especial para todos los trabajadores y trabajadoras del Frigorífico Canelones, que en un momento no teníamos ni miras de tener una fecha de reapertura. Nosotros también estábamos afectados y en paralelo se venía desarrollando la crisis sanitaria en nuestro país, dejando un tendal de trabajadores sin poder obtener su sustento para poder vivir. En ese momento pensamos que necesitábamos darle una mano a nuestro pueblo, que tan bien se había comportado y que nos dio tantas muestras de solidaridad por lo que atravesamos. Quedó la huella marcada y este año ni dudamos en prendernos de vuelta en esta actividad, que reúne gente en el sindicato y también sirve para intercambiar con los compañeros.
¿Cómo es el diálogo con las demás ollas de la ciudad y cuál es su opinión sobre el movimiento solidario que se ha generado?
El año pasado teníamos una especie de coordinación entre las ollas. Nosotros tenemos muy buena relación con los muchachos que llevan adelante la olla de (el Almacén) Tomi y tenemos una especie de relevamiento con el merendero de La Esperanza también. La gran mayoría de los emprendimientos se lleva adelante por el movimiento obrero organizado y los compañeros de ollas en distintos barrios son trabajadores y trabajadoras en distintas ramas. Es el pueblo el que se organiza, sobre todo en las épocas de crisis, porque cree que en lo popular y hay una gran empatía con la necesidad de nuestro pueblo.
M.R.

