Canarios por el mundo: Alfredo Gómez Martínez

Alfredo Gómez, en la actualidad, junto a su hija Emilia y un caballo "tostado".

Alfredo Gómez Martínez es oriundo de Santa Lucía pero desde hace casi treinta años vive en Estados Unidos. Este «canario por el mundo» supo ser una de las guitarras de Alfredo Zitarrosa, figura a la que hemos venido homenajeando desde estas páginas con motivo de los veinticinco años de su fallecimiento. En esta entrevista, dialogamos con Alfredo Gómez Martínez sobre su vida en el país del norte, su presente, sus proyectos y, por su puesto, su relación con Alfredo Zitarrosa.

Alfredo Gómez, Gualberto López y Juan Des Crescenzio en la casa de este último, donde nuestro entrevistado conoció a Alfredo Zitarrosa.
Alfredo Gómez, Gualberto López y Juan Des Crescenzio en la casa de este último, donde nuestro entrevistado conoció a Alfredo Zitarrosa.
Alfredo Gómez, en la actualidad, junto a su hija Emilia y un caballo "tostado".
Alfredo Gómez, en la actualidad, junto a su hija Emilia y un caballo «tostado».

¿Cuánto hace que vivís en Estados Unidos?

Creo que son 28 años, más o menos. No cuento los años ya.

¿Por qué te fuiste para ahí?

Cosas de la vida. Vine por unos meses y me fui quedando. Tuve hijos aquí. Una historia común y repetida.

¿Cómo es el clima en tu ciudad?

Me encanta el clima aquí. Lo que pasa es que estoy viviendo en el centro de la Florida, cerca de Orlando, después de haber vivido hasta hace ocho meses en el gélido Boston. El clima se parece bastante al de Uruguay, un poco menos frío. Digamos que lo que va del invierno se puede comparar con un otoñito uruguayo. El cielo es azul (en Boston está casi siempre gris) y muy grande. Florida es muy llano, lo que da esa sensación de inmensidad que me gusta mucho y me hace pensar en Uruguay cuando levanto la vista. También se ven las estrellas por la noche, cosa que en Boston es casi imposible. Sin ir más lejos, anoche, después de cenar, aunque estaba bastante fresco, me fui afuera y estuve mirando para arriba hasta que me empezó a doler la nuca.

¿Qué es lo que más se extraña de Santa Lucía?

La gente, mis amigos, los olores de las panaderías del pueblo, los eucaliptus.

¿Viajás a Uruguay con frecuencia?

Voy casi todos los años, pero ahora hace dos años que no voy.

¿Cómo es un día tuyo ahí?

Me jubilé después de trabajar de maestro de educación especial en Boston durante todo el tiempo que viví allí. En este momento me estoy organizando aquí, casa nueva, lugar nuevo, muchos cambios. Estoy con proyectos en mente y tratando de llevarlos adelante: organizarme para dar clases de guitarra, escribir y componer, y preparando un espectáculo con mi esposa, que es actriz, sobre textos de Lorca, monólogos y poemas, con música original mía. Dicho sea de paso, estamos viendo la posibilidad de llevarlo a Argentina y Uruguay, tal vez antes de fin de año. Hecha la aclaración de que estoy jubilado de mi trabajo «normal», lo que hago es más o menos así: me levanto a las ocho o a las nueve, dependiendo un poco de Emilia, mi hija de cinco años, que es el despertador que no falla. Desayuno y leo los diarios argentinos y uruguayos en internet, contesto e-mails, etc. Después, dependiendo del clima, llevo a Emilia a la escuela, a veces en bicicleta. Queda como a diez minutos. Por la tarde, por lo general trato de tocar un poco, esbozar alguna cosa que puede o no terminar en canción, leo, escucho música etc. También arreglo alguna cosa de la casa, etc. Y paso bastante tiempo en Facebook con amigos de la vida y otros del ciberespacio. Luego busco a la nena, y jugamos en la vereda,  bicicleta o pelota. Por la noche, casi siempre vemos una película extranjera. Nos gusta el cine europeo a mi esposa y a mí. Más o menos así es la vida que llevo aquí en estos momentos. Estoy en una etapa de afincamiento, supongo que en unos meses estaré ocupado con más cosas.

¿Estás al tanto de lo que pasa en Uruguay? ¿Y de lo que pasa en Canelones, en Santa Lucía?

Sí, estoy al tanto gracias al Internet y a mis «informantes.» Leo los diarios y me mantengo en contacto permanente con amigos de Santa Lucía y Canelones y así me entero de lo que pasa por allí, lo bueno, lo malo y lo feo. A veces me entero de cosas que amigos que viven allá no saben y se enteran a través mío. Es gracioso eso.

¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de Alfredo Zitarrosa?

El primer, primer recuerdo que tengo de él es una actuación que hizo en el parque de Santa Lucía cuando yo era adolescente. El segundo es el día en que lo conocí personalmente, respondiendo a un llamado que me hicieron para participar en una grabación en Buenos Aires. Me llamaron para tocar flauta dulce en un tema que al final no estaba dentro de la tesitura de la flauta, pero terminé tocando guitarra. Me veo entrando en la casa donde vivía Juan Des Crescenzio, olor a cigarrillos negros, mate, y murmullos de guitarras, y en medio de eso, un hombre flaquito, peinado con raya al costado, ceremonioso y cordial, de gesto preocupado, que me saluda y se presenta, como si hubiera hecho falta. Yo tenía 22 años, y ahí estaban guitarristas admirables y profesionales como Ciro Pérez (otro canario), Gualberto López, Vicente Correa y Alfredo Sadi. En un recreo que se tomaron yo agarré una guitarra y me puse a milonguear. Uno de ellos comentó: «Ah, pero milongueás bien…» y Zitarrosa le contestó: «Y como no va a milonguear bien si es oriental el joven». Ahí nomás me sumaron al grupo y quedé ensayando dos temas que luego grabamos: ‘Mi tierra en invierno’ y ‘El candombe del olvido’, compuesto en sociedad Zitarrosa/Des Crescenzio.

¿Cómo era trabajar con él?

A mi me gusta mucho ensayar, buscar la perfección sin importar el tiempo que eso lleve. Se trabajaba mucho de esa manera con él. Yo nunca había tocado en esa formación de tres guitarras y guitarrón, porque los conjuntos en los que había tocado eran de rock y también había tocado en trío de bossa nova (guitarra, bajo y batería), pero tocar en cuarteto de guitarras es algo muy gratificante para cualquier guitarrista, es como tener un instrumento de 24 cuerdas. Me fui por las ramas. Me preguntaste sobre trabajar con él. Bueno, por todo lo dicho, trabajar con él era muy agradable, muy gratificante. Supongo que eso es algo que cada uno lo vive de distintas maneras. Yo siempre he trabajado para la canción, en función de la canción que se está interpretando. En el escenario yo me concentraba en sus gestos, como cuando uno juega al fútbol y se concentra en el que tiene la pelota para apoyar la jugada siguiente, si cabe la comparación. Me parece que lo más importante y lo que más se puede resaltar de esa experiencia es justamente lo que él lograba con el equipo, el equilibrio y la conciencia que despertaba entre los músicos de que estábamos trabajando juntos en pos de un producto. No éramos «acompañantes» de Zitarrosa: él y los guitarristas éramos la canción que se ejecutaba. Pero eso lo lograba él.

¿Alguna anécdota sobre algún escenario o una presentación?

La anécdota que me viene a la mente es algo que ocurrió durante una temporada que hicimos en la costa argentina y que tiene que ver con algo que a veces nos ocurre a los ejecutantes cuando nos sentimos nerviosos. En ‘Adagio en mi País’, hay, en el arreglo, algo recurrente que separa las estrofas, una nota que da el guitarrón solo y que a partir de ella arranca la voz con la siguiente estrofa. El que tocaba el guitarrón, gran amigo, un tipo sensacional, argentino que ahora vive en Madrid, el vasquito Azcárate, se equivocó en una actuación, tal vez un poco distraído toca otra nota. Bueno, pasó…pero de ahí en más en casi todas las actuaciones le empezó a pasar lo mismo. Los otros guitarristas: Hugo Coria, Luis Chazarreta y yo nos tentábamos de risa y teníamos que esconder las caras detrás de las guitarras al ver como se le endurecía la cara a Alfredo y como se le enrojecía la cara de vergüenza al vasquito que nos miraba con una sonrisa de perrito que pide disculpas. El contraste entre las dos expresiones era tremendo. La solemnidad de ese tema tan emblemático y la situación de comicidad por ese motivo era algo que hasta hoy recordamos cuando hablo con el vasco o con Luisito.

Veinticinco años después de su muerte… ¿Cómo ves la figura de Zitarrosa hoy en día? ¿Sigue vigente?

Yo creo que sigue vigente y seguirá vigente, sin duda. Mientras haya una niña que nos enamore, un amor abandonado, un joven que se va de su pago, una doña Soledad en el barrio, un violinista, una mujer con ojos dorados… ¿cómo no va estar vigente? Mucho se lo vincula a Zitarrosa con su ser político; para mí y ante todo, fue un romántico, un enamorado de la gente, capaz de expresar ternura por las personas que nos rodean a diario, por los animales, sus pájaros, sus perros, sus amigos. Tal vez la verdadera vocación política, la idea de un mundo mejor al que todos aspiramos, debería nacer de eso mismo. Creo que en su caso se cumplía.

Martín Bentancor