Del 15 al 18 de febrero, Slow Food realizará un campamento internacional en Canelones

Saber comer

Slow Food canario es un movimiento que procura concientizar y educar sobre la importancia de la buena alimentación en la vida diaria.

30foodSlow Food (que significa «comida lenta») es un movimiento internacional qué nació en Italia, en 1989, como contrapartida a la estandarización del gusto en la comida. Promueve la difusión de una mejor manera de alimentarse, siendo una filosofía que combina el placer y conocimiento. Slow Food se opone enfáticamente a las denominadas «fast food» («comida rápida») y «fast life» («vida rápida»). Este movimiento opera en todos los continentes con el objetivo de defender los alimentos tradiciones regionales, con sus productos y métodos de cultivación. El símbolo de Slow Food es el caracol, emblema de la lentitud.
Actualmente este movimiento cuenta con más de 100.000 miembros en más de ciento cincuenta países. En nuestro país, el movimiento cuenta con, aproximadamente, ciento cincuenta miembros, quienes se encuentran nucleados en cuatro grupos locales, uno de los cuales es Slow Food canario. HOY CANELONES conversó con Laura Rosano, coordinadora de Slow Food en Uruguay y la representante del movimiento en Canelones.

Uruguay y el mundo

En nuestro país, el movimiento Slow Food comenzó en el año 2004, con un solo grupo en Montevideo. Luego se abrió el de Rocha y en el 2008 se conformó otro en Canelones. Laura Rosano cuenta que comenzó a participar en este movimiento en el año 2001, en Holanda, y cuando regresó al país abrió la filial canaria.
«Este movimiento nació por una preocupación por el cambio de vida que estaba sufriendo la sociedad, debido a la forma de alimentarse y a la perdida de las tradiciones locales alimenticias», cuenta Laura. «Luego, el movimiento fue avanzando en temas políticos, pensando por qué se estaba dando este fenómeno de estandarización del gusto; pensando en que todo sabía igual, que había muy pocas cosas para elegir. Entonces ahí se empezó a trabajar muy fuertemente en las campañas de educación, información y concientización. ‘Bueno, limpio y justo’ son los tres pilares básicos de Slow Food», señala.
Al momento de aclarar el alcance del lema de Slow Food, Rosano explica que «‘bueno’ porque los alimentos tienen que ser buenos, es decir, saludables y que le hagan bien a la salud; ‘limpio’ porque tienen que ser alimentos orgánicos y ‘justo’ porque el productor tiene que recibir una buena recompensa por su trabajo. Para lograr ese objetivo, utilizamos e incentivamos los productos de pequeños productores».

Uruguay y Canelones

Laura Rosano contó lo que se hace en nuestro país para incentivar el consumo de alimentos saludables. «En Uruguay trabajamos intensamente en campañas de información explicando qué son los transgénicos, para proteger la semilla criolla. Uruguay es uno de los países que más problemática tiene en este sentido porque tenemos el 100% de la soja transgénica y el 90% del maíz es transgénico, que contamina al maíz criollo. Se ha perdido muchísimo maíz criollo debido a esta contaminación», señala. «Canelones ha perdido su variedad de maíz catete, que es con lo que se hacía el gofio. En este momento no tenemos ni gofio ni polenta que no sea de maíz transgénico. Tomando en cuenta todo esto, vimos que este tema era una grave problemática que teníamos que abordar fuertemente en nuestro país», remarcó.

Transgénicos

La coordinadora de Slow Food en Uruguay manifiesta que «en el 2010 comenzamos a realizar seminarios de etiquetados de transgénicos y también nos propusimos, fundamentalmente, informar a la población acerca de que era un transgénico y los estudios que había sobre los mismos». Agrega que «con todo esto decidimos, junto a otras organizaciones sociales, elaborar un proyecto de etiquetado que lo presentamos ante la Comisión de Salud del Parlamento. Al mismo tiempo, redactamos un decreto que lo enviamos a la Intendencia de Montevideo. Ésta lo pasó a la parte Jurídica para que le diera un marco apropiado y en diciembre del año pasado fue aprobado. Ahora Montevideo tiene la obligación de etiquetar a los alimentos y productos transgénicos. Si el alimento excede el 1% de componentes transgénicos, será etiquetado como alimento genéticamente modificado», explicó.

Campamento de Slow Food

Desde el próximo 15 al 18 de febrero, en el balneario San Luis, se realizará el segundo campamento internacional de Slow Food en nuestro país. A este campamento arribarán representantes de movimientos de Slow Food de varios países de Latinoamérica, a saber, delegados de Paraguay, Perú, Chile, Argentina, Brasil y Bolivia.
Laura Rosano informó que en el campamento se hacen talleres para ver lo que se está trabajando en cada país y, de esta forma, poder intercambiar y compartir experiencia e información. «Además nos proponemos establecer estrategias comunes para afrontar esta problemática», señaló.
Cabe consignar que al primer campamento arribaron aproximadamente cuarenta personas del exterior y se estima que este año será un número similar.

Difusión

Consultada sobre la poca difusión que se le ha dado al decreto que obliga a etiquetar los alimentos que contienen componentes transgénicos, Laura Rosano señala que hay intereses para que no se difunda. «A algunos no les interesa que esto no tenga difusión porque la gente no tiene idea de lo que come. Por eso el trabajo de las organizaciones de este tipo es ir a los centros educativos a brindar seminarios y talleres para poder informar detalladamente qué es lo que está comiendo y de esta forma pueda decidir cómo alimentarse», señaló.
La coordinadora es muy crítica en cuanto a la manera de alimentarse que tiene la mayor parte de la población y a la forma de producción actual. «Nosotros éramos un país productor de alimentos y ahora somos un país productor de forraje, porque lo que se está produciendo es forraje para China y la Comunidad Europea. Ellos no consumen esa soja que estamos produciendo, sino que son sus animales quienes las consumen. Uruguay pasó de tener muchas hectáreas plantadas de frutas, verduras y hortalizas a pasar a tener más de un millón de hectáreas de soja transgénica. Entonces cada vez estamos exportando forraje e importando alimentos de mala calidad. En las góndolas tenemos alimentos industrializados, con mucha sal, mucho colorante y eso es lo que come la mayoría de la población», remarca Laura Rosano.

Laboratorios del gusto

Los laboratorios del gusto son talleres que se imparten en las escuelas con el objetivo de educar a los más pequeños. Este proyecto comenzó como una experiencia piloto en las escuelas de El Pinar y luego se presentó un proyecto a ANEP, quien lo avaló para que esta idea se pudiera extender a otras escuelas.

Ma. Eugenia Núñez