Único en su especie
Siguiendo con el repaso de algunas de las filmografías más destacadas que nos ha legado el Séptimo Arte, hoy nos introducimos en la obra de un Genio Mayor. Luis Buñuel (1900-1983), uno de los cineastas más importantes del siglo XX, creo una serie impresionante de películas impresionantes. Una de las posibles claves para acercarse a su cine se encuentra en una frase que pronunció sobre el final de su vida: “La ciencia no me interesa. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas que me son preciosas”. Y un poco de eso, tratan estas películas.
Él (1953)
El genial Arturo de Córdova compone a Francisco Galván de Montemayor, un millonario mexicano obsesionado con una mujer (hermosa Delia Garcés) a la que desposa y cela con inquietante obsesión. Buñuel saca todo lo peor que puede dar un ser humano que se deja arrastrar por las pasiones más bajas. El filme va progresando de una historia de amor de ribetes costumbristas -una especie de dramón- hacia la lisa y llana demencia (la escena final ha sido robado hasta el hartazgo por muchos directores).
La ilusión viaja en tranvía (1954)
Dos empleados del tranvía se emborrachan y deciden robarse una de las máquinas para recorrer los suburbios de México DF. La película cuenta el viaje de los dos borrachines, que actúan motivados por la buena fe y el amor al prójimo. Los diferentes personajes con que se encuentran, y la cacería que de ellos emprende un antiguo empleado de la compañía de tranvías, sustentan una historia genial. Humor y diversión en esta película menor de Buñuel –“hecha para comer”- pero con altísimo oficio.
Ensayo de un crimen (1955)
Al hijo de unos ricachones le regalan una caja de música. El niño cree que la caja tiene poderes mágicos que actúan sobre la vida y la muerte de los demás. Cuando llega el primer muerto, el niño es feliz. El niño crece y se convierte en un poderoso hombre del jet set mexicano de entonces… Con esos elementos, Buñuel construye una fábula sórdida y brutal sobre la codicia, la riqueza y la pobreza moral y humana.
El discreto encanto de la burguesía (1972)
Esta suerte de homenaje tardío de Buñuel a sus orígenes surrealistas se ha conformado, con creces, en uno de los clásicos imperdibles en la filmografía del director español. Tres parejas de millonarios (entre las que encontramos a un veterano cónsul interpretado por el genial Fernando Rey) asisten a una cena o a varias cenas, o a un ensayo de una cena o a la puesta en escena de una cena. En fin: milicianos, sacerdotes convertidos en jardineros, sexo extramarital entre cincuentones y muchos sueños en esta joya buñuelera
Tristana (1970)
Catherine Denueve es Tristana, una joven huérfana que cae bajo la protección de un respetuoso señor mayor (otra vez, un magnánimo Fernando Rey). Buñuel desarrolla en este filme una variación de la Lolita de Vladimir Nabokov. Un pintor muerto de hambre y buen mozo (encarnado por Franco Nero) conforma el tercer vértice del triángulo amoroso que propicia la debacle moral, la tragedia.
El río y la muerte (1955)
Un pueblo abandonado a la orilla de un río. Brutalidad, injusticia, falta de orden. Una disputa familiar que se propaga en el tiempo y es recibida por las nuevas generaciones. Cada tanto tiempo, hay un duelo: al muerto lo entierran y el matador debe cruzar el río y esconderse en las montañas. Todo cambia o empieza a cambiar cuando el único tipo que logró salir del pueblo, regresa a él convertido en médico y debe enfrentar la maldición de sus mayores. Lo que en este filme logra Buñuel es maravilloso: recrea un ambiente rulfiano (una suerte de Pedro Páramo) con rudimentos del western y del dramón mexicano que campeaba el cine de aquel país por aquellos años
El gran calavera (1949)
Primera película mexicana de Buñuel (hecha para comer y pagar las cuentas, según el mismo confesara y que le permitió, bajo contrato, firmar su obra maestra Los olvidados al año siguiente) que narra la historia de un millonario que acaba de enviudar (un espectacular Fernando Soler) y que se dedica a dilapidar su fortuna para horror de la legión de zánganos -básicamente familiares- que viven a su costa. Durante la primera hora, el filme se las ingenia para presentar un cuadro costumbrista repleto de humor sutil y pequeñas críticas sociales pero tiende a apurarse en la media hora final, con el objeto de que todo cierre
Ese obscuro objeto del deseo (1977)
El último filme de Buñuel es una inquietante historia de amor entre un veterano millonario español (otra vez, impresionante Fernando Rey) y una empleada doméstica (interpretada alternativamente por Carol Bouquet y Ángela Molina) que, progresivamente, se va hundiendo en la locura. El pulso de Buñuel para la cámara queda patente -por si ya no nos había quedado claro en sus 33 películas previas- en la conformación de los planos (auténticas pinturas en movimiento) y por un uso magistral de la cámara en mano. La historia terrible que narra el filme está, además, potenciada por una amenaza permanente de continuos atentados de bomba en España y Francia, donde transcurre la acción
Viridiana (1961)
Un viudo millonario que vive en una olvidada finca rural (Fernando Rey) recibe la visita de su sobrina, una monjita sumisa e inocentona (Silvia Pinal). Con ese evento como disparador, Buñuel vuelve a hacerlo: el músculo se inflama, negros nubarrones se ciernen sobre los personajes, la tragedia se presenta y todo se rompe, se vuelve ajado y marchito. El director español dispara por igual sobre los ricos y los pobres, desnudando sus miserias y ahogándolos a todos en la desesperanza y la falta de creencia en la humanidad. Filme no apto para personas que pasen por un mal momento p ersonal.
Nazarín (1959)
Francisco ‘Paco’ Rabal es el padre Nazario, un pobre sacerdote que se ve obligado a abandonar los suburbios de Ciudad de México donde habita y emprender una travesía por una serie de pueblos miserables. Le acompañan en el viaje dos hermanas, la beata Beatriz (Marga López) y la prostituta Andara, compuesta por la excepcional actriz Rita Macedo y que se roba con su presencia cada fotograma en que aparece. La película carga, otra vez, contra el estamento católico pero también contra la pobreza que campea a México por aquellos años, los terratenientes y los militares. Ignacio López Tarso compone en personaje secundario de gran significación en el periplo del padre Nazario
Simón del desierto (1965)
Un siniestro Claudio Brook le da vida a San Simón, que allá por el siglo IV después de Cristo se dedicó a subirse a una columna en el desierto para estar más cerca de Dios. En sus cuarenta y pocos minutos de metraje, este filme de Buñuel se las ingenia para despachar palo tras palo a la Iglesia Católica y sus preceptos, dignificando la vida de los cristianos y las enseñanzas directas de Cristo. Silvia Pinal, en el rol del diablo mete miedo y el final del filme es muy poderoso por la crítica que deja caer sobre nuestro actual modo de vida.
Ernesto Borgnino

