Historias de vida: María Luisa, una niña de La Paz que llegó a la final de la Olimpíada de Matemática

Además de las matemáticas, la música es otro de los intereses de María Luisa, a quien vemos en la imagen con el órgano que le fuera obsequiado recientemente.

Resolviendo obstáculos

 María Luisa tiene 11 años y le gustan las matemáticas desde que empezó a estudiar. Es una de los tres alumnos de la Escuela N° 188 de La Paz que participan en las finales de la Olimpíada de Matemática de Casavalle, Montevideo.

 María Luisa es no vidente, pero dicha discapacidad nunca le impidió desarrollarse en su escuela ni resolver los razonamientos más difíciles. Las trabas se encontraron en un Magisterio sin una capacitación especializada sobre discapacidad, pero que no logró que a Analía Lira, la maestra de María Luisa, se le fueran las ganas de ayudar a su alumna.

El proceso de aprendizaje fue mutuo. Mientras María Luisa se metía cada vez más en el mundo de las matemáticas, Analía aprendía cómo potenciar las capacidades de la niña e integrarla a la Escuela N° 188, una institución de tiempo completo. HOY CANELONES habló con la maestra y la alumna sobre las Olimpíadas de Matemática y el día a día en la escuela.

 Enseñanza para todos

La Olimpíada se encuentra en su etapa final. Es la primera vez que la Escuela N° 188 participa y ambas entrevistadas están expectantes por saber los resultados, pero tienen que esperar hasta fines de setiembre. Cuando los organizadores vinieron a invitar a la institución, Analía les preguntó si María Luisa podía participar. “Les comenté que ella es una niña con mucha capacidad para las matemáticas, y que las estrategias que usa para cálculos son asombrosas”, contó la maestra. Los organizadores no dudaron en aceptar la propuesta y hoy María Luisa es una de las finalistas.   

Analía también fue maestra de la competidora en años anteriores. Compartió con ella Segundo, Quinto y ahora Sexto año escolar. “Fue un desafío como maestra, porque cuando salí de magisterio no tuve una capacitación especializada y tuve que buscar apoyo. Me ayudó una maestra itinerante que vino de la Escuela de Discapacitados Visuales de Montevideo”, dijo Analía. La maestra siguió capacitándose y estudió Braille en Las Piedras.

Los niños también fueron partícipes de la enseñanza que María Luisa le dejó a la escuela. “Hicimos muchos trabajos en grupos para que sus compañeros vean que ella es una niña más y tiene las mismas condiciones”, dijo Analía. “Debido a la habilidad de María Luisa con las matemáticas, muchos compañeros querían sentarse al lado de ella, a ver si les pasaba algún resultado”, agregó.  

 Sueño cumplido

La música es otra de las vocaciones de María Luisa. Siempre quiso tocar el piano pero sus padres no tenían el dinero suficiente para comprárselo. Una señora se enteró de la historia por la prensa y le regaló un órgano. El instrumento le sacó una sonrisa a la niña e hizo que se olvidara de las matemáticas por un rato.

María Luisa habla poco. Metódica, responde las preguntas con un sí o un no y, si es necesario, justifica su respuesta. Pero no duda en expresar lo mucho que agradece a su Maestra cuando le preguntan por el vínculo entre ambas. Antes de tener el órgano, la alumna componía en su ceibalita. “Hago música con un programa, apreto la teclas del teclado y salen las notas”, explicó María Luisa y agregó que le gustan todos los estilos musicales.

 Más historias

Una de las cosas que Analía y María Luisa planean a futuro es traducir libros infantiles al Braille. “Hay una necesidad de contar con literatura infantil para los niños ciegos, porque ellos también quieren leer. Siempre dependen de que alguien les lea sus cuentos”, dijo la maestra. 

F.G.