En el fondo del Centro de Mantenimiento de Flota de la Intendencia de Canelones hay una pieza que funciona como taller de confección y diseño de ayudas técnicas. Al pasar por un gran patio de maquinaria y camiones del edificio conocido como El Corralón, sillas de ruedas, bicicletas, grúas para personas con poca movilidad y andadores esperan ser reparadas por Álvaro Hernández, para posteriormente ser entregados luego a todo aquel que lo necesite.

Desde el mes pasado, la Intendencia cuenta con un Taller de Diseño y Confección de Ayudas Técnicas. El mismo es llevado adelante por Álvaro Hernández, funcionario del Gobierno Departamental, que se encarga de reparar y diseñar los aparatos de ayuda, destinados a todo el departamento. En la pasada jornada, HOY CANELONES visitó el taller de Hernández y conversó con el funcionario acerca de las demandas y la estructura del lugar.
Una idea que tomó forma
Si bien el taller se creó hace poco, la idea de tener un espacio para ayudas técnicas rondaba en la cabeza de Hernández desde hace mucho tiempo. Pensaba en crear algo así desde que tuvo un accidente de tránsito en 1994 y debió empezar a desplazarse en silla de ruedas. En el año 2010 entró a trabajar en la Intendencia y empezó a gestar el proyecto. “Hace un año que se dio el OK por parte de la Intendencia y se destinó el lugar. Luego comenzó la etapa de ponerlo en marcha, con la compra de las herramientas, etc.”, explica Hernández.
El funcionario indica que el espacio está en crecimiento. A la maquinaria que se encuentra instalada allí, se le sumarán otros implementos como sillas anfibias para usar en la playa. “Se apunta en un futuro a poder fabricar las sillas anfibias en serie, para todos los balnearios. Inclusive, ya se habló con jerarcas de la Intendencia de Montevideo para poder llevar algunas a la capital”, cuenta.
Las grúas para personas con poca movilidad ayudan a que los discapacitados puedan moverse, facilitando que aquellos que los asisten no sufran problemas de salud, debido a la fuerza que deben hacer al trasladarlos. Hay dos de estas grúas en el taller pero están en proceso de reparación. En el caso de las bicicletas, hay algunas dobles que se utilizan para personas no videntes, donde un acompañante va en el primer asiento, guiando a quien no puede ver. “Trataremos de buscar un instituto que trabaje con personas ciegas para que las pongan a disposición”, sostiene Hernández.
Demanda
Al poco tiempo de abrir las puertas del taller, una buena cantidad de personas comenzaron a recibir las ayudas técnicas del taller. “Cuatro sillas fueron para un Hogar en Pando y tres que tenían ese mismo sitio serán reparadas. Recién (por ayer de mañana) vino un muchacho y le hicimos dos reparaciones a su silla. Y se le entregará una nueva”, relata Hernández. “También, vamos a entregarle una silla a una mujer de la zona de la Ruta 32, que tiene una silla hospitalaria no muy cómoda. Muchas veces, las personas compran lo que pueden y terminan con implementos no ajustados a la fisionomía y al peso del que los usa. Eso termina jorobando al usuario y no ayudándolo”, agrega.
Los productos del taller tienen varias procedencias, aunque la mayoría viene de donaciones. En Noruega hay una fundación, creada por un uruguayo, que recibe sillas de ruedas en desuso y las trae a nuestro país. ”El estado de Noruega se hace cargo de las ayudas técnicas de su país. Una vez al año renuevan la flota y la mayoría de las que no se usan más quedan en perfectas condiciones”, explica Hernández.
La producción de ayudas técnicas en Canelones tiene planeado también abarcar otros departamentos del país y llegar a la capital. “El taller de la Intendencia de Montevideo está enfocado más que nada en las prótesis. La idea es poder tener un vínculo con ellos”, expresa Hernández.
Algunos cambios
Hernández relata que cuando sufrió el accidente eran pocas las herramientas que los discapacitados tenían para manejarse en la ciudad. “En el año 1994 no existía ni una rampa accesible en Canelones. Tampoco había un lugar donde informarse. El propio sistema de salud no tenía respuesta”, recuerda. Agrega que la situación actual es diferente, dado que existen playas inclusivas, plazas con juegos para niños con discapacidad y, apunta, “hay una política de darle soluciones al discapacitado, sobre todo en la partes básicas y esenciales: movilidad y autonomía”.
Mucho por hacer
Si bien algo ha cambiado en la materia, Álvaro Hernández indica que queda camino por recorrer. “El deporte, por ejemplo, en otros países se encuentra en una situación mejor. En Uruguay una silla de velocidad no baja de 7.000 dólares. Ningún discapacitado puede solventarse eso por sí mismo si no tiene un apoyo. Acá hay una selección de rugby en silla de ruedas (Los Criollos), a la que le costó mucho llegar. Con donaciones pudieron hacerse de sus implementos, pero la han remado mucho”, finalizó diciendo.
Fernando Guerrero

