El Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor fue establecido por la Conferencia General de la UNESCO, en 1995, en París. En este 2013, la ciudad de Bangkok ha sido designada «Capital Mundial del Libro 2013».
Al momento de establecer la fecha y argumentar sobre su necesidad, se destacó la necesidad de alentar el acto de la lectura en los más jóvenes y de llegar, por su intermedio, a lograr un mayor conocimiento y potenciar una imaginación más abierta. Al margen de toda la parafernalia retórica que siempre rodea a los días de este tipo, nos pareció interesante detenernos en la figura del «derecho de autor», el derecho de que disponen los escritores sobre los resultados (económicos e intelectuales) de sus obras. HOY CANELONES consultó a seis escritores uruguayos sobre su posicionamiento ante el tema de los derechos de autor, la normativa vigente en el país y sobre qué elementos se deberían debatir al momento de tratar el derecho básico de que gozan los que escriben los libros que leemos.
Pedro Peña (San José, 1976)
Publicó, entre otros libros, Eldor (Banda Oriental, 2006), La noche que no se repite (Altazor, 2010) y Ya nadie vive en ciertos lugares (HUM, 2010).
El derecho de autor es algo fundamental a la hora de pensar en publicar, en cómo hacerlo y por qué. No estoy hablando de que lo sea a la hora de escribir. Ahí son otros Pérez. Pero cuando firmás un contrato con una editorial es fundamental hacerlo desde la confianza. Y más en un medio como el nuestro, y con las posibilidades que, que no tenemos, de rastrear nuestros trabajos. Debo publicar con alguien que me genere certezas, confianza y que, cada tanto, me avise que tengo tanto para cobrar. Por otro lado, hay otro tema, y es el de aquellos que esperamos, en un futuro, dedicarnos totalmente a la escritura. Debemos, obviamente, mejorar en lo que hacemos. Pero también, y no es descuidar lo anterior sino todo lo contrario, asegurarnos de que se nos retribuye justamente por la hechura de nuestras ideas.
Finalmente, he firmado contratos muy razonables con editoriales e incluso, recientemente, con una productora cinematográfica que filmará una película basada en una de mis novelas. Es increíble cómo he debido renunciar a cualquier dinero que se obtuviera y relegar las opciones de cobro a unas hipotéticas ganancias que, en un futuro, podría generar la película. Por suerte los amigos de esta productora son de total confianza, son amigos, pero ciertamente uno, en Uruguay, debe estar dispuesto a renuncias y aplazamientos constantes si quiere que las cosas salgan a la luz, y confiar en la Divina Providencia para que después se logre rescatar un peso de algo.
Pese a todo lo anterior y a la supuesta importancia que le adjudico a los derechos de autor… no conozco la normativa más que en líneas generales. Lo cual es ciertamente irresponsable de mi parte. Pero ocurre que, realmente, no tengo cabeza leguleya y me cuesta estar al día en tales asuntos.
Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1978)
Es autor, entre otros libros, de Perséfone (Estuario, 2009), Nadie recuerda a Mlejnas (Reina Negra, 2011) y Los viajes (Melón Editora, 2012).
«En su lado negativo, los derechos de autor sirven a las editoriales para ejercer control sobre la producción de los escritores y por tanto afianzarse como una fuerza influyente en el campo literario y/o intelectual; en su lado positivo, entiendo que ayudan a establecer una suerte de sustento material. Creo que muchos somos capaces de pensarnos como escritores (o de pensar nuestra práctica de escritores, o de intentar pensar en estos términos) más allá de los límites de este tema».
Fernández de Palleja (Montevideo, 1978)
Ha publicado Poemas Altibajos (Trópico Sur, 2011), Poemas desde un peugeot rojo y una carretera quieta (civiles iletrados, 2011) y En negro y negro (Estuario, 2012).
«Francamente, desconozco la normativa. Creo que no está nada mal que sea un trabajo rentado, aun cuando haya quienes argumenten que el escritor lo es contra vientos y mareas. Mi experiencia con los derechos de autor es muy escasa o nula, declaración esta que está sujeta a interpretaciones».
Leo Garicoits (Montevideo, 1962)
Es autora, entre otros libros, de Mar de las lluvias (Yaugurú, 2010) y Amarga misericordia (Yaugurú, 2011).
Dada la normativa vigente trato de tomar el tema «derechos de autor» como secundario a mi necesidad de crear. No estoy de acuerdo con la normativa vigente. Considero que el autor es considerado en forma secundaria y no se le da la importancia que tiene. Las editoriales no se sienten obligadas a informar sobre las ventas de los libros del escritor, ni a presentar liquidaciones.
Todo, se debería debatir todo. Los derechos de autor en cuanto al porcentaje que le corresponde por su creación; la obligación de las Editoriales de informar el estado de ventas, los ingresos, y todo lo que abarca la difusión del libro.
Xosé de Enríquez (Montevideo, 1958)
Ha publicado, entre otras obras, La hembra de Gardel y otros relatos (Meigas Fora, 1997), Momo encadenado (Cruz del Sur, 2004) y Juan Pedro López y La Leyenda del Mojón (Libros de la Antigua Cepa, 2013).
Tengo claro que el derecho de autor, que es bastante más que el cásico «copyright» que estampamos en los libros, es el lazo que nos une a nuestra obra, su reconocimiento, su defensa y su protección son vitales para todos los creadores que de una forma u otra volcamos nuestros aportes en el formato libro.
Las normativas siempre pueden ser mejoradas o ajustadas a las realidades cambiantes; sin normativa no hay forma de aplicar un derecho que es complejo de entender muchas veces, y en riesgo de ser desconocido otras tantas.
Hay algo en lo que se debería insistir: la permanencia y la difusión de la obra escrita, y su relación con los colectivos sociales y la gestión colectiva, enterrando el concepto de un autor único, aislado, incapaz de autogestionarse o de tomar decisiones sobre su trabajo, anclado a un formato de industrias del entretenimiento y de la cultura que se aferran a conceptos propios de un siglo XX ya evaporado.
Leonardo de León (Minas, 1983)
Es autor de No vi la luna (Banda Oriental, 2010), Confirmación del aliento (paréntesis, 2012) y La selva en la semilla (Trópico Sur, 2012).
Hasta que el libro no se publica y se ejecuta el proceso legal, soy obsesivo y muy reservado con mis textos. Esto se debe, claro, a un sistema más global de competencia y desconfianza que nos pone en alerta. Creo que la verdadera literatura es esa que se filtra en el imaginario colectivo y puede prescindir de la identidad de su autor. Sin embargo, pienso que la razón de ser más legítima del copyright está ligada a lo económico: el autor merece la propiedad intelectual de su obra y recibir los beneficios correspondientes a su actividad como creador. Se trata de una extensión del sistema capitalista de la propiedad privada…
Ahora bien, en un país como Uruguay (y muchos otros), donde prácticamente ningún escritor puede vivir de sus libros, defender el derecho de autor me parece más una cuestión de vanidad, de decir: «esto lo hice yo». Cualquier escritor sabe que, si la obra es buena, fue escrita en colaboración con algo trascendente que nadie sabe lo que es, pero que es lo único importante. Llevarnos el crédito absoluto es, siempre, una estafa a esa fuerza.
Damián González Bertolino (Maldonado, 1980)
Publicó El fabuloso Springer (Banda Oriental, 2009) y Los alienados (La Propia Cartonera, 2010), entre otros títulos.
No tengo ninguna posición definida al respecto. No me preocupa que puedan copiar un libro mío para leerlo, fotocopiarlo o, como ya existe la posibilidad, copiarlo para leerlo de forma digital. No conozco la normativa en relación a los derechos de autor.

