por Xosé de Enríquez
Mucho antes de que saliera a luz nuestro último trabajo titulado Juan Pedro López y La leyenda del Mojón, comenzó a levantarse una polvareda que aún hoy no se disipa, ya que algunas personas que ni siquiera tuvieron acceso a la obra publicada, han resuelto opinar, descalificar y aferrarse a ciertos esquemas, minimizando y desacreditando una labor de investigación que además de no haberla entendido, no la han estudiado detenidamente.

No está en nuestro ánimo entablar ninguna clase de debate ni responder cartas ni mensajes con afirmaciones lanzadas al boleo. Únicamente, abusando de la generosidad del prestigioso medio HOY CANELONES, haremos referencia a una afirmación realizada en la página 15 de la edición del jueves 11 de abril pasado, en la sección «Lectores», bajo el título «Sobre el libro Juan Pedro López y La leyenda del Mojón».
Pretendiendo rebatir un breve fragmento del libro, publicado semanas atrás en HOY CANELONES, se exponen como argumento, los datos de una partida de matrimonio, en donde precisamente Antonio López es citado por terceras personas. Quien se hace llamar Paulina López, da ante el oficial del Registro Civil, el nombre de su supuesto padre, además de declarar que nació el 13 de abril de 1879. Pues bien, en 1879, el 5 de marzo, doña Micaela Pérez –soltera– anotó como hija suya a una niña de nombre Adriana, de padre desconocido, y el 22 de mayo de 1880, a otra niña, de nombre Rita, también de padre desconocido. ¿Cómo pudo ser
madre de Paulina en abril de 1879? La señora Raviolo menciona el casamiento en Los Cerrillos, de Nicanor Tejera y Paulina López, en 1903, pero tal vez desconozca que el mismo Nicanor Tejera se había casado en Canelones, ¡cuatro años antes!, con otra mujer también llamada Paulina y que habría fallecido entre 1899 y 1902. Extrañamente, en la partida matrimonial de 1903, se omite que el estado civil de Tejera es viudo. Ninguna criatura nacida en la 3ra. Sección, más precisamente en Echevarría o Los Cerrillos, entre 1879 y 1900, aparece como hijo o hija de Antonio
López, quien tampoco salió de testigo de ningún registro –nacimiento, defunción o matrimonio–; no se ha hallado hasta el momento ni su partida de nacimiento ni su partida de defunción. Sólo aparece mencionado por terceras personas. Por lo tanto, es cierto lo que afirma la señora Raviolo en su carta: «Seguramente esos datos están también en los registros respectivos», y la investigación profunda que reclama existió, y se sigue llevando a cabo, con responsabilidad, dedicación y respeto, aunque los resultados y las conclusiones no sean del agrado de todos. De mi parte pongo punto final a este cruce de opiniones, con este reportaje imaginario al payador Juan Pedro López. Todas las respuestas que allí aparecen son parte de su obra escrita.
La «opinión» del payador
¿Sabe usted qué fue de su lar natal?
«Todo está muerto
ya no existe el rancho…
todo está muerto
ya no queda nada…
Cuántas veces he querido
dejar su memoria trunca
no recordarlo más nunca
echar todo en el olvido»
Muchos dudaban de que usted pudiese abrirse paso y crecer como artista…
«¿Cómo decían? ¡Imposible!
Que un humilde estibador,
resultara un payador
de mérito indiscutible.
Desde entonces la terrible
maldad me clavó en su cruz,
pero roto ya el capuz
de sus sombras me reía,
porque mi nombre surgía
como un torrente de luz»
¿Es consciente de que se lo tiene algo olvidado?
«Yo no sé qué me pasa, qué tengo,
que me siento abatido y sin ansias,
es muy larga la ausencia y no vuelven
las aves que olvidan el bosque del alma»
¿Cierta persona alguna vez le hizo revelaciones acerca de su origen?
«Me dijo, ‘mirá’ m’hijito
te viá hablar con claridad
pa’ que sepas la verdad
sobre de tu nacimiento
pero hacéme un juramento
que esto de vos, no saldrá’.
El cuento es muy doloroso»
…algo ya sabía.
«Por una conversación
que una noche sorprendí
donde se hablaba de mí»
¿Cómo reaccionó usted?
«Pronto abandoné la estancia
llevando en mi corazón
la dolorosa visión»
Usted ha tenido detractores…
«Mi vida es una lucha
violenta y continuada
treinta años batallando
mi nombre consagró
no obstante me critica
la lengua despiadada
de aquellos que no suben
donde he subido yo»
¿Qué opinión le merecería el hecho de que algunas personas lo siguieran invocando muchos años después de su muerte?
«Yo no preciso ni después de muerto
que se lamenten, ¡para qué llorar!
Fueron muy pocos desgraciadamente
los que han sabido mi dolor sondar.
Sólo son dignos de pisar mi tumba
todos los seres que llorando vi,
los que arrullados por mi triste canto
sufrieron tanto como yo sufrí.
¡Nada de gestos ni de muecas falsas!»
Un payador maragato hizo oír su voz en medio de la polémica suscitada por el libro de reciente aparición…
«Terció en la conversación
el paisano Pancho Andueza…
(…) y si conoce la historia
¡que refresque la memoria!»
Antes de comenzar la entrevista nos dijo que iba a contarnos algo relacionado con su nacimiento.
«Guardo en el fondo de mis pobres ojos
Una tristeza que me está matando;
Es una llaga fatalmente abierta
Por donde el alma se me va sangrando
Pero ¡la pucha! …me olvide que dije
que iba a contarles yo no sé que pena
pero no, mi cabeza no responde
dejaremos la historia… ¡pa’ otra güelta!»
¿Una reflexión final?
«Fue la faz de mi vida una quimera,
despareja, fatal y trunca,
como un lamento que estallar quisiera
en un sollozo que no acabe nunca…»

