Entre letras y viajes
Nicolás Marrero, de Santa Rosa, ha estado en más de cuarenta países y ha recorrido aproximadamente 30.000 kilómetros haciendo dedo y otros miles de kilómetros en diversos medios de transporte. En esta entrevista, conocemos parte de su historia.
Nicolás es licenciado en Comunicación y si bien cuando empezó a estudiar quería ser periodista deportivo, los caminos lo fueron llevando a otros lugares. Cuando empezó a hacer pequeños viajes se dio cuenta de que viajar podía ser una forma de vida que lo hacía feliz. Así, a los 29 años, decidió hacer un viaje de los largos y se fue junto a su novia de ese momento a Rumania. No dejó de viajar desde entonces. Tiene un blog que se llama ‘Letras de Viaje’ y un libro con el mismo título.
¿Cuándo fue la primera vez que viajaste?
A los 25 fui a Dinamarca, a un congreso de educación. Hasta ese momento no había viajado nunca. Cuando hice ese viaje, dije: ‘Esto está buenísimo ¿Para qué voy a gastar en un televisor u otra cosa?’. Fue como que algo se me disparó y, a partir de eso, todo lo que hacía era para viajar. Dejé de ir a Valizas de vacaciones, me dejé de locas pasiones y empecé a viajar a Costa Rica, a Cuba. Empecé a conocer lugares, gente y empecé a alojar viajeros en Montevideo. De repente me di cuenta de que hay gente que no viaja solo por vacaciones. Había gente que vivía viajando o que hacía años que estaba viajando.
Con mi novia de ese momento nos fuimos a Rumania, como parte de un proyecto de voluntariado. El proyecto pagaba todo: apartamento y viáticos. El trabajo estaba bueno: era en un bosque, entre las montañas, cerca de Transilvania, trabajando con comunidades gitanas en escuelas. En ese año metí veinticuatro países, sin un peso, a dedo y usando coach surfing (una red online de viajeros a través de la que las personas se registran y pueden quedarse gratis en la casa de distintas personas en el mundo).
Cuando probás lo que te gusta, descubrís tu pasión, no querés volver atrás. Empecé a escribir otra vez. Hice un blog a través del que compartía las experiencias de viaje. Cuando llegué de Rumania, me separé y decidí seguir viajando. Tuve un pensamiento un tanto inocente y pensé: ‘Junto lo que escribí en el blog lo engrapo y lo vendo’. Terminé escribiendo un libro. Me acordé que tenía unos cuentos escritos e hice otro librito chiquito. Con eso me fui a México. Llegué con 400 dólares, una mochila y una carpa. En México empecé a juntarme con gente, a hacer charlas, el libro se movía y me proveía de la economía emergente. Yo necesitaba comer y no mucho más, porque me quedaba en la casa de amigos.
¿Cuánto tiempo estuviste en México?
Estuve nueve meses. México es muy peligroso. Una vez que entrás es muy difícil salir. Es magnético. Te atrapa tanta tradición, tanta cultura. Siempre escribía en el blog, y en un momento me empecé a escribir con una escritora argentina que también tenía un blog. Y nos escribimos cada día durante cinco meses. El problema es que yo estaba viviendo en la selva de Panamá y ella en Australia. Decidimos encontrarnos a mitad de camino, en un punto intermedio. Siempre recordé a Europa con mucho cariño y allí nos juntamos. Estuve cinco meses en Europa, llegué a España y me fui a dedo a Macedonia. Hice 2.500 kilómetros a dedo.
¿Cómo es la experiencia de hacer dedo en tantos países?
Viajar a dedo funciona. Si no funciona es porque no estás en frecuencia de que funcione. A mí me pasó este último tiempo que la sufrí un poco, porque ya estaba cansado. Siempre te estás yendo, creando relaciones, tenés poco tiempo para conocer a las personas y las relaciones son muy intensas. Por un periodo de tiempo está bueno, pero llega un momento en que afectivamente te empieza a pegar. Lo bueno que tiene es que tenés amigos por todos lados, pero siempre te tenés que despedir.
¿Qué es lo que más te gusta de viajar por el mundo?
Pienso que los lugares son lo de menos. Cuando te abrís más al viaje social, al de conocer gente, es cuando las cosas más suceden. Aunque está bueno decir también que hay veces que no querés saber nada con la gente, de volver a presentarte. También tiene eso de la incertidumbre, de no saber lo que te va a pasar en dos días. Y cuando eso que te pasa en dos días está buenísimo porque no lo esperabas, se empieza a generar algo, que te sorprende y que te gusta. Una vez estaba yendo a dedo de Génova a Eslovenia y la persona que me levantó me dijo: ‘Yo voy a Bolonia. Si querés vamos para casa y te quedas ahí’. Conocí una tierra que no sabía que iba a conocer. De esas historias, hay miles. Una vez no pude entrar a Ucrania porque precisaba visa y cambié los planes. Me fui a Polonia y en el camino me paró una pareja de jóvenes que la familia organizaba casamientos y terminé trabajando de fotógrafo en una boda en Rumania. Cuando te empiezan a pasar esas cosas es como que decís: ‘No importa no saber qué va a pasar, pero va a ser algo extraordinario’.
¿Cuáles son las dificultades de vivir de viaje?
La vida de viaje no es tan extraordinaria como te la pinto ahora, es una forma de vida más, llorás, estás cansado, tenés ganas de hacer algo, no tenés ganas, pasás por los mismos estados que una persona que está haciendo vida normal.
Estuviste trabajando en muchos países. ¿Cómo fueron las experiencias laborales?
En un momento empecé a ser consciente de que podía hacer lo que quiera. Dije: ‘Voy a tomar la vida como un juego’. Quería trabajar en un hostal. Lo hice. Después descubrí que podía ser una forma de costear el viaje. Trabajé en Panamá en un Guest House en la selva. Dije: ‘Quiero tener esa sensación de vivir en la selva’. Busqué y lo hice. También trabajé como barman y como chef. Fue una de las formas que costee el viaje: haciendo platos para los viajeros de hosteles. El 60% del viaje en Centroamérica lo financié con el libro y el 40% fueron cosas que surgían. Cuando volví a Europa ya estaba cansado de ‘jippear’ y empecé a darle más importancia a los textos, a los blogs, a escribir para revistas, a vender los libros online. Siempre estuve atravesado por la escritura, lo que he hecho se ha convertido en letras. La escritura es la base de todo.
¿Cómo pensás seguir ahora que estás de regreso en Uruguay?
Ahora estoy en un proyecto de mentoring para viajeros. Te acompaño a armar el viaje a tu medida. Mucha gente quiere viajar y no se anima. Lo que hago es hacer una sesión con una serie de ejercicios para pensar en base a las necesidades de las personas. Hay gente que la tiene clarísima, sabe cómo encontrar alojamiento pero tiene miedo. Entonces acompaño en el proceso de perder los miedos, de organizar viajes largos, de buscar las habilidades de cada persona para costear los viajes a través del trabajo. En febrero quiero hacer una gira por la costa para hacer talleres de viaje, para el que quiera viajar, ver las distintas formas, o que necesite información. Esto hace tres años no lo podía hacer, pero ahora me di cuenta de que podía ofrecer muchas cosas. También estoy trabajando de Community Manager.
No tener dinero no es excusa. Es una herramienta muy importante. Es difícil viajar sin dinero. Hoy en día tenés muchas herramientas a mano como para que el dinero se desplace más y sea una herramienta más, como intercambiar alojamiento por trabajo.
Viajar a dedo, intercambiar trabajo por alojamiento, quedarte en casa a través de Coachsurfing, es algo muy normal en la vida de los viajeros y ajeno a las personas que no han viajado…
Claro. Y a mí también me pasaba. Es todo un proceso. Es como un crecimiento y pasa mucho que algunas personas se quieren ir de viaje de una, dejar todo. Yo les pregunto: ‘¿Viajaste alguna vez?’. Y recomiendo que primero hagan viajes experimentales.
Hoy en día está ese discurso de ‘Dejá todo y ándate a viajar’ o ‘El que nunca viajó no vivió’. Es todo una mentira. Es un discurso muy soberbio. Hay miles de formas de vivir, lo que importa es que te sientas bien con lo que elegiste. Hay gente que es feliz con sus horas de trabajo, su sueldo, las vacaciones. Lo que importa es que vos te sientas bien con lo que estés haciendo, escalando el Himalaya o yendo a trabajar a una fábrica. Hay un discurso totalizante del viajero que siempre vende: vende decir ‘Hacé esto que vas a estar mejor’. Mucha gente no se siente a gusto con lo que está haciendo y piensa que viajar es la felicidad. Y no es así. A mí me pasó estar viajando con un amigo y el no aguantó más de una semana.
Escritos de viajero
El blog de Nicolás Marrero se puede visitar a través de la dirección www.letrasdeviaje.com o a través de Facebook: www.facebook.com/letrasdeviaje.
Elisa Romego

