“Ser libre”
En la edición del pasado sábado de HOY CANELONES se publicó la primera parte de la entrevista realizada a Michelle Suárez, en donde habló del proyecto de ley de Matrimonio Igualitario y los cambios que este puede provocar en la sociedad. En esta segunda parte no se la vamos a contar: empiece a leer.
¿Qué te generaron los dichos del obispo de Canelones?
Yo creo que hay dos órdenes de cosas. Una que tiene que ver con una índole más general, y otra más particular. Lo general, tiene que ver con que en un país donde se respeta el pluralismo y donde hay libertad de religión, todos podemos ejercer nuestra fe y nuestro credo libremente. Y a partir de él, expresar nuestro parecer. La cuestión es que para el ejercicio de la fe y el credo, existen templos e iglesias. Esto es un debate de una ley de un Derecho positivo en un Estado laico. Por lo tanto, la fe y la religión poco me importan. Por que si se legisla es para todos, no se esta legislando para la moral de un grupo.
Si tengo que hablar de forma más específica, el argumento central, por lo menos el que yo escuché (…) en la mayoría de los medios masivos en casi todas las declaraciones que provinieron en los últimos días de la Iglesia, se centraba en el origen etimológico de la palabra “matrimonio”. Y que de alguna manera, su característica esencial, porque viene de mater, de mujer, tiene que ver con la heterosexualidad del instituto. Por lo tanto, esa característica es tan esencial que no podría ser cambiada.
Esto para mi tiene que ver con una posición filosófica que va de la mano con una visión platónica que, de alguna forma, las palabras tienen un significado que es inmutable a lo largo del tiempo. Entonces, “matrimonio” definiría una situación en un momento histórico y (…) no importa en la sociedad en que se aplique, no importa en el momento en que se aplique, no importa en la evolución de la sociedad en que se aplique, no importa en la coyuntura histórica en que se aplique, se mantiene. Es inmutable. La cuestión es que la verdad va contra la esencia de para qué está el Derecho. El Derecho es lo que regula la convivencia social, que tiene relación directa con la evolución y el momento histórico de una sociedad.(…) El tema es si el matrimonio como nosotros lo concebimos, desde el Código que se aprobó a fines del siglo XIX, con esas características y es inmutable, hasta el día de hoy tendría que ser con las mismas características, porque su esencia no puede cambiar. Y cuando uno empieza a revisar lo que era el matrimonio a fines del siglo XIX y lo que es el matrimonio hoy, le queda el nombre. Si siguiera igual las mujeres seguirían siendo incapaces, porque dentro del matrimonio no tenían poder de disposición válido porque se las consideraba incapaces y debían completar su voluntad con la potestad marital. Y al mismo tiempo, los hijos nacidos fuera del matrimonio, llamados hijos naturales, seguirían pagando la inmoralidad de sus padres teniendo menos derechos que los hijos legítimos o hijos matrimoniales. Al mismo tiempo, se saldría del matrimonio sólo con la muerte porque no existiría el divorcio. Entonces queda muy poco de lo que fue el matrimonio esencialmente.
Yo siempre voy al extremo. Tomemos la palabra “familia”. Si tuviera que mantenerse inmutable, se seguiría incluyendo dentro de la familia a los esclavos, y el pater familias (padre de familia) seguirían teniendo derecho de vida y muerte sobre sus hijos. Y los hijos seguirían sin capacidades de disposición mientras el pater viviera. Entonces de este instituto nos queda el nombre. Realmente tratar de pensar que hay una esencia que no cambia, aunque puede ser duro, es ridículo.
Sos la primera egresada trans de la Universidad, ¿que te generó?
Es como un triste honor, porque por un lado fue cumplir mi vocación (…). Al mismo tiempo, si es cierto que hubo obstáculos que otros de mis compañeros no tuvieron. Pero tiene la tristeza que soy la evidencia viviente de lo que es la discriminación, de lo que es la marginación de la población trans, del sistema sanitario, el mercado laboral y el sistema educativo.
Que en un país como Uruguay no haya una sola persona en la historia que sea trans egresada de la Universidad, hasta que llegué yo, es grave. Es muy grave. Y eso siempre te coloca en un lugar de pseudo pionera, que como todo, hace que llames un poco la atención; pero como todo en la vida, las cosas cambian, y seguramente cuando empiecen a aparecer más referentes, otras mujeres u hombres trans que sean egresados, no sólo de Derecho, de otras carreras, (…) por suerte ese grupo de referentes va a ser mucho más amplio.
¿Sentís una responsabilidad por lo que representás?
Siento la responsabilidad de las decisiones que tomo en mi vida. Me hago cargo de mis actos. Me hago cargo de lo que escribí, de lo que digo, me hago cargo de las decisiones que tomé dentro del activismo, me hago cargo de cada palabra que digo públicamente.
No me puedo, ni me quiero, ni me voy a hacer responsable de que es lo que proyecta o especula quien tengo enfrente. Yo creo que la clave de la autenticidad es serse fiel a si mismo.
¿Cómo fue crecer en Salinas?
No sé, era un balneario muy chiquito. Ahora vive mucha más gente en forma fija, casi un balneario de vacaciones y fin de semana, había una sola escuela y un solo liceo; yo fui a esa escuela y ese liceo. Era un balneario muy tranquilo en invierno, donde no había ni centros nocturnos, donde todo el mundo jugaba en la calle, donde no había casi tránsito excepto por la interbalnearia que atraviesa todo los balnearios de la Costa de Oro. Donde la playa es como parte íntegra de tu vida, donde ni siquiera notás que está, te das cuenta de lo importante que es para otros por como actúan cuando llega el verano. Una niñez muy tranquila, soy hija única, con un padre y una madre amorosos, tuve una infancia muy feliz.
¿Y el liceo?
Y el liceo fue una etapa de trasformaciones. Creo que la gran bisagra fue a partir de los 15, que fue cuando exterioricé mi identidad de género y me paré ante el mundo como Michelle. Que yo tomara esa decisión de la cual me hice cargo y de la cual nunca me arrepentí, sino todo lo contrario, fue saber por primera vez en mi vida lo que era ser libre. Y por esa libertad tuve que pagar un precio muy alto; lo volvería a pagar si tuviera que hacerlo. Implicó un montón de mecanismos y de discriminación que yo no había sentido con tanta dureza hasta ese momento, y los empecé a sufrir y a padecer en el día a día. Fue una etapa que transité, de la que aprendí y después continué.
Eugenia Ladra

