Una forma ecológica de caza en el Parque Costaventura

En el Parque Costaventura, ubicado en el Km 56 de la Ruta Interbalnearia (en la entrada al balneario Costa Azul) e inaugurado el verano pasado, hay varias actividades y juegos de aventura. Este verano, entre las nuevas actividades, hay demostraciones de cetrería. HOY CANELONES asistió al parque para conocer un poco más sobre las características de esta práctica.

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Raúl Canedo actualmente vive en Empalme Dogliotti y es cetrero en la empresa Unión Cetrera. Durante los meses de enero y febrero se encuentra junto al también cetrero Edgardo Taroco, de la empresa Nobleza Cetrera, haciendo exhibiciones y demostraciones en el Parque. A través de la cetrería, se entrenan aves rapaces como halcones, azores o gavilanes para capturar especies consideradas plagas.

En el Parque Costaventura hay un gavilán mixto, dos hembras de la misma especie y una lechuza de campanario. Raúl Canedo contó que la cetrería empezó hace cuatro mil años y que el hombre empezó a realizar esta práctica de casualidad. “En la Edad Media tuvo su auge. Antes se cazaba para comer. Después los reyes y la nobleza se interesaron en el tema. Si eras un rey podías tener una especie de halcón grande, si eras un príncipe un halcón peregrino, las mujeres una lechuza de campanario, si eras un cura podías tener un azor”, relató el cetrero.

Raúl es el compañero de caza de las aves, entonces lo siguen. Para llamarlas tienen alimentos que los colocan sobre un guante. “Ellas asocian al hombre con comida y bienestar. Son reflejos condicionados que les quedan. Una vez que se sueltan pueden volar para donde quieren. Pero es más fácil venir al hombre que tiene la comida asegurada, que meterse en una persecución que de cien veces que hacen el éxito es muy pobre. No gastar energía sin resultado para las aves es fundamental. Básicamente funciona así. El animal va confiando cada vez más, va viendo la ventaja de estar con el hombre hasta que le queda el reflejo de que significa comida segura”, explicó, al tiempo que aclaró que la unión es muy débil: “Una vez que cazaron o comieron de más, tal vez no respondan”.

Patrimonio inmaterial

El 16 de noviembre del año 2010, la UNESCO declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a la cetrería, como una actividad de caza ecológica. Es una forma de eliminar plagas en cultivos, plantaciones, viñedos, galpones y depósitos. Por otra parte, es una solución ecológica para ahuyentar aves en el aeropuerto, donde representan un peligro para las aeronaves. Las aves de rapiñas son territoriales y con su sola presencia las aves asumen que ese lugar se volvió territorio de caza y se trasladan a otras zonas donde no exista ese peligro.

El adiestramiento se hace a través de recompensas. “En los galpones ya saben que si espantan a las palomas van a ser recompensados. Sabe que si se queda parado no tiene ninguna respuesta. Generalmente, se suelen adiestrar a las hembras por un lado y a los machos por otro porque las presas son distintas, mientras que las hembras capturan presas más lentas y grandes, los machos más rápidas y más chicas”, señaló el cetrero.

Una de las especies que se encuentra en el Parque es la lechuza de campanario, que caza exclusivamente ratones. Canedo describió sus características y comportamiento. “Tiene pelitos en las alas que no les permiten hacer ruido y son totalmente silenciosas. Tienen una visión pobre pero tienen un oído que les permite escuchar los ratones a larga distancia. De noche cambian la actitud, mientras que de día duermen porque son sensibles a la luz. Es una especie que está en todos los continentes menos en los desiertos y en los polos. Hay 120 variedades pero son muy parecidas, cambian el pelaje. Tienen unos puntitos en el plumaje que van desapareciendo cuando envejecen”, relató.

Otra de las aves que se encuentra en el parque está rehabilitada. Una familia la encontró herida en su casa donde significaba un peligro, ya que tenían muchos perros y podía ser atacada. Tenía un ala herida que fue curada por un veterinario y luego fue adiestrada por los cetreros.

Elisa Romego