Joven uruguayo que vivió reciente terremoto en Chile cuenta su experiencia

24TerremotoEl uruguayo Juan Pablo Balbi fue testigo del terremoto de 8.3 grados de magnitud que afectó a la zona centro-norte del país trasandino la semana pasada. En diálogo con HOY CANELONES, comparte su experiencia.

El pasado miércoles 16 de setiembre, Chile fue sacudido por un fuerte terremoto de magnitud de 8.3 en la escala de Richter, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, provocando al menos la muerte de catorce personas y numerosos daños. El epicentro estuvo ubicado a 46 kilómetros de la localidad de Illapel, 229 kilómetros al norte de Santiago y a 25 kilómetros de profundidad. Como consecuencia de este fuerte sismo, un millón de personas fueron evacuadas debido a la alerta de tsunamis. Según registraron medios locales, el sismo se sintió a las 19:55 hora local (22:55 GMT). El movimiento duró más de tres minutos y fue seguido de cerca de sesenta réplicas. Hasta hoy continúan las réplicas del fuerte terremoto.
Sin embargo, para la magnitud del evento, el desastre pudo ser mucho peor. Posteriormente, durante la madrugada del pasado lunes 21, un nuevo terremoto de magnitud 6.2 en la escala de Richter se produjo nuevamente en la zona centro-norte de Chile, según informó el Instituto Sismológico de este país. En esta oportunidad, el sismo ocurrió a las 02.39 hora local y tuvo su epicentro a 27 kilómetros al noroeste de Los Vilos, situado a 190 kilómetros al norte de Santiago, y a 10 kilómetros de profundidad.

Una película de terror

Juan Pablo Balbi es uruguayo y hace dos meses que se encuentra en Chile por razones de estudio. Sin dudas que para Juan Pablo, su estadía en Chile estará marcada por un hecho que según sus propias palabras no podrá olvidar más. Estaba en su pequeño apartamento alquilado, en el piso quinto, del centro de la capital chilena. Al llegar a su casa, tras un extenso día de trabajo, se puso cómodo y decidió cocinarse algo para poder cenar más tarde. Se dirigió a la cocina y se asustó porque veía como las tazas se movían. Pensó que se trataba de un mareo, hasta que escuchó los gritos de sus vecinos. Notó como el movimiento de las cosas era cada vez era más intenso y al mirar por la ventana pudo ver el revoloteo de la gente en la calle. Allí se dio cuenta de que no se trataba de un simple mareo y que la situación era mucho peor.
“Al principio pensé que yo estaba mareado, pero cuando sentí los gritos de los vecinos, traté de acercarme a la ventana y desde ahí pude ver la gente corriendo, saliendo de los edificios. Lo que más me impactó fue ver cómo se movían los carteles y los semáforos. En ese momento supuse que se trataba de un terremoto”, cuenta. “Entonces me acordé que siempre decían que en caso de un terremoto lo mejor es ponerse debajo del marco de la puerta principal. Yo no tenía ni idea; nunca había vivido una experiencia así. Tampoco sé si eso es verdad o es un mito urbano, pero lo hice: fui hasta la puerta y se movía todo. Abrí la puerta y vi que mis vecinos estaban en el pasillo. Ahí un vecino que sabe que soy uruguayo me trató de calmar, aunque no lo logró. La situación me ganó por completo. Fue espantoso, para mi duró horas”, agrega Juan Pablo.
Según registraron medios locales, el sismo duró un poco más de tres minutos, pero para Juan Pablo fueron horas, que parecían no tener fin. “Dicen que fueron 3 o 4 minutos, pero para mí fue una eternidad. No se me pasaba más y sentía como las cosas se movían. La lamparita de la cocina se movía, el teléfono del portero eléctrico temblaba, los vasos, las cosas de las cocinas también se movían y no paraban. Por un momento todo pareció calmarse y mis vecinos chilenos me dijeron que lo mejor era bajar a planta baja y así fuimos cinco pisos por las escaleras. Nunca había corrido tanto en mi vida. Cuando llegué a la planta baja había más de treinta personas que también habían bajado como yo”, evoca.

“Realmente parecía una escena de una película de terror. Cuando llegamos a la planta baja sentimos la réplica, que no fue tan dura como la primera. La luz estaba cortada y mucha gente corría y gritaba. Ahí todos se calmaban unos a otros, menos a mí”, relata con una sonrisa el joven.

Normalidad

Para Juan Pablo lo más sorprendente es con la normalidad y la naturalidad con la que los chilenos tomaron el temblor. “Después de que todo pasó, los chilenos quedaron como si nada. Se fueron a cenar… Yo los miraba en shock y ellos nada. Si bien durante el movimiento se asustaron, dentro de todo estaban calmados. Lo que sí comentaban entre ellos fue la duración del temblor. Dicen dice que está vez fue mucho más tiempo que en otras oportunidades. No lo podía creer. Obviamente para ellos este tipo de temblores no es nada nuevo, pero para mí sí y nunca más me voy a olvidar. Ahora lo cuento y no lo puedo creer. Una cosa es contarlo pero otra cosa muy distinta es vivirlo”, afirma.
Cuando todo volvió a la calma Juan Pablo llamó a sus familiares en Uruguay para contarles lo sucedido y darles tranquilidad.
Si bien las réplicas del terremoto en territorio chileno continúan hasta el día de hoy, para Juan Pablo ninguna se compara con el movimiento del miércoles 16. “Algunas réplicas se sienten, pero nada se compara a ese temblor. No se mi acostumbraré a sentir movimiento a cada rato, pero ahora sé de qué se trata esto de vivir en Chile”, concluye.

Ma. Eugenia Núñez