El túnel que hizo historia -Tercera parte-

Gerardo Van Velthoven, propietario del kiosco ubicado en la plaza principal de Los Cerrillos, un lugar que funciona desde hace más de treinta y cinco años y que se ha convertido en un testigo privilegiado de buena parte de la vida de la comunidad.

Jennifer Cassarino

Se cumplieron treinta años del robo a la sucursal del Banco República en la ciudad de Los Cerrillos.

El caso policial conmocionó a la comunidad de aquel entonces y, tres décadas después, continúa siendo uno de los episodios más recordados de Los Cerrillos. Durante este mes, HOY CANELONES viene recogiendo, a través de distintas voces, el recuerdo del robo a la sucursal del Banco República que perpetró el conserje Jorge Fabián Sánchez Silva. En esta oportunidad, dialogamos con Gerardo Van Velthoven, propietario del kiosco ubicado en la plaza principal de Los Cerrillos, un lugar que funciona desde hace más de treinta y cinco años y que se ha convertido en un testigo privilegiado de buena parte de la vida de la comunidad.

Gerardo Van Velthoven también tuvo un papel especial en los festejos por el centenario de Los Cerrillos: creó en 1993 un equipo de música a batería que permitió a los vecinos bailar y festejar en la plaza, durante la noche del centenario. Mientras la localidad celebraba, el entonces conserje del Banco República, Jorge Fabián Sánchez Silva, conocido por sus vecinos como un hombre amable y conversador, llevaba adelante en secreto el plan que cambiaría para siempre la historia del pueblo.

Según recuerda Van Velthoven, aquella noche la plaza principal estaba especialmente preparada para la celebración. Una bandera y el escudo de Uruguay, realizados con lámparas de luz, iluminaban el lugar mientras los vecinos se reunían para festejar. “La gente se congregó en la esquina del kiosco, pusimos música y empezamos a bailar. Dimos la vuelta a la plaza con el equipo de música cantando el Feliz Cumpleaños”, recordó. Pero mientras la celebración transcurría, a pocos metros de allí se desarrollaba otra historia, completamente desconocida para los vecinos.

Festejo y secreto
Siguiendo aquella secuencia, Van Velthoven relató que los vecinos cruzaron hacia la sucursal del Banco República y que Sánchez se encontraba allí junto a su hija, en la azotea del edificio. “Sánchez estaba con la hija arriba de la azotea del banco. Yo tenía buena relación con él. Alentaba, celebró con nosotros y hasta se bajó y estuvo un rato con nosotros. Nos decía ‘Dale, dale, vamos arriba’”, contó el vecino. La escena adquiere hoy una dimensión particular. Mientras los vecinos festejaban, cantaban y recorrían la plaza, Sánchez participaba de la celebración como uno más. “Después decíamos: ‘Mientras nosotros hacíamos ruido, él seguía cavando tranquilo”, relató Van Velthoven. Nadie sospechaba entonces que, debajo de aquella celebración, avanzaba el túnel que sería utilizado para concretar el robo más recordado de la historia de Los Cerrillos.

Sin indicios
Gerardo Van Velthoven recordó el momento en que conoció la noticia, al amanecer del día siguiente. “No lo podíamos creer. Nos llamó la atención porque en ningún momento vimos indicio de nada”, señaló. La sorpresa fue aún mayor por la cercanía que había mantenido con Sánchez durante aquellos años. El vecino contó que, tiempo después, durante sus salidas transitorias, volvió a encontrarse con él en Montevideo.

El equipo de música a batería creado por Gerardo en 1993 y que permitió a los vecinos bailar y festejar en la plaza, durante la noche del centenario.

Van Velthoven había trabajado durante algunos años como chofer de ómnibus y, según relató, en una oportunidad Sánchez viajó en uno de los servicios que realizaba. “Lo encontré cuando tenía sus salidas transitorias. Vivía en unas viviendas de las calles Galicia y República. Había cambiado de aspecto físico, se había teñido de rubio. Lo reconocí enseguida”, recordó. Tiempo después volvió a conocer noticias sobre él. “Después se corrió la voz de que había fallecido”, contó.

Los interrogantes que quedaron
Tres décadas después, el robo continúa rodeado de preguntas, como qué ocurrió realmente con el dinero y cuánto de lo que posteriormente se conoció sobre el caso sucedió definitivamente. Gerardo Van Velthoven también se refirió a los rumores que circularon durante años y a la incertidumbre que permaneció alrededor del destino del dinero, más allá de lo relatado por Sánchez en la recordada entrevista concedida a La República. Entre sus recuerdos aparece una anécdota que hoy adquiere un significado particular. “Un año antes del robo hicimos un crédito social en el Banco República. Él no podía sacar porque no reunía los requisitos y lo saqué a nombre mío. Son esas cosas que uno hace inconscientemente”, contó entre risas.

Según relató, obtuvo el préstamo en aproximadamente quince cuotas y Sánchez se encargaba de entregarle mensualmente el dinero para que él realizara los pagos. “Lo saqué a nombre mío para él y nunca me dejó debiendo nada. No me acuerdo para qué quería ese dinero. Fue algo insólito. Lo sabíamos él y yo”, recordó.

“Era una persona muy querible”
Más allá del delito y de la historia policial, Van Velthoven conserva un recuerdo muy diferente del hombre que durante años fue su vecino y conocido. “Era una persona muy querible. Del autor del robo no te va a hablar mal nadie. Yo lo conocí desde que vino al banco hasta que se fue. Era simpático y conversador”, expresó. Quizás allí radique una de las particularidades que todavía sorprenden a quienes recuerdan el caso: el hombre señalado como responsable de uno de los robos más desconcertantes de la localidad no era, para muchos vecinos, alguien que despertara sospechas.

Van Velthoven también sostuvo que Sánchez terminó sus días muy lejos de aquel pueblo donde había construido vínculos y donde, durante años, fue conocido simplemente como un vecino más. Sobre su familia agregó que “nunca más se supo nada”.

Condena
Jorge Fabián Sánchez Silva fue condenado a ocho años de prisión por el robo que conmocionó a Los Cerrillos y que, treinta años después, continúa formando parte de la memoria colectiva de la localidad. Se trata de una historia en la que todavía quedan preguntas, recuerdos y versiones. Y, sobre todo, un pueblo que aquella noche celebraba su centenario sin imaginar que, mientras la música sonaba y los vecinos festejaban, a pocos metros de allí se estaba cavando en silencio un túnel que terminaría haciendo historia.