El adiós a Miguel Pérez Estévez, colaborador histórico de las páginas de HOY CANELONES

Miguel Pérez Estévez haciendo uso de la palabra durante el acto por el 124° aniversario de la fundación de Los Cerrillos. Foto: Intendencia de Canelones.

Todo un pago en silencio

El pasado sábado falleció en Los Cerrillos, la “ciudad pueblo”, tal como él mismo denominara a su sitio natal, el reconocido comunicador y querido vecino Miguel Pérez Estévez.

Durante décadas, no hubo suceso, personalidad, historia, anécdota, dato o anuncio de Los Cerrillos y todas sus comarcas (desde Las Brujas a Belastiquí, desde Parador Tajes a Villa Nueva, desde El Colorado a Paso Garúa, desde Tropezón hasta Quinta de Illa) que no pasara bajo el radar de ese comunicador de fuste que fue Miguel Pérez Estévez. Desde el micrófono de los distintos programas de radio en los que participó y desde las páginas de HOY CANELONES, Miguel registró para la comunidad todos esos sucesos destacados por la agenda de las instituciones pero, además y sobre todo, la voz de los vecinos, el registro de aquellos que muchas veces no son escuchados o tenidos en cuenta.

Con una cámara fotográfica y un curtido grabador a pilas en mano, sustituido luego por un celular o algún otro dispositivo virtual, Miguel estuvo siempre en el lugar indicado para captar la voz y la imagen de lo que sucedía en la ciudad pueblo y sus alrededores. Inauguraciones de obras públicas, conmemoraciones de fechas destacadas, actos escolares y liceales, aniversarios de la ciudad, problemáticas de colectivos diversos y de vecinos particulares, festividades de variado tenor (desde el Encuentro del Ovino y la Granja a la Fiesta del Salchichón, para mencionar solo dos extremos de un posible arco), la actividad del Club Atlético Cerrillos, las novedades del Baby Fútbol (institución de la que fue cofundador), todos los detalles del Carnaval Gaucho y del Raid Hípico Batalla de Las Piedras y un amplio etcétera forman parte de los contenidos que Miguel trabajó durante años desde su condición de comunicador.

Nada grafica mejor la deuda de una comunidad entera para con este gran vecino que las innumerables manifestaciones de dolor generadas por su pérdida, que se vienen escuchando desde el infausto sábado pasado. La multitudinaria misa por su descanso eterno en la Iglesia de San Miguel Arcángel en la mañana del domingo y el no menos populoso cortejo que acompañó sus restos al cementerio, evidencian esa congoja colectiva, esa búsqueda de resignación para asumir el hecho de que Miguel Pérez Estévez ya no está entre nosotros.

Una imagen con historia: Miguel realizando una entrevista en el Muelle Jackson del Parador Tajes, varios años atrás, con su entonces característico grabador. La foto fue compartida en estos días en redes sociales por Martín Gallinal Pérez, sobrino de Miguel.

Resulta muy difícil escribir una nota como esta en las mismas páginas de nuestra edición de los miércoles que, durante décadas, estuvieron a cargo de Miguel. En lo personal, me cuesta aceptar que ya no recibiré cada martes el correo electrónico de Miguel con el archivo de noticias y que ya no seré el primer lector del mismo, de cara al armado de la edición de sus páginas de los miércoles.

En la edición de este miércoles compartimos una despedida a Miguel Pérez Estévez, encabezada por una sentida nota escrita por Gerardo Molina, amigo de larga de data y compinche en diversos emprendimientos y actividades a lo largo del tiempo. Han sido tantas las manifestaciones de dolor y de despedida a Miguel que han llegado a nuestra redacción en estos días que las iremos compartiendo en sucesivas ediciones de los miércoles, al tiempo que nos proponemos mantener abiertas estas páginas para seguir informando sobre la actualidad y la historia de la ciudad pueblo. La entrega de Miguel Pérez Estévez a su comunidad y el legado que con tanta energía y desinterés construyó durante tanto tiempo, permanecerán sin duda encendidos.

Martín Bentancor

Editor

2 comentarios

  1. Leí con mucha atención y emoción las palabras de Martín Bentancor en su despedida a Miguel Pérez Estévez. Una semblanza que retrata con afecto a quien durante tantos años estuvo atento a cuanto sucedía en Los Cerrillos y su collar de «comarcas», al decir de Martín.
    Pero hubo un pasaje que, debo confesar, me provocó cierta sorpresa. Cuando Martín recorre nuestra tercera sección y escribe “desde Las Brujas a Belastiquí, desde Parador Tajes a Villa Nueva, desde El Colorado a Paso Garúa, desde Tropezón hasta Quinta de Leí con mucha atención y emoción las palabras de Martín Bentancor en su despedida a Miguel Pérez Estévez. Una semblanza que retrata con afecto a quien durante tantos años estuvo atento a cuanto sucedía en Los Cerrillos y su collar de «comarcas», al decir de Martín.
    Pero hubo un pasaje que, debo confesar, me provocó cierta sorpresa. Cuando Martín recorre nuestra tercera sección y escribe «desde Las Brujas a Belastiquí, desde Parador Tajes a Villa Nueva, desde El Colorado a Paso Garúa, desde Tropezón hasta Quinta de Illa”, eché de menos un nombre muy querido para mí: Paso del Bote.
    Y me sorprendió especialmente viniendo de Martín, porque Quinta de Illa no es el final de ese camino. El Camino Paso del Bote (ex ruta 46) continúa hasta llegar, precisamente, al paraje que le da nombre. Un lugar que no solamente forma parte de mis raíces, sino también, y de manera muy especial, de la historia familiar de Martín.
    Allí transcurrió buena parte de la vida de sus abuelos, Martín Bentancor y Florentina Machi, y allí fueron vecinos, camino por medio, de mi familia.
    Mi padre, que hoy tiene 100 años, todavía los recuerda a todos, uno por uno: Luis, Marcos, Antonio, Ismael, Emilia (Negra), Hilda (Viruja), María, Florentina (Coca) y Zulma. Con algunos de ellos, más cercanos en edad, compartió juegos de infancia y, entre tantos recuerdos, permanece especialmente el de aquellas famosas tortas brujas que Florentina preparaba entre las cenizas de la cocina a leña.
    También recuerda al Martín jefe de familia, todo un personaje, por sus ocurrencias y por aquella manera tan particular de ser que quedó en la memoria de quienes lo conocieron.
    Por eso, querido Martín, permíteme este pequeño tirón de orejas: cuando el recorrido llega a Quinta de Illa, todavía falta un poquito de camino:
    Paso del Bote también estaba allí.

  2. Leí con mucha atención y emoción las palabras de Martín Bentancor en su despedida a Miguel Pérez Estévez. Una semblanza que retrata con afecto a quien durante tantos años estuvo atento a cuanto sucedía en Los Cerrillos y su collar de “comarcas”, al decir de Martín.
    Pero hubo un pasaje que, debo confesar, me provocó cierta sorpresa. Cuando Martín recorre nuestra tercera sección y escribe “desde Las Brujas a Belastiquí, desde Parador Tajes a Villa Nueva, desde El Colorado a Paso Garúa, desde Tropezón hasta Quinta de Illa”, eché de menos un nombre muy querido para mí: Paso del Bote.
    Y me sorprendió especialmente viniendo de Martín, porque Quinta de Illa no es el final de ese camino. El Camino Paso del Bote (ex ruta 46) continúa hasta llegar, precisamente, al paraje que le da nombre. Un lugar que no solamente forma parte de mis raíces, sino también, y de manera muy especial, de la historia familiar de Martín.
    Allí transcurrió buena parte de la vida de sus abuelos, Martín Bentancor y Florentina Machi, y allí fueron vecinos, camino por medio, de mi familia.
    Mi padre, que hoy tiene 100 años, todavía los recuerda a todos, uno por uno: Luis, Marcos, Antonio, Ismael, Emilia (Negra), Hilda (Viruja), María, Florentina (Coca) y Zulma. Con algunos de ellos, más cercanos en edad, compartió juegos de infancia y, entre tantos recuerdos, permanece especialmente el de aquellas famosas tortas brujas que Florentina preparaba entre las cenizas de la cocina a leña.
    También recuerda al Martín jefe de familia, todo un personaje, por sus ocurrencias y por aquella manera tan particular de ser que quedó en la memoria de quienes lo conocieron.
    Por eso, querido Martín, permíteme este pequeño tirón de orejas: cuando el recorrido llega a Quinta de Illa, todavía falta un poquito de camino:
    Paso del Bote también estaba allí.

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