“Invito a detenernos un poco y pensar por qué solemos reaccionar de manera automática”
El libro ‘Antes de reaccionar’ se encuentra a la venta desde el pasado mes de abril e irá acompañado de una serie de talleres para adolescentes.
Guillermo Caraciolo es maragato. Es docente de Filosofía y licenciado en Educación. Forma parte, además, de la Fundación Montes, y con este colectivo está planificando dar talleres sobre la filosofía y las emociones en liceos. Como puntapié de estos talleres, y para seguir desarrollando un tema que trató en su tesis, Caraciolo escribió ‘Antes de reaccionar. Emociones y prejuicios en la vida social’, un libro el que narra situaciones cotidianas y dialoga con pensadores como Thomas Hobbes o Hannah Arendt, todo en un lenguaje ameno y apto para quienes no se encuentran tan cerca de la materia.
Guillermo Caraciolo dialogó con HOY CANELONES sobre los planteos de ‘Antes de reaccionar’ y la filosofía como herramienta para entender lo que nos pasa.

El libro trata sobre la filosofía y las emociones. ¿Qué decidiste abarcar dentro de esos dos universos tan amplios?
Yo me formé en Filosofía y ejercí la docencia entre el 2010 y 2019. Después me formé en Educación, en la Facultad de Humanidades, donde la defensa de mi tesis se basó en emociones y prejuicios. La defensa de la tesis fue el año pasado, tenía cosas escritas sobre emociones y prejuicios y la Fundación Montes me propuso generar un proyecto para realizar talleres de Filosofía para alumnos del liceo y, como puntapié inicial, generar un libro que hablara sobre emociones y prejuicios, utilizando la filosofía como una herramienta para analizar qué nos pasa a nosotros como sociedad emocionalmente. Para empezar a entender qué nos pasa emocionalmente, tanto individual como socialmente, en una sociedad que se ha acostumbrado muchas veces a reaccionar y donde generalmente no media la reflexión. Este libro invita a detenernos y reflexionar, a hacer un ejercicio de introspección, como lo invita siempre la filosofía, para empezar a construir comunidad.
En el libro hay preguntas que son como un puntapié. Una de ellas es qué lugar ocupan las emociones en la vida social. Hasta qué punto, por ejemplo, el miedo, el odio, la vergüenza o la indiferencia forman parte de cómo miramos nosotros a la sociedad. También hay conceptos, como indiferencia y exclusión, que tienen que ver con las emociones, y aparece el concepto de normalidad. ¿Qué es la normalidad para nosotros? ¿Por qué la sociedad se construye desde parámetros normales y todo lo que está por fuera de eso está excluido o invisibilizado? El libro propone un recorrido filosófico sobre lo cotidiano, donde cruzo los conceptos de prejuicios y emociones, entendidas como asuntos privados de nuestra vida y también como fuerzas que organizan los vínculos, los discursos, las instituciones y la forma que decidimos convivir con el otro.
En otra nota decías que el libro no es un manual de autoayuda pero tampoco es un tratado de filosofía. ¿Lo puede leer todo el mundo?
Me gusta aclarar eso porque está pensado en un lenguaje muy cotidiano, es una lectura muy amena. No soy guía y no me gusta escribir sobre autoayuda. En este libro no hay recetas. Tampoco es un tratado académico de Filosofía. Narra situaciones muy cotidianas, como una discusión familiar y qué pasa emocionalmente, por ejemplo, cuando hay un intercambio, cuando los padres rezongan o le ponen límites a sus hijos, cómo reacciona el hijo, por qué aparecen esas reacciones ahí, por qué aparecen emociones… Narro situaciones muy cotidianas, en la vía pública, en el trabajo. Lo que hago en el recorrido del libro es dialogar con muchos filósofos, por ejemplo (Hans-Georg) Gadamer, (Thomas) Hobbes, Hannah Arendt, (Friedrich) Nietzsche, (Baruch) Spinoza y Simone Weil, entre un montón de pensadores que hablan sobre emociones. Lo importante y lo que me gusta más del libro es que yo traigo siempre escenas muy reconocibles de la vida diaria e invito a poner un freno, a detenernos un poco y pensar por qué generalmente solemos reaccionar de manera automática.

¿Creés que estamos en una época donde se reacciona más que antes o es algo que ya viene de hace tiempo esto de ir derecho a la reacción o no pensar en algunas cosas?
Creo que toda la sociedad es producto de una evolución, que no llegamos al momento actual de la nada y seguramente haya muchos sucesos en las últimas décadas que nos han llevado a tener una sociedad que básicamente reacciona. También hay elementos que se han ido incorporando socialmente, que antes no existían, como la tecnología o todo el caudal de información constante que hay, lo que hace que esta sociedad muchas veces le dé un premio a la velocidad y no tanto a la reflexión. Tenemos mucha información a la que reaccionamos constantemente, muchas situaciones cotidianas a las que reaccionamos constantemente, y no tenemos el espacio para reflexionar, para entender cómo reacciono ante ciertas circunstancias y menos para entender al otro. Entonces hay situaciones como las emociones, o valores como la empatía, que cada vez son más difíciles de conseguir y de fomentar.
¿Hay interés por la Filosofía en los jóvenes de San José?
Sí. De hecho, la directora del Liceo Departamental de San José nos expresaba cómo los gurises quieren entender ciertas circunstancias, ciertas cosas que les pasan. Uno de los fenómenos que ellos viven a flor de piel y que hay un trabajo de ellos mismos de querer entender qué es el bullying. Quieren saber por qué pasa, qué es ese fenómeno, por qué pasa, por qué ahora ha explotado tanto. Creen que la filosofía es una herramienta importante y la generación de estos talleres los tiene muy entusiasmados para el año liceal que viene.
Y en tu caso, ¿cuando eras joven y decidiste estudiar Filosofía tenías información de por dónde ir? ¿Fue algo que fuiste buscando? ¿Cómo fue el hecho de conectarte con la Filosofía en otra época y en el interior?
Fue raro. La filosofía aparece en mi vida como un refugio. Siempre traté de entender circunstancias y siempre fui muy inquieto en ese sentido. Y tuve una excelente docente en Filosofía, creo que fue en Quinto de liceo, de esos docentes que te marcan y te muestran algo distinto a lo que estás acostumbrado. Cuando elegí estudiar Docencia en Filosofía, estaba entre filosofía e historia y ahí apareció la Filosofía como un refugio teórico y como esa herramienta que también me servía para nombrar eso que yo no podía nombrar, que yo no entendía.
Fernando Guerrero

