“Sin biodiversidad literaria se complica”
Ignacio Fernández de Palleja, poeta y narrador oriundo de Treinta y Tres pero aquerenciado, por gajes del oficio (docente) en Maldonado, acaba de publicar su segundo libro de relatos, ‘Relajo’, a través de la infatigable editorial Trópico Sur. El libro, presentado en Montevideo y en Maldonado, motivó esta charla con HOY CANELONES.
¿Cuánto hay del poeta Fernández de Palleja en los relatos de ‘Relajo’, su segundo libro de cuentos?
Es algo difícil de saber, en primer lugar por la dificultad que tengo para considerarme “poeta” o cualquier otra cosa. En todo caso, yo soy uno solo y la literatura también. Y el lenguaje, que es algo más amplio que la literatura. Tal vez la continuidad que pueda haber entre lo que hago al escribir poemas y narrativa es el cuidado del lenguaje, intentando al mismo tiempo darle valor al habla de donde soy, que tenga un componente de ruptura y equilibrio estéticos y que no se convierta en un artefacto que se cierra sobre sí mismo.
Me parece que, de algún modo, hay una operación política en la escritura, desde el momento que tengo una intención de influir en algo, aunque no sé muy bien si logro pasar del intento. Después, por supuesto, corresponde anotar que la poesía y la narrativa insumen otros tiempos y modalidades de trabajo, en lo que a mí respecta a causa del volumen de texto. No es lo mismo hacer jueguitos con la pelota, jugar al fútbol cinco o en cancha grande, haciendo la salvedad de que no puedo hacer nada de eso.
¿Cómo se ubica dentro del plano de la nueva o actual generación de escritores uruguayos?
No sé si me ubico, pero está claro que hay un grupo de gente escribiendo, de más o menos los mismos treinta y pico y en coordenadas geográficas muy cercanas. No sabría decir si lo que yo hago se parece al trabajo de ese grupo, pero de repente alguien que lo mira de afuera puede encontrar puntos en común. Lo que sí puedo decir es que me gusta el trabajo de varios de estos coetáneos, como lo que ha hecho Damián González Bertolino, la prosa potente de Leonardo Cabrera, el trabajo de Martín Bentancor, los cuentos de Manuel Soriano, todos ellos me parece que le dan un muy buen cuerpo a la literatura uruguaya, para mí son cortes de exportación, además de Valentín Trujillo, Pedro Peña o Rodolfo Santullo, que vienen todos trabajando en sus líneas. Me gusta mucho también la poesía de Leonardo de León y de Horacio Cavallo. Me interesa la voz siempre provocadora de Martín Palacio Gamboa y también espero mucho de Matías Núñez, que este año apareció con su ‘Yugoslavia’. También debo decir que me quedan unas cuantas cosas por leer.

Cuénteme el proceso del libro. ¿Los cuentos fueron escritos pensando en una unidad como libro, surgieron en diferentes momentos… cómo fue?
El primer cuento del libro fue el primero que escribí y salió natural, sin que me lo propusiera. Lo fui escribiendo por partes, con mucha calma, y fue saliendo el espíritu de lo que después fue el libro. Después me gustó explorar en esa línea y retorcerla, buscarle más posibilidades, así que sí puedo hablar de una unidad. También hubo un texto que descarté porque estaba demasiado retorcido y ni yo lo entendía.
¿Qué diferencias hay entre escribir un poema y escribir un cuento? ¿Puede hablarse de una predisposición especial del autor ante las palabras en cada caso o el procedimiento es el mismo?
Para mí, el procedimiento no es el mismo. Me resulta más fácil escribir un poema que un cuento. El poema puede tomarme por asalto y escribirse solo, en un acto casi fisiológico, sobre todo si uno ya tiene cierto rodaje, cierta intimidad con las formas, ya sea para adherir a ellas o para driblearlas. La historia también me puede venir bastante entera, pero me insume un proceso mayor de escritura y reescritura, eso sin hablar de las correcciones. Además, a veces los personajes se rebelan y hacen lo que quieren, y es mejor.
Todo escritor tiene sus manías y sus ritos al momento de escribir. ¿Cuáles son los suyos?
Una vez se lo pregunté a mi jefa de hogar y me dijo lo siguiente: “tenés que escuchar música”, “tenés que terminar la idea para después hablar y decís ‘ya voy’”
‘Relajo’ fue editado por Trópico Sur, una editorial que viene creciendo a pasos agigantados pese a ubicarse en cierto margen, por fuera del centralismo editorial montevideano. ¿Cómo fue la experiencia de editar con Trópico Sur?
Trópico Sur es una editorial eficiente y viajera. Me encanta el diseño de los libros, tanto en el interior como en el arte de las portadas. Además, me interesa mucho que siga creciendo por eso mismo que decís, porque resulta una opción más que logra dar cuenta de literaturas que están fuera de los centralismos, tanto el montevideano como el bonaerense. Al respecto, hay que apuntar que dentro del catálogo de la editorial hay gente de Uruguay -¡y del interior!-, de Argentina, de Paraguay y hasta de Perú. Podría poner que de Brasil por el minilibro (‘Homo poemas’) de Alfredo Fressia, pero Fressia es uruguayo. Hay que reclamarlo antes de que los brasileros se lo roben. Me parece que el crecimiento de Trópico Sur sería bien interesante para el panorama editorial de la región porque aporta una mirada diferente. Sin biodiversidad literaria se complica.

Me da la impresión que, a la hora de buscar coincidencias entre los cuatro cuentos del libro, podríamos hablar de la noción de transformación, por ejemplo de los personajes pero también del lenguaje, del discurso. ¿Hay algo de eso?
Casi que solo hay eso. Los personajes se transforman, primero abusando de mi poder de creación y después ellos teniendo que adaptarse a esas circunstancias extrañas que les tocan, todas vinculadas con cuestiones de género. La discusión sobre el género la tengo muy presente y me parece que la literatura tiene que hincarle el diente para cuestionar, desarmar y volver a armar, así como sugería la Guía de Educación Sexual que al flamante Cardenal le parecía que violaba la laicidad. Y, como los personajes lo hacen, el discurso acompaña ya que, casi siempre, la narración se hace desde el punto de vista de los personajes.
Le presto mucha atención al registro de cada personaje según su género, su edad o su origen social. Me acuerdo de haber leído, cuando todavía era bastante gurí, una novela de uno de nuestros más consagrados escritores en la que los personajes proferían unos elaborados panfletos políticos y tengo muy presente que me dieron ganas de escribirle para decírselo. Así que, en última instancia, lo que hago con las voces de los personajes tal vez sea responderle al hombre. Por cierto, estoy muy de acuerdo con lo que han hecho otros, como Delgado Aparaín, Morosoli, Serafín J. García, Arregui, Paco Espínola. Para mí que es la consciencia de las variedades lingüísticas que tenemos los que nos criamos en un pueblo y un día vamos a la capital y todo nos suena raro, y nos dicen que somos nosotros los que hablamos mal. Complejo de Edipo, pero cuando va entrando a Tebas y la Esfinge lo basurea.
Viviana Negredo

