En busca del agua

Pareja
Robinson y María Rosa, cincuenta y dos años juntos, trabajando juntos en la actualidad.
Para muchos será una historia sin importancia, perdida en el vaivén de estos tiempos, donde en las ciudades ocurren muchas cosas (aunque Canelones en enero parece un pueblo del Lejano Oeste); para otros, se constituirá en una historia de vida, en una forma de luchar contra las adversidades para lograr una victoria, una recompensa.
Robinson Lotito y María Rosa Ramos se casaron cincuenta y dos años atrás (lo que ya significa un verdadero hecho a celebrar a la luz de estos tiempos); tuvieron seis hijos y hoy cuentan, además, con varios nietos y hasta con un bisnieto. Llegaron a Canelones en el año 2000, desde la calurosa Rivera, para establecerse en Paso la Cadena (Ruta 64 Km. 13), cerca de la capital departamental.
Robinson y María Rosa son los dueños de ‘La Misteriosa’, una antigua máquina de hacer pozos con la que se ganan la vida. Ayer, HOY CANELONES los localizó en el predio anexo a la Cancha de Fátima (por calle Herrera y continuación Carlos Gardel), donde se encuentran avanzando en un pozo que, según sus predicciones, esta tarde manará agua.
‘La Misteriosa’
“El dueño de acá, de este predio, cuando me vio llegar con la herramienta se asustó. No podía creer que era cierto que con esto yo iba a sacar agua”, cuenta entre sonrisas Robinson Lotito, de 73 años, nacido en Rivera, en la zona de frontera, por lo que su acento brasileño aparece muy claro al hablar. “Es una máquina casera que hicimos nosotros. Hace unos años la vendimos y la volvimos a comprar… de tan buena que es”, añade.
“Lo que hacemos con esta máquina es una forma de transmitirle una experiencia a la juventud”, cuenta este rabdomante y pocero, de envidiable vitalidad, durante una pausa en su labor. “Hoy por hoy yo tengo nietos que hacen gimnasia y pagan para eso; yo hago lo mismo con esta máquina. Soy una persona que tuve cáncer, peritonitis y apéndice y, gracias a Dios, seguimos trabajando con la vieja (por su esposa) sin problema ninguno. Tenemos salud, creemos en Dios y vivimos el día a día y creo que esto que nosotros hacemos, para la juventud que nos mira, es muy importante: la única manera de dormir tranquilo es trabajar, ganándose el peso trabajando”, dice.
Antes de dedicarse a hacer pozos con ‘La Misteriosa’, Robinson Lotito supo ser hombre de mil oficios. “Se hacer quesos, sé hacer dulces y sé contrabandear, que era mi oficio en la frontera. Fui quilero a caballo por la frontera, porque me gustaba andar a caballo. A Canelones me trajo la crisis y acá volví a empezar. Con 60 años volví a cuidar vacas en la calle, como lo hacía cuando era niño en Rivera, tal como mi madre me enseñó a trabajar”, relata. Y agrega: “Nuestro hijo menor, de 33 años, nació sin brazos y jamás en la vida, ni nosotros ni él, pedimos nada. Él hace su vida, enseña música y hoy en día trabaja en la Intendencia de Montevideo. Todo con voluntad, superación y trabajo”.
El oficio
La labor de rabdomante es, en realidad, un don. Este cronista pudo comprobarlo ayer cuando, invitado por Robinson Lotito, tomó entre sus manos el alambre tensado con el que se busca el agua bajo la tierra. Los vaivenes que adopta el alambre cuando se ubica sobre una fuente de agua surgen de forma natural, sin mediación de máquinas o de la mano del hombre. Cuando Lotito ubicó el alambre sobre el punto exacto donde está construyendo el pozo, el alambre comenzó a girar de forma compulsiva, lo que no ocurría si el ‘dispositivo’ era ubicado en otra zona del terreno. “Esto no lo pueden hacer todas las personas, es como un don. Vos quisiste usarlo y no pasó nada”, dijo.
Consultado sobre cuándo comenzó a desarrollar ese don, Lotito indicó que fue “por una cuestión de supervivencia. En un momento probás cosas y te salen bien. A mí me motivó la necesidad de ganar el pan”.
El trabajo que realizan Robinson Lotito y María Rosa Ramos es muy variado, dependiendo del terreno, la profundidad del agua y de otros factores. “Por mi trabajo yo cobro 2.000 pesos el metro de profundidad con agua garantida. Si no encuentro agua no cobro ni hago”, contó. La cantidad de pozos que hacen Robinson y María Rosa es variada, dependiendo de la zona y de las necesidades de la gente. “A las máquinas grandes no les sirve hacer un pozo de cinco metros y nosotros sí los hacemos”, agregó.
Martín Bentancor

