Con el escritor Guillermo Degiovanangelo, a propósito de su nuevo libro ‘Aquella vieja fotografía’

Guillermo Degiovanangelo publicó recientemente ‘Aquella vieja fotografía’, su tercer tomo de biografías poemáticas.

“Hoy es el día de crear, de hacer”

Guillermo Degiovanangelo publicó recientemente ‘Aquella vieja fotografía’, su tercer tomo de biografías poemáticas. La obra homenajea a artistas, escritores y pensadores variados, desde Simone de Beauvoir hasta Javiel Raúl Cabrera.

La portada del libro tiene una imagen de principios de los ochenta, en la que Degiovanangelo está apoyado en el muro de la Quinta Capurro, en Santa Lucía, junto a Leonel Dárdano y Máximo Fuentes. En su nuevo libro, el escritor regresa a esas épocas y se va más atrás. Escribe poemas o canta sobre personajes de la ciudad de Canelones, Santa Lucía, Francia, Argentina, Alemania y una lista larga de lugares. Viaja al pasado pero no se queda en el tiempo. Crea en el presente y siembra en el futuro.

¿Cuál fue el criterio para elegir a las figuras abordadas en los poemas? Porque la selección es bien variada…
‘Aquella vieja fotografía’ supone mi libro número 17, y es, a su vez, el tomo tercero de lo que he llamado ‘Biografías poemáticas’, como se llama el primer tomo de 2018, al que luego siguió en 2021 ‘Aventureros del espíritu’. En estos tres volúmenes canto a unos setenta creadores y creadoras de diversas disciplinas. La elección viene desde hace muchos años atrás, de cuando me surgió la idea, allá por el año 1994, y comencé con intenciones de explicar a mis amigos (había titulado ese intento de trabajo como ‘Variaciones para mis amigos’) de dónde surgía mi interés por la literatura, la historia, la filosofía y las diversas artes (en especial la música y la pintura). Comencé a hacer una lista con esos autores que me conmovieron desde la temprana adolescencia y llegué a superar ampliamente los doscientos. Recién en 2014 comencé, con otra manera de encarar los textos, con estos poemas biográficos. No he buscado ningún orden preestablecido, simplemente en cada tomo llevan un orden alfabético y van saliendo de acuerdo a mi estado de ánimo… Siempre me queda mucho más en el tintero. Intento contagiar a los lectores, a través de esta obra, con el mundo creativo de los autores a quienes canto. Con este mínimo grano que hoy esparzo, me presento ante el mundo nuevamente, convencido de que ‘Aquella vieja fotografía’ no caerá en tierra estéril, porque mi intención no ha sido nunca buscar el minuto eficaz sino la trascendencia de mi obra.

El libro está dedicado a Leonel Dárdano y a Raúl Tabárez, ambos ya fallecidos…
Vuelvo al libro anterior, ‘Aventureros del espíritu’, ya que cuando presentaba ese libro en la ciudad de Santa Lucía, en 2021, mostraba un cuadro con una vieja fotografía en la que estábamos apoyados al muro de la Quinta Capurro: Máximo Fuentes, Leonel Dárdano y yo. El libro ‘Aventureros del espíritu’ está dedicado a Máximo Fuentes, que falleció en noviembre de 2020, el dibujo de la tapa es obra de él, esa presentación era al año de su fallecimiento y Leonel Dárdano se encontraba en estado delicado. Unos días después falleció Leonel en Canelones. El tema de la fotografía era para mostrar a esos tres muchachos en una etapa en la que, en el caso de Leonel y mío, estábamos a punto de despegar en nuestras creaciones. Si bien Leonel todavía no había fundado el Teatro Eslabón, sí tenía la pasión por el teatro y lo desarrollaba en el Teatro Municipal. Lo que yo quería destacar al mostrar la fotografía, y es lo que siempre intento hacer, es la importancia del enriquecimiento espiritual, que desde adolescentes hemos tenido y que luego se convirtió en la principal herramienta para nuestros futuros trabajos. La convivencia entre Máximo, Leonel y yo, además de Raúl Tabárez, ha significado mucho para cualquiera de los cuatro. Hoy este libro tiene en la cubierta la imagen que describí, de comienzos de los ochenta. Hay muchas fotografías anteriores a esta en la que estamos los cuatro o tres de nosotros, y cada una siempre remite, en mi caso, al mismo concepto: ¿sabíamos en aquel entonces la obra que desarrollaríamos en un futuro? En realidad, sí. Sabíamos que por algún lado la creación iba a saltar. Desde muy jóvenes, y te hablo de cuando teníamos entre 15 a 20 años, sabíamos que nos esperaba una obra para realizar.

¿Qué significaron estos tres amigos para usted y cómo los describiría a cada uno?
En el año 1969, en la Secundaria, los conocí a los tres; Leonel y Raúl tenían 15 años, Máximo un poco más y yo aún no había cumplido los 13. Ellos estaban en clases más adelantadas, pero eso no fue impedimento para que nos relacionáramos y compartiéramos nuestras inquietudes. Nos interesaba la literatura, la historia, la filosofía, la música, la pintura, el cine, la fotografía y el teatro, pero no de la manera que se enseñaba en el liceo, buscábamos más allá. Máximo Fuentes, oriundo de Santa Lucía que cursaba preparatorios de arquitectura en Canelones, dibujaba, pintaba y tocaba el violín. Años de avidez cultural, cada uno exploraba por su lado y luego compartíamos. Leonel Dárdano y Luis González (‘El Veleta’) crearon un programa radial, ‘Torrente Beat’, que se emitía por Radio Canelones los sábados a la tarde. Como yo era el que proveía de material musical y de información, ya que coleccionaba revistas de rock y tenía una muy variada discoteca, me nombraron “asesor técnico”. Ellos eran los locutores; la cortina musical era de Los Delfines, el tema ‘You really got me’, cover de The Kinks. Por ese programa pasaron varios músicos locales, como Beto Satragni, entre otros, y difundíamos las actividades de esos grupos canarios. Se cubrió el recital que hizo Pot Zenda y el Cuarto Poder en el Centro Comercial, que vinieron desde Buenos Aires, donde tocaba el guitarrista canario Daniel Russo, se les hizo un reportaje y estuvimos pasando esas cosas durante varios programas. El programa fue emitido desde 1970 hasta marzo o abril de 1972. Cuando los Tupamaros fugaron del penal de Punta Carretas (setiembre de 1971), hablando lo menos posible, ‘Torrente Beat’ irradió, de El Sindykato, ‘La fuga de la carbonería’, un tema de ese conjunto que cantaba la fuga del penal de Punta Carretas, en 1931, por parte de un grupo de anarquistas. Una y otra vez la canción sonó en aquella tarde de setiembre.

En estos tres tomos de biografías poemáticas hay varios canarios a los que canta. ¿Faltan espacios para difundir a los creadores locales?
En estos tres tomos canto al pintor Ángel ‘Lito’ Saibene, al escritor Milton Stelardo y al artista y director escénico Leonel Dárdano, los tres de Canelones, y de Santa Lucía al artista plástico Máximo Fuentes, al pedagogo, biólogo y filósofo Clemente Estable y al poeta Álvaro Armando Vasseur. En cuanto a si faltan espacios de difusión local… yo te diría que Uruguay es un pequeño país mezquino, “anticultural”. Desde el año 2006 es el único país en toda América que no tiene una ley de protección al autor nacional. En Uruguay se pisotean los derechos de autor de mil maneras diferentes. Cuando regresé de Nueva York, a principios de 2006 (adonde había estado tres años tratando de recuperar lo que el Estado uruguayo y el imperio me habían robado en la crisis de 2002), escuché una noticia en una radio donde se decía que “Uruguay pasaba a ser ahora el país más anticultural de toda América”. Esa afirmación (que yo repito en esta entrevista) se refería a que en esos momentos Paraguay había aprobado la ley de protección al autor nacional y por lo tanto Uruguay era el único que no tenía dicha ley. Desde hace setenta años duerme en los cajones del Parlamento… Hacia fines del Gobierno anterior se aprobó en el Parlamento la extensión de derecho de autor de 50 a 70 años post mortem. Fue muy aplaudida porque, según se decía, ponía a Uruguay a la altura de los países europeos, pero esto trae muchos inconvenientes, porque obras que ya estaban en el dominio público pasaron nuevamente al ámbito privado (con los problemas legales que esto genera) y lo que es peor, muchos autores desconocidos van a sufrir y seguir sufriendo el anonimato total.

Hay una frase en uno de sus poemas que dice que “panear la obra de Spinetta es repasar mi propia vida”. ¿Escribir este libro, que de alguna manera repasa su vida y su pasado a través de figuras que lo marcaron, provocó en usted nostalgia o el sentimiento removido fue otro?
Escribir este libro supuso mucho. Somos la suma del pasado y lo que se desprendió de él, decía el poeta del Romanticismo alemán Novalis. Para todo acto de creación el pasado es imprescindible. El futuro es el lugar donde vamos a sembrar el trabajo que estamos haciendo hoy, inspirados y apoyados por el pasado; por eso hoy es el día de crear, de hacer.

F.G.