Azucena Rellan, maestra, secretaria, bibliotecaria, guía turística y una vocación de ayuda siempre presente


“Me sentí discriminada por ser pobre”

Azucena Rellan es jubilada. Fue maestra de profesión pero asumió otros cargos en el ámbito público y privado. Se recibió de guía turística y hasta aprendió a conducir a los 68 años. Desde el año 2022 es la presidenta de AJUPENCA.

En esta entrega de la serie Historias de Mujeres, HOY CANELONES dialogó con una mujer querida y conocida por los vecinos de la capital del departamento canario, que también desempeñó varias tareas en la capital del país. Azucena Rellan tiene una vocación de ayuda al prójimo que la hace una mujer valorable y destacada.
Nació en 1950 en el barrio La Cantera, de la ciudad de Canelones. Vivió allí con sus padres y cuatro hermanos. A lo largo de la entrevista, manifestó que recibió discriminación por pertenecer a una familia de bajos recursos y asistir a colegios y a la carrera de Magisterio con becas que pagaba la Caja de Asignaciones. Se casó, se divorció y tuvo dos hijos. Uno de ellos falleció hace unos años. Se recibió de maestra en 1971, ejerciendo en escuelas rurales y urbanas. La vida le dio la oportunidad de desempeñarse en otras propuestas laborales. Un hecho anecdótico es que Rellan tomó la decisión a sus 68 años de comprarse un auto automático, tomar clases de manejo y adquirir la licencia de conducir y por tanto su independencia.
Azucena Rellan se presentó en 2022 como única candidata a presidenta de la Primera Asociación de Jubilados y Pensionistas (AJUPENCA) de Canelones y desde entonces aplica la vocación heredada por su madre de ayudar al otro.

Azucena Rellan contó que “me recibí de maestra el 10 de marzo de 1971. Trabajé varios años en escuelas rurales y luego muchos años fui maestra en la Escuela N° 101, de la ciudad de Canelones. Cuando estaba trabajando allí necesitaban una bibliotecaria para el Instituto de Formación Docente (IFD) y me ofrecieron hacer ambas cosas”.

Varias puertas
Rellan contó que su madre sólo cursó Primaria y era ama de casa. Su padre trabajó desde los 18 años pero era analfabeto. Aprendió a hacer su firma cuando comenzó el noviazgo con su esposa. En edad escolar, Rellan o alguno de sus hermanos lo ayudaban a escribir. A los 16 años, Azucena comenzó la carrera de Magisterio en Montevideo. “Los dos primeros años de la carrera viajaba en tren mediante una beca que pagaba la Caja de Asignaciones”, recordó. Relató que “me recibí de maestra el 10 de marzo de 1971. Trabajé varios años en escuelas rurales y luego muchos años fui maestra en la Escuela N° 101, de la ciudad de Canelones. Cuando estaba trabajando allí necesitaban una bibliotecaria para el Instituto de Formación Docente (IFD) y me ofrecieron hacer ambas cosas. Al tiempo, surgió un cargo de ayudante en la dirección (del IFD) y lo asumí. Después se liberó el cargo de secretaria en el IFD, concursé, gané el puesto y dejé mi cargo de maestra en Primaria”. Agregó que “en 2004 me llaman de Montevideo, que estaba en una lista de ordenamiento de la secretaría del interior y aparentemente cumplía con los requisitos y fui elegida para ocupar el cargo de secretaria privada en Formación Docente en Montevideo”.
Rellan se jubiló en 2008. Al retirarse de la actividad laboral, terminó de cursar Quinto y Sexto Biológico en Secundaria (cabe recordar que a partir de Cuarto Año se podía cursar Magisterio), porque su deseo era ser veterinaria. El magisterio era un pedido de su madre. Cursó la Universidad solo unos meses porque la salud a esa edad no le permitió continuar. Posteriormente cursó en UTU la carrera de Guía Turística, la cual nunca ejerció. “A los 68 años aprendí a manejar, me compré un auto automático y manejo a donde sea”, contó alegremente Rellan.

De servicio
“Nuestra casa se convirtió en un merendero. Había una pieza que estaba vacía y con mis hermanos jugábamos con los niños del barrio y a veces les prestábamos ropa para cambiarse, tomaban la merienda con nosotros y mi madre empezó a enseñarles a las mamás de esos niños economía doméstica: cómo cuidar los pocos pesos que tenían, cuidar la ropa, etc.”, explicó Rellan. Continuó contando que “mamá recibió mucho apoyo de familias y comercios de Canelones. Por ejemplo, la dueña de la Confitería El Molino nos daba los bizcochos que no se vendían en el día, los íbamos a buscar y los repartíamos entre los niños que iban a casa. La señora del (ex) intendente (Tabaré Hackenbruch) nos daba leche en polvo y cocoa. Mi madre tenía un merendero y no solo para los niños, sino que también para el adulto que lo necesitaba”. Acotó que “yo le leía cuentos a los niños en las tardes. Pienso que de todo este trabajo que a mi mamá le gustaba, nació en mí esto de ayudar al otro”.
Nuestra entrevistada manifestó que en su época de estudiante “me sentí discriminada por ser pobre. Me discriminaban porque era una chica becada que no tenía plata. Tenía compañeras tanto en el colegio como en Magisterio de mucho dinero y bien vestidas”.

AJUPENCA
“Hace muchos años que soy socia de la Primera Asociación de Jubilados y Pensionistas de Canelones. Entonces la comisión anterior que estaba extendió su período por la pandemia y me llamaron para que me postulara. Me votaron varios vecinos y asumí en 2022 hasta mayo del 2025”, dijo la presidenta de AJUPENCA.
Con respecto al rol de la mujer en la Asociación, Rellan señaló que “son las que más vienen. El varón no se anima a realizar actividades”. Informó que con el tiempo se construyó una importante biblioteca, con ejemplares de interés y que tienen planificado enviar a la Cárcel de Canelones varios de dichos libros.

Mensaje a las mujeres
Rellan brindó el consejo de que “está permitido caer, pero está obligado levantarse”. Añadió como mensaje hacia las mujeres que “no te agobies mirando hacia abajo, porque si recibes un golpe llegás más pronto al suelo y, además, si caminás agobiada se te puede caer la corona”.

Jennifer Cassarino