Con el oceanógrafo Mario Batalles, sobre las acciones a tomar para proteger el Río Santa Lucía

Para el oceanógrafo Mario Batalles, el Río Santa Lucía se mantiene en buenas condiciones pero existen problemas a afrontar, como la cantidad de nutrientes y químicos utilizados para la agricultura que van a parar a la fuente de agua.

“Lo único que falta es que haya soja hidropónica, porque prácticamente plantan hasta el borde del río”

La sequía y los problemas de abastecimiento de agua potable del pasado año llevaron a poner nuevamente en debate la situación de la Cuenca del Río Santa Lucía.

Para el oceanógrafo Mario Batalles, presidente de la Asociación Oceanográfica Uruguaya y exdirector de Biodiversidad del Ministerio de Ambiente, el Río Santa Lucía se mantiene en buenas condiciones pero existen problemas a afrontar, entre ellos la cantidad de nutrientes y químicos utilizados para la agricultura que van a parar a la fuente de agua. Batalles dialogó con HOY CANELONES sobre el estado del Río Santa Lucía, las acciones que podrían realizarse para protegerlo y la biodiversidad de la cuenca que abastece de agua a dos millones de uruguayos.

¿Cómo evalúa la situación del Río Santa Lucía?
Mantiene las características generales pero el problema es que hay un gran desarrollo de la parte agrícola a lo largo de la cuenca, que muchas veces implica el uso intenso de agroquímicos. Como está cambiando el clima y la meteorología en general, se producen fuertes precipitaciones con arrastre importante de los excesos (de agroquímicos) que quedan en la superficie. Esto implica que, en el curso de agua, haya floraciones algales importantes. También la presencia de tambos con tratamiento final, que muchas veces terminan en el propio río, genera ese exceso de nutrientes que termina en un deterioro de la calidad del agua.

Si bien es oceanográfica, la asociación que usted preside también se ocupa de los ríos…
Hacemos un seguimiento de la mayoría de los cursos de agua que desembocan en el Río de la Plata y el Océano Atlántico. Buena parte del océano ingresa con su cuña salina a buena parte del departamento de San José y Colonia, esto implica que también está sometido a todo el desarrollo de la parte agrícola.

¿Las actividades de cultivo y tambo deben alejarse para frenar el deterioro del agua o se puede encontrar una medida paliativa?
Generalmente, los tambos tienen piletas de tratamiento que muchas veces, por el exceso del agua en las tormentas, se vinculan con pequeños arroyos o cañadas que terminan llegando al propio río. Hemos manejado una reutilización de esos sólidos que quedan del tratamiento de los tambos incluso para generar energía, con biodigestores. En ese caso, principalmente la Intendencia de San José, y parte de la de Canelones, deberían colaborar para disminuir costos de extracción y generar energías para los diferentes tambos.
Lo otro es aplicar la norma, que existe, para evitar que se termine plantando prácticamente en el agua. Muchas veces he dicho que lo único que falta es que hagamos soja hidropónica, porque prácticamente plantan hasta el borde del río, cuando debemos tener una zona de amortiguación de cien metros con referencia al curso de agua.

Usted se desempeñó en el Ministerio de Ambiente hasta enero de 2023, cuando se jubiló. ¿Estuvo en el equipo de evaluación del Proyecto Arazatí? ¿Tiene alguna opinión personal de la propuesta?
Si bien hubo consultas a Biodiversidad, el Proyecto Arazatí fue evaluado por la División de Impacto Ambiental. En definitiva, es parte de una reserva de agua dulce, que quizás en su ubicación tenga algunos problemas. Las épocas de sequía, como la que pasamos el año pasado, implican muchísimo menor aporte tanto del Río Uruguay como del Santa Lucía y todos los afluentes que desembocan en esa zona. La cuña salina entra por debajo del agua dulce, y al haber menor agua dulce, menor freno al agua salada, puede llegar a contaminarse (por la salubridad). Habría que tomar medidas desde el punto de vista técnico para cuando se de ese tipo de fenómenos. El problema es que la sequía se está repitiendo frecuentemente.
El otro problema, ya planteado por la academia, es que si no controlamos la presencia de cultivos y nutrientes que se dan para mejorar las producciones, se generará el desarrollo de cianobacterias, que también son tóxicas para el ser humano. Todo es posible, pero los costos serían enormes.

Más allá del agua que podamos consumir los seres humanos, ¿de qué manera afectan estas problemáticas a la biodiversidad de la zona?
Uno de los problemas graves no es que necesariamente que afecte a determinados organismos sino que muchas veces puede fortalecer a algunos organismos en detrimento general de los demás. Las cianobacterias, por ejemplo, generan determinados componentes que lo que hacen es inhibir el crecimiento o la presencia de otros organismos que son competidores.

Fernando Guerrero