Algoritmo versus poesía

El legendario artista, fallecido a los 82 años, deja tras de sí una obra inigualable, tan personal como genial.

La noticia trascendió en las redes sociales y fue recogida, entre otros medios, por el diario argentino La Nación, el pasado fin de semana. El escritor argentino, radicado en España, Jonio González, publicó días atrás en su muro de Facebook un poema del cantautor y poeta canadiense Leonard Cohen. El poema, llamado ‘Genius’ pertenece al libro ‘The Spice-Box of Earth’, publicado por Cohen en el año 1961. En su muro de Facebook, González publicó una traducción al español del poema, realizada por Lucrecia Arcos Alcaraz. 

A las pocas horas de publicado el poema, Facebook lo eliminó y se comunicó con el responsable del muro para informarle sobre lo que, según sus estatutos, representa una violación de los mismos. En el maravilloso poema ‘Genius’, Cohen parte de su propia condición de judío para desarrollar un tema amoroso con diversos tópicos sobre la religión. “Por ti / seré un judío de gueto / y bailaré / y me pondré medias blancas  / en mis piernas torcidas / y envenenaré pozos / por todo el pueblo”, dice la primera estrofa en la citada traducción de Lucrecia Arcos Alcaraz. Y en el segundo: “Por ti / seré un judío apóstata / y le contaré al padre español / sobre el juramento de sangre / en el Talmud / y dónde están escondidos / los huesos del niño”.

En otra publicación en Facebook, el propio Jonio González describió así la situación: “En mi muro publiqué el poema ‘El genio’, en el que Cohen ironiza sobre su condición de judío. Facebook lo borró del muro y me anunció que restringían mis publicaciones durante veintinueve días. Recurrí y levantaron la restricción, pero sin permitir el acceso al texto que la provocó. Facebook, o su algoritmo, se justificaba con el argumento de que dicha publicación contravenía las ‘normas comunitarias’, en concreto las referentes al ‘lenguaje que incita al odio’, definido como ‘el que ataca directamente a las personas’, no a conceptos o instituciones, aclara, mediante ‘estereotipos perjudiciales’. Es decir, que si con tono amable, sin echar mano de improperios, alguien niega, por ejemplo, el Holocausto, no pasa nada; pero si un judío como Cohen ironiza sobre su condición de judío, y al hacerlo pone en evidencia los numerosos prejuicios todavía presentes al respecto en nuestra sociedad, el algoritmo lo censura”.

Todo parece una broma macabra y de mal gusto, desde luego, dado que ningún algoritmo puede asumir el control de la legitimidad o valor moral de una obra de arte, algo que increíblemente este suceso reafirma. El poeta argentino Jorge Aulicino resumió claramente la situación al afirmar: “Hay dos barbaridades acá: una, la censura directa. Facebook traiciona su propia esencia: si alguien publicara una ofensiva alusión a persona, credo, raza, seguramente sería reprobado por gran parte de los usuarios de Facebook en su país o medio social, al menos. Sería denunciado públicamente. La siguiente atrocidad es que Facebook confía la vigilancia ideológica a robots. Este caso lo revela”.

E.B.