Cuando en 1940, el escritor argentino Jorge Luis Borges publicó en la revista Sur el relato ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’, alcanzó el punto más alto entre las ficciones que cuentan la contaminación de un universo por otro, como espejo ideal o prototipo máximo de una idea que permite innúmeras variaciones. Ese efecto contaminador que avanza sobre la trama, colonizando y modificando sentidos a su paso, se abre en un amplio abanico que alcanza a personajes, espacios, giros argumentales y hasta la propia disposición de la página. Al final, el mundo que conocemos deja de existir porque leemos, al terminar el cuento, que “el mundo será Tlön”.
Algo de eso hay en los cinco capítulos que conforman la serie documental ‘La Tierra según Philomena Cunk’, que desde estos días puede verse en Netflix. Se trata, en verdad, de un falso documental, en el que la presentadora Philomena Cunk (interpretada por la notable comediante inglesa Diane Morgan) repasa la historia de la humanidad, entrevistando a diversos especialistas y cubriendo temas como el Antiguo Egipto, el Imperio Romano, el Cristianismo, el Renacimiento, la Revolución Industrial, etc. Philomena Cunk es, antes que nada, profundamente ignorante, le da credibilidad a pequeños videos que ha visto por YouTube y se anima a cuestionar la palabra de los especialistas que entrevista. Lo curioso es que los académicos que se sientan frente a ella delante de la cámara nunca abandonan su papel de conocedores del tema en cuestión y sobreviven, imperturbables, a las idioteces, medias verdades y lisos y llanos disparares que expresa la presentadora de la serie.
Cada uno de los capítulos, de 25 minutos de extensión, le saca jugo no solo a los temas tratados (que avanzan de forma cronológica) sino al propio humor que explota la serie, muy británico, que no se recarga nunca y siempre encuentra nuevos elementos para despertar la carcajada. Philomena Cunk es capaz de preguntar si las pirámides se hicieron desde arriba hacia abajo o desde abajo hacia arriba, si nunca se adaptó una pintura rupestre al cine o si Jesucristo fue la primera víctima de la cultura de la cancelación, en un tono serio y de concentrada atención. Mientras tanto, se muestran imágenes de los lugares mencionados (Cunk afirma en un momento que la Muralla China es el único monumento audible desde el espacio) y se utiliza como leit motiv el himno tecno belga ‘Pump up the Jam’.
El resultado es desternillante y, entre bambalinas, como quien no quiere la cosa, la serie plantea una profunda crítica a la sociedad despersonalizada en la que nos hemos convertido, con las redes sociales y los artilugios tecnológicos como única verdad. Al final, el mundo será Cunk.
E.B.

