El hombre que nació como Robert Allen Zimmerman en Duluth, Minnesota, en 1941 y que, rondando los 20 años, cambió su nombre por el de Bob Dylan, estaba llamado a reinventar la música folk norteamericana con su voz particular y desde una perspectiva totalmente diferente. Cuando cumplidos los 20 años, Bob Dylan llegó a Nueva York y comenzó a actuar en locales nocturnos, desgranando un repertorio de viejos temas tradicionales con su inclasificable voz, pocos podían imaginar la trayectoria que lo aguardaba y el papel que llegaría a cumplir dentro de la cultura norteamericana.
El disco ‘Bob Dylan’ (1962) es su presentación oficial. Se trata de un conjunto de canciones ejecutadas con una sencillez de recursos en lo instrumental e interpretadas por una voz casi adolescente. Sólo dos composiciones propias integran el trabajo: ‘Talkin´New York’ (un manifiesto sobre su encuentro con la gran ciudad) y ‘Song to Woodie’ (un homenaje a su agonizante maestro Woodie Guthrie. Con su primer disco, la máscara de cantante folk mutó o incluyó la de cantante de protesta como un signo de los tiempos y como reflejo de su propio proceso de maduración.
Cantante de protesta
Los convulsionados tiempos sociales y políticos de comienzos de los sesenta, convirtieron a Bob Dylan en cantante de protesta, una suerte de viraje y consolidación de su papel como músico folk. Los discos ‘The freewheelin´ Bob Dylan’ (1963) y ‘The times they are a changin’ (1964), incluyen canciones que funcionan por sí mismas como manifiestos y demuestran las preocupaciones de Dylan por aquellos años. El pacifismo (‘Blowin´ in the wind’, ‘With God on our side’), el problema racial (‘Oxford town’, ‘The lonesome death of Hatie Carroll’), la cuestión bélica (‘Masters of war’, ‘A hard rain is a gonna fall’), son algunos de los temas candentes que Dylan analiza en sus composiciones. A mediados de los sesenta, la máscara del cantante de protesta volvería a mutar, llevándose con ella los últimos resabios folk.
El folk-rocker
Alrededor de 1965, Bob Dylan rompe con la comunidad folk (y con varios de sus fanáticos seguidores) al cambiar su guitarra acústica por una par eléctrica. El cambio se evidencia en el disco ‘Highway 61 revisited’ (1965), donde canciones como ‘Like a rolling stone’ y la que da el nombre al título, ofician como nuevos manifiestos de su credo poético y musical, a la vez que lo acercan al público del rock and roll y lo terminan de alejar de su papel como cantante de protesta y trovador casi tradicional. El disco ‘Blonde on blonde’ (1966) vino a potenciar el quiebre y a intensificar la complejidad de su visión musical y de su escritura. Canciones como ‘Visions of Johanna’ o ‘Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again’, redimensionan algo que se manifestaba en sus primeras canciones: su poderoso pulso como escritor. Ésta máscara, una constante que se ha evidenciado a lo largo de toda su carrera, constituye uno de sus mayores logros como artista.
El religioso
La necesidad de abrazar un principio religioso como motor y guía de la existencia, se ha convertido en Dylan en fuerte de incertidumbres y certezas. Judío de nacimiento, renegó de la religión de sus mayores cuando, a principios de los setenta, abrazó al catolicismo como su máximo credo. En los discos ‘Street legal’ (1978), ‘Slow train coming’ (1979) y ‘Saved’ (1980), las canciones adoptan una suerte de barroquismo o entretejido místico que, por momentos, las despoja de comprensión. La máscara de la fe, moldeada en el cuestionamiento permanente a la religión que profesa, se ha moldeado en Dylan a lo largo de toda su obra. Una biografía religiosa a partir de sus discos sería una clave para definirlo pero, al mismo tiempo, una tarea imposible por lo complejo y lo personal de la creencia del artista.
El poeta
Independientemente de sus máscaras como músico, estrella rock, compositor de avanzada y como faro o referencia para infinidad de artistas que han bebido en su obra para diseñar sus propias carreras, Bob Dylan ha adoptado la máscara de poeta para presentarse ante el mundo. Despojados de su música, los textos de Bob Dylan evidencian la pluma de un poeta y, en muchos casos, un contundente narrador. Canciones como ‘Desolation Row’, ‘Hurricane’ o ‘Highlands’, son claras muestras de su capacidad para contar historias. Elaboradas metáforas, entrecruzamientos entre lo onírico y lo palpable y una sutil ironía son algunos de los elementos de los que se alimenta la máscara del poeta. No en vano -aunque las polémicas se encendieron de inmediato-, recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 2016.

