Entre dos siglos, vivencias de Néstor Soria

Por Miguel Pérez Estévez
Néstor con su camión. ¨ Me queda un año de libreta para manejar camiones¨ nos dijo.
Néstor con su camión. ¨ Me queda un año de libreta para manejar camiones¨ nos dijo.

Néstor Soria es jubilado. Pero sigue activo. Vive en el pueblo desde que se casó a los 34 años. Va para los 69 años. A caballo entre dos siglos nos contó de su vida. Son tres hermanos. Un varón y tres mujeres. Hijos de Isidro Soria y Josefina Capote. Tiene un tío famoso que siempre que llega a Los Cerrillos lo visita. Es que Abel no se olvida de sus pagos. Néstor está casado con Margot Sappa a la que conocía de la escuela.
Nació en un rancho antiguo que había en la ruta 36, kilómetro 35. A tres kilómetros del pueblo. En los tiempos en que los bebés nacían en sus casas. Atendió a su madre,  Beba Puga. Niñez y juventud en la zona rural.  En el cruce actual de la 36 y 49. El almacén de Virgili y sus entornos. De las cuatro esquinas, tres eran de los abuelos de Néstor y la otra de Virgili. La chacra todavía la tiene, pero no hay casi nada en ella. Después de casado siguió viajando en moto a trabajar desde el pueblo cercano. El camión Ford de la foto, hace 17 años es su fiel herramienta de trabajo. Aunque tuvo varios, éste resultó su preferido. Usa celular, algo tan común ahora.  En su casa del barrio Unido conversamos de muchos temas. De un tiempo aquel, en que había espacio para estar en familia, conversar, donde la convivencia vecinal hacía aparecer todo como una gran familia. Época que abarca medio siglo pasado y lo que corre de éste.

La escuela, los trabajos en la chacra.

¨ Yo empecé la escuela al otro día que cumplí los seis años. En la 123. Hice varios años. Después estuve dos años en la 8 Los Cerrillos al Sur. A la 8 iba a caballo. De las maestras que tuve, me acuerdo de Isabel, Iris, María Elena Perrone que la tuve en tercero. El quinto y sexto lo hice en Cerrillos con la maestra Isabelita que era de La Paz… compañeros de escuela que me acuerdo de uno que es embajador Milton Espinosa, Romualdo Rodríguez que pasó recién ahí, los Carcabelo, Margot(la señora de Néstor) estaba en la escuela, pero en otro grupo… se jugaba al fútbol. En la zona era todo como una gran familia. Los vecinos se prestaban cosas. Me acuerdo de Doña Honorina, la madre de Orlando, llegó a casa, dice- carneamos mañana o pasado ¿me presta un chorizo  para hacer una comida? Se llevaba eso, un poco de grasa… En casa a veces se carneaban dos cerdos, un ternero, se hacía el vino, estaba todo ahí en un galpón, con un alambre atábamos la puerta, por los perros, porque nunca faltó nada, ahora eso no se puede hacer… para la Navidad hacíamos un cordero, en las trillas a mi abuelo le gustaba hacer cordero. Yo alcancé a estar en las trillas, en las máquinas grandes con el motor, en el campo de nosotros, en lo de José Ferreira, y a mi abuelo le gustaba que la gente comiera bien. Plantaba los zapallitos de tronco para hacer la sopa de la trilla y un cordero. Y la comparsa eran veinte y pico, la máquina era del Tito Espinosa. Me dejaban subir… en la viña, una vez dijo papá – vamos a hacer el vino, todo el mundo hace y empezamos poco y después más. Pero en casa se tomaba en las comidas. Cuando me vine para acá al pueblo, hice una vez. Porque al vino hay que cuidarlo, llegamos a hacer mil cuatrocientos litros… Volver allá otra vez, donde vivíamos nosotros era muy lindo aquello. Siempre con gente. A esperar el ómnibus, a dejar la bicicleta, un caballo… antes vos te levantabas en el campo y veías el movimiento, tractores para acá y para allá, gente trabajando… ahora no ves a nadie. Cambió la cosa. La gente a comprar, venía Franchello, Peruco a preguntar si van a vender el forraje, los zapallos y ahora no aparece nadie¨ nos cuenta.

Los personajes del boliche… aparece el tío Abel y una murga.

El almacén de Bernardo Virgili en aquel tiempo. Muy concurrido. Después se vendió a Rúben Ferreira, después Nelson Ferreira y otros, el último fue Abreu. Pero ahora el comercio está cerrado. Tuvo su momento de auge. Sigue recordando Néstor: ¨ Cuando estaban los hornos de ladrillos, había tres cerca. Se llenaba el ¨ boliche ¨por la noche. Con 50, 60 personas. Se llegaban a vender 60 litros de vino por día. Pero en vaso. Se jugaba al casín, el truco y se tomaba vino y allí había muchos personajes.  Venancio Bregone que trabajaba en lo de Garayalde, que yo a veces le llevaba a la feria… usaba un sombrerito chiquito, anunciaba el tiempo y lo apuntaba en un papel de tabaco y lo tiraba para que la gente se enterara, pero no le embocaba nunca… había cada personaje ahí. No pasaba nada complicado, el casín era la diversión más grande que había.Estaba un señor que utilizaba palabras raras y las explicaba, José Garayalde. Una noche quiso decir un término y yo se lo dije, me dio la mano y me felicitó. Era un tipo bien. Tenía buenas viñas, tomaba grapa, pero nunca lo vi borracho. Al casín jugaban de cuatro, había una yunta, se pasaban noches enteras jugando ahí. Estaba el Gaucho Díaz, el peluquero, me corté el pelo con Burgos y después con el Gaucho hasta que me casé. Tenía la peluquería frente al boliche. Cuando llegaba el verano íbamos a Belastiquí en bicicleta o sino con el camión de Negrín. Se hacía el viaje el domingo de tarde, íbamos todos. También a Las Brujas que era una playita linda. Con Abel Soria anduve siempre, hasta que se fue para San José. Fue mi abuelo a llamarlo y no estaba en el rancho. Él decía que cuando cumpliera los 18 se iba y se fue no más. Abel tenía una murga, se llamaba -Ha ver si le gusta hací-escribía los libretos y tocaba el acordeón, yo tocaba la pandereta, otro la guitarra, éramos cuatro o cinco, Carlitos Peña, ya fallecido,  Raúl Peña y otro de Villa Nueva, Rúben  Mozzone, Abel siempre inventando. Nos vestíamos  con camisa blanca y pantalón azul. Él salió a hacer bailes con Carlitos Peña al famoso Rancho Alegre, a mí no me dejaban ir porque era chico. Iban en el charré para actuar. En el Patín Club en el pueblo¨ sigue recordando.

Cuando se vino al pueblo…la familia.

Después yo me vine al pueblo en el año 79 cuando me casé. El pueblo ha cambiado mucho. Arranqué dos mimbres que había ahí, hice dos piezas, acá donde estamos, había pocas casas… cuando llegaba del trabajo de la chacra pasaba por el boliche de Macchi en la entrada del pueblo. Era una romería de gente. Siempre había que comprar algo. Al final dejé un poco aquello. Por los robos, tenía herramientas… ahora voy y vengo, pero hay poca cosa. Hago algún fletecito con el camión… con Margot tenemos dos hijas. Josefina que es maestra y Lorena que es una futura escribana, casi recibida. Yo no hice liceo. Mi hermana fue a Colón y la otra a Canelones, pero a mí no me gustaba. Tenía todo para trabajar… A los doce años ya andaba en el camión, escapado… en los inviernos en una noche fría teníamos la cocina a leña, el rancho nos quedaba como veinte metros y había que irse después. Y de cocinar, algo hago sí. Más bien era la mujer. Mamá cocinaba, ordeñaba las vacas, era modista también. La madre de Abel Soria ordeñaba cinco vacas, hacía queso y era famosa por el queso. Y criaba lechones. Porque yo iba a la casa de Abel. Me dijo una vez, esta noche tenemos un negocio que hacer y le pedimos un lechón a mi abuela, era para rifarlo para la primera guitarra. Treinta pesos. Quince pesos para cada uno. Y yo tomé un refresco a un boliche que fuimos y me la descontó. Me dio 14,75. Con él deschalábamos maíz para los bueyes. Después se hizo la rifa en el boliche de Nelson Ferreira. Lo sacó el Negro Icardi. Con eso se compró la guitarra. La trajo en dos etapas. En la primera la dejó en lo de Modesta López, en la casa del Tingo, que vivía por allá arriba. Al otro día, fuimos con una bolsa de harina, la puso adentro y la trajo para la casa. La compró en lo de Artigas Peluffo… iba a los bailes, en aquel tiempo era música y jazz, en lo de Dogliotti y en lo de Froilán, estaba la Sureños también, en la Comisión, en el Centro Social, con las orquestas de Racciatti, Don Horacio, Alberto Castillo,  alcancé a ver a la argentina, la de Enrique Rodríguez en el Deportivo El Colorado, cantando el famoso Armando Moreno, el que anunciaba dijo- el cantor que todo el Uruguay espera- salió por un pasillo, cómo cantaba… con Carlitos Peña andábamos a pie, no teníamos bicicleta, íbamos a los asaltos de máscaras a lo de Sappa, caminando. A lo de Félix Ramírez… Y al otro día había que trabajar. Recuerdo una vez, vendimos alfalfa para un frigorífico, cuando llegaba del baile estaba el tipo en casa con papá. En la cocina esperando para cargar. Y había que cambiarse y a trabajar. Con Margot fuimos jurados una vez en el Club San Miguel por la Reina de la Vendimia. En la época que Bizzotto hacía los carros… y a los bailes lejos no se podía ir porque no había locomoción. En Montevideo fui al Sudamérica, al Eúskaro, a veces salía con mi padrino… ¨ nos dice…

La nota completa se encuentra en la edición del Miércoles 27 de febrero de HOY CANELONES