La foto que retrata la historia de dos maestros rurales fue premiada en concurso de patrimonio histórico

Víctor Gómez, hombre vinculado a la comunicación y el deporte, con intensa actividad en el departamento de Canelones, recibió esta semana el primer premio de un concurso de fotografía sobre patrimonio histórico, organizado por la Intendencia de Flores.

Gómez presentó en la ocasión una fotografía del año 1963, en la que aparecen sus padres, Víctor Gómez y Nubia Merklen, ambos maestros rurales, junto al primer hijo del matrimonio, Carlos, hermano del premiado, entonces un bebé de pocos meses. 

El concurso impulsado por la Intendencia de Flores se propuso rescatar fotografías del patrimonio histórico del departamento para enriquecer su acervo. El propio Víctor Gómez relató su experiencia sobre la premiación en las redes sociales, destacando la historia de sus padres, sacrificados maestros rurales, fallecidos ambos (Víctor Gómez en 1984 y Nubia Merklen en 1994). “Aporté la foto de mis viejos, en el año 1963, quienes dedicaron su vida para sembrar educación en apartadas escuelitas rurales, pasando incontables sacrificios, como el hecho de ser novios y haber sido asignados a escuelas muy distantes y con acceso muy difícil”, relata Gómez. 

Consultado por HOY CANELONES sobre la historia de sus padres y las dificultades que les tocó atravesar para realizar su labor docente, Gómez contó que “él (su padre), por ejemplo, fue destinado a la escuela de Puerto Arazatí, en San José, donde tenía que tomar la Onda, luego un camión y luego un carro, caminando por bañados minados de víboras yararás. Después lo acercaron unos kilómetros, enviándolo a la escuela de San Gregorio de Carro, donde muchas veces quedaba aislado y tenía que salir a cazar para alimentarse”. 

Víctor Gómez tras recibir el primer premio junto a otros participantes premiados.

Sobre la experiencia de su madre, Gómez contó que “mi vieja trabajaba en la escuela de Andresito, en Paso del Puerto, y agarró todas las inundaciones del año 1959. Muchas veces salía en bote a la escuela aislada y otras veces no podía y se quedaba varios días sin poder retornar para ver a mi viejo. Cuando en fin les asignaron la misma escuelita, en Juan José Castro, Flores (la que aparece en la foto premiada), el edificio era una tapera y ellos, calladamente, se rompieron el lomo haciendo beneficios. Mi madre tocaba el acordeón como los dioses y organizaba eventos para recaudar fondos. Llamaba, en época de teléfonos a magneto, a las embajadas pidiendo donaciones y muchas cosas más, que a la postre lograron obtener gran parte de los recursos para hacer la hermosa nueva escuela que hasta hoy disfrutan los niños”.

Gómez relata que “ambos murieron jóvenes, de cáncer, pero el momento más emotivo ocurrió en 1994, cuando mi vieja, estando en su cama agonizando, recibió un cassette de las nuevas generaciones de niños, cantando una zamba que ella había creado para la escuela y enseñado a generaciones anteriores. Se fue con esa emoción”.

Gómez en la Escuela de Juan José Castro, haciéndole entrega a los alumnos de los mensajes que les enviaron sus pares de la Escuela N° 168, de Rincón del Colorado.

Premio y vínculos

“Este premio ha sido una caricia inolvidable al alma”, dice Víctor Gómez, que viajó a Flores para recibir la distinción y, de paso, aprovechó para estrechar vínculos entre la escuela de Juan José Castro, fundada por sus padres, y la Escuela rural N° 168, de Rincón del Colorado, zona en la que actualmente reside Gómez y donde se educó su propio hijo. “Cuando mi hijo egresó de la escuela le regalé a la escuela un callistemon imperialis, el arbusto australiano que da flores una flores rojas preciosas, y ese mismo día llevé dos ejemplares a la escuelita de Juan José Castro, en homenaje a mis viejos, para que los recordaran cuando se florecían”. 

El entrevistado cuenta que “ahora, cuando regresé por la premiación, aproveché para donar parte del premio para comprar unos arbolitos más para llevarles a la escuelita. También hablé con la directora de la Escuela N° 168, de Rincón del Colorado, para llevar hacia aquella otra escuela algunas cartitas de los niños y vincular así a las dos instituciones”. Gómez relata que su sueño es que, en algún momento, los niños de la escuela rural canaria puedan visitar a sus pares de la escuela en Flores, para que todos conozcan dos realidades muy diferentes. 

Martín Bentancor