En una de las ceremonias de los Premios Oscar más frías de todos los tiempos, pautada por las actuales condiciones de pandemia y, también, por el progresivo acartonamiento que ha ido envolviendo a la premiación con el paso de los años, el domingo a la noche se conocieron los ganadores de las diversas estatuillas. Quiero detenerme en esta columna en un único filme, el que mereciera los premios a Mejor Película, Mejor Dirección (para Chloé Zhao) y Mejor Actriz Protagónica (para Frances McDormand): ‘Nomadland’.
No es la primera vez, ni será la última, en que la industria de Hollywood pone el foco en las diversas consecuencias generadas por los vaivenes económicos. Hay películas que analizan los fenómenos con una mirada global, centrándose en las consecuencias de las crisis económicas sobre determinados grupos humanos, y hay otras, como ‘Nomadland’, que lo hacen siguiendo de cerca el derrotero existencial de una única persona, como es el caso de la flamante ganadora a Mejor Película en los Premios Oscar.
‘Nomadland’ es una película que encuentra su plena concreción en el trabajo actoral de Frances McDormand (‘Mississippi en llamas’, ‘Fargo’, ‘El hombre que nunca estuvo’, etc.), una intérprete con un rostro y una dicción muy particular, por demás apartada de cualquiera de los estereotipos de belleza femenina que Hollywood ha construido a lo largo del tiempo. McDormand, que con esta estatuilla suma su tercer Premio Oscar, le da vida a Fern, una cincuentona que tras perder su empleo en una fábrica de materiales de construcción en Empire, Nevada, y luego del reciente fallecimiento de su esposo por cáncer, decide vender todas sus propiedades y largarse al camino en una furgoneta, convirtiéndose en una suerte de nómada moderno. Ese es apenas el disparador de esta película pródiga de sentidos, con interesantes vueltas argumentales y un cuidado trabajo de sus personajes.
La labor de la directora Chloé Zhao es por demás poderosa, pues le da movimiento a un puñado de personajes marginales, apartados del sistema, no caricaturizándolos o volviéndolos meros expositores de un mensaje. Además, filma una Norteamérica que no es la de las guías de viaje, sino aquella que se constituye en las largas y desérticas extensiones de tierra yerma, con las caravanas de furgonetas alrededor del camino, cerca de un fogón colectivo, sin falsos heroísmos ni vueltas a lo Hollywood.
Película de pasmosa actualidad, contenida y al mismo tiempo precisa, ‘Nomadland’ es una cachetada de sentido para estos tiempos que atravesamos, donde la noción de vida en comunidad no deja de resquebrajarse.

