El colectivo Libélulas, que atiende casos de violencia de género en la ciudad de Canelones, continúa en actividad a pesar de las adversidades sanitarias. El grupo acompaña a mujeres que estén atravesando situaciones de violencia y trabaja por un cambio cultural.
El colectivo participa de varias redes. Una de ellas es la red solidaria, donde se intercambia información sobre las necesidades materiales de las mujeres que estén atravesando un episodio de violencia, desde ropa y muebles hasta alimentos. “A veces hay circunstancias, por disposiciones judiciales o porque la persona en un momento no se sintió segura y cambió de lugar físico, que implican volver a armarse”, le dijo a HOY CANELONES Erika Verdier, integrante de Libélulas.
El colectivo también despliega la red sorora, en la que participan mujeres referentes de las zonas en donde viven, que se acercan a las vecinas y brindan información. “La red sorora se encarga de replicar servicios, eso que nosotros nos pusimos como primer tarea del colectivo, de que las mujeres supieran qué servicios existen a la hora de una situación de vulnerabilidad de derechos. Ahora no solo lo hacemos nosotras sino también otras mujeres que se comprometen”, explicó la integrante del grupo.
A mediano plazo
En este año tan particular, Libélulas no pudo desarrollar la red de talleres e intercambios sobre género. Antes de la pandemia, el colectivo brindaba “talleres conceptuales”, vinculados al cambio cultural necesario para el cese de la violencia machista. “En los talleres comenzábamos con conceptos básicos sobre sexo, género, identidad de género y estereotipos, para que quien participara pudiera pensar y problematizar algunas cosas que damos por hecho. Porque creemos que en la violencia, en muchos casos, se basa en cosas que damos por hecho, como que la mujer tiene que hacer determinadas tareas o cumplir determinados roles”, señaló Verdier.
El colectivo también acompaña a mujeres que pasan por situaciones de violencia. El grupo planea, si la situación sanitaria mejora, establecer un lugar físico para que las mujeres que hayan sufrido este tipo de violencia puedan encontrarse y compartir vivencias de una manera grupal.

