Con el pianista Bernardo Aroztegui

09 PIANO

«Siempre me motiva el contacto
con el público»

Nacido en Las Piedras en 1981, el pianista Bernardo Aroztegui ha venido forjando una sólida e interesante carrera artística entre su país natal y la ciudad suiza de Lausanne, donde actualmente realiza una maestría en la Haute Ecole de Musique.
Aroztegui se desempeña habitualmente en distintos ámbitos promoviendo la música contemporánea gracias al Núcleo Música Nueva del Uruguay, así como el repertorio tradicional del piano solo y de cámara. Asimismo, lleva a cabo una importante labor docente habiéndose desempeñado como docente pianista acompañante y profesor de solfeo en la Escuela Universitaria de Música, pianista acompañante en el Conservatorio de Canelones y en la Escuela Municipal de Música de Montevideo. Actualmente, es docente de l’Ecole Adomisil con sede en Vevey (Suiza).
Aroztegui visitó recientemente nuestro país para realizar una serie de conciertos junto a la mezzo-soprano Brigitte Balleys y la soprano Elodie Favre y regresará en agosto para ofrecer un recital junto al tenor Edgardo Rocha. HOY CANELONES dialogó con Bernardo Aroztegui, unas horas antes de que abordara el avión hacia Lausanne, para conocer más sobre su presente y futuro, su visión de la música, su relación con el piano y su condición de músico entre dos naciones.

Tu tío, el Maestro Miguel Marozzi, ha sido clave en tu formación como músico…

Sí. Él es mi referente. Él fue quien me dio el bagaje teórico y musical que hoy día trato de desarrollar yo mismo.

¿Qué hacés en Lausanne?

Estoy haciendo un Máster en Pedagogía en esa ciudad cercana a Ginebra. Es una ciudad chica, bastante cosmopolita. Uno de los objetivos de ese Máster es desarrollar las ideas que Miguel (Marozzi) plantea, además de lograr resolver el vacío a nivel de título que ellos me consideren válido para poder trabajar.

¿Te perfeccionás en Suiza porque el sistema académico uruguayo no te ofrece lo que buscás?

Son sistemas diferentes. El sistema académico uruguayo tiene sus aspectos negativos y sus aspectos positivos. En algún punto, es un sistema que tiene aspectos que son arcaicos. De todas formas, el sistema universitario de acá es interesante; da un grado de apertura que, por ejemplo, yo allá estoy sufriendo, por tratarse de un sistema muy rígido, coordinado a diferentes niveles, que parece una máquina de hacer músicos.

Al momento de subir a un escenario y plantarte ante el público, ¿qué elementos te motivan?

Siempre me motiva el contacto con el público y la posibilidad de descubrir obras para no transitar siempre el repertorio más conocido. Me interesa incluir en el repertorio elementos regionales y que siempre aparezcan cosas distintas. No lo hago por militancia: tiene que gustarme.

¿Cómo vivís el trabajo y la relación con otros músicos al momento de encarar un concierto?

Son cosas que llevan mucho tiempo. Tiene que darse una química, una comunión entre las partes. Lleva tiempo de maduración propia y del ensamble mismo. Hay gente con la que uno se entiende más y otra que no. Ahora, particularmente, estamos trabajando con Elodie (Favre, soprano), que es mi mujer y con (la mezzo-soprano suiza) Brigitte Balleys, con quienes, por suerte, nos entendemos muy bien. En ese sentido nos alimentamos. Las últimas presentaciones acá en Uruguay las hicimos con ese formato: soprano, mezzo-soprano y piano, que es un repertorio raro para el público. La última vez se dio una comunión que yo no había sentido antes, sobre todo porque el pianista está medio desprendido del asunto.

¿Cómo se vive esa relación del piano con los demás instrumentos? Siempre se lo ve ahí, tan estático…

Sí, es estático y de por sí, desde el punto de vista de la organología, es difícil clasificarlo. O sea, es un instrumento de cuerda pero no es un instrumento de cuerda frotada, donde también entra en juego la percusión, es un mueble gigante (risas)… O sea que hay un vínculo muy particular de uno con el instrumento, tanto desde el pianista como desde el entorno. Es un poco místico, me parece.

¿Es complicado cambiar de piano?

Sí, es como cambiar de mundo. Hay que conocer la sala primero pero la sala siempre cambia, porque un día puede estar muy seca y, al día siguiente, cuando está el público, quizás es mucho más seca. Es todo un misterio, que tiene que ver con la ingeniería de la acústica.

¿Cómo te posicionás ante el proceso de interpretación de una obra musical? ¿Cuánto de creación hay en la interpretación?

Sin duda que hay algo de creación personal cuando se interpreta la obra de otro. Es un hecho complejo que tiene mucho que ver con el teatro, con el hecho de revivir una obra, de traerla a flote y hacerla sentir.

¿Un compositor que considerés central?

No te puedo nombrar uno (risas).

Reformulo: saco una espada y te obligo a que te juegues por uno…

Es muy difícil. Te voy a poner la espada yo: hay una génesis difícil de rastrear en el genio de los músicos. Si uno piensa en una columna vertebral desde el Renacimiento hasta la actualidad, podés pensar en algunos nombres que son como grandes pilares: Monteverdi, Bach, Haydn, Mozart, Beethoven… y me estoy salteando muchos. Con esto quiero decir que todos esos geniso, cuando uno los escucha y hace un mapa de lo que pasa a nivel histórico musical hasta hoy, se ve una constante, lo que a uno lo mueve es esa constante de la música que se va recreando a sí misma, abriendo puertas y cerrando otras. Me parece que es eso lo verdaderamente fantástico de la historia de los compositores.

¿Qué piano preferís? ¿Qué piano hay en tu casa?

A mí me gustan los pianos viejos. He tenido oportunidad de probar mucho piano nuevo, de altísima gama. Teóricamente, Steinway y otras marcas son lo mejor que hay pero no es necesariamente lo que más me gusta y que me hace sentir más cómodo. Después, hay pianos de los que uno no sospecha lo bueno que son, que ve por ahí y de dice ‘Son una porquería’ pero al hacerlos sonar te maravillan.

Cerca de la redacción funciona el Conservatorio Departamental de Música, una institución muy bien conceptuada a nivel nacional, que dirige el Maestro Luis Pérez Aquino, y en la que vos supiste trabajar. Si tuvieras que darle un consejo a algún joven pianista que se está formando allí o en cualquier otro centro de estudios… ¿cuál sería?

Que hay que laburar. El trabajo es lo primero en el pianista. Cuando yo comprendí eso mi pianismo cambió. El trabajo implica elementos muy importantes como, sin dudas, tocar pero, sobre todo, pensar. Hay que pensar, concebir, saber escuchar y preparar todo el proceso que después uno ejecuta. Todo el tiempo hay que estar pensando, procesando y escuchando, realizando una construcción paso a paso. Escuchar música me ha dado mucha base para tener mis propias ideas para tocar, así como el análisis.

¿Volvés a Uruguay en agosto?

Sí. Surgió la posibilidad de hacer un concierto con un amigo, Edgardo Rocha, que es un tenor al que le está yendo muy bien. Fue él quien me invitó.

Martín Bentancor