Un repaso al cine de John Ford (1894-1973) a través de nueve películas

Uno de los grandes

05Ford1Fundamental a la hora de entender la evolución y maduración del relato cinematográfico, la obra de John Ford comenzó en la etapa del cine mudo y alcanzó su máximo esplendor a través de un puñado de filmes inolvidables. De un total de ciento cuarenta y cuatro películas dirigidas por él, elegimos este pequeño puñado de gemas.

Dos cabalgan juntos (1961)

Los dos que cabalgan juntos -según reza el título- son el cínico marshall Guthrie McCabe (James Stewart) y el estructurado Teniente Primero Jim Gary (Richard Widmark), dedicados a la aventura de viajar al territorio Comanche para negociar con los indígenas el regreso de un grupo de prisioneros. Western crepuscular que exhibe el oficio de Ford para los espacios abiertos y que abreva claramente -por no decir explícitamente – en filmes previos del director como La diligencia (1939) y Wagon Master (1950), entre otros. El problema es el apuro por cerrar la historia y el sabor a falta de minutos que deja ese final bajo el polvo del desierto.

Steamboat Round The Bend (1935)

La última de las tres películas que John Ford dirigiera con la estrella Will Rogers (que fallecería ese mismo año en un accidente de aviación), es un canto al Sur profundo, al delta del Mississippi y al mundo de Mark Twain, entre muchas otras cosas. Rogers es un buscavidas que recorre cruceros vendiendo una pócima milagrosa que, de golpe y porrazo, se verá envuelto en una aventura que tiene como objetivo salvar a su sobrino de colgar en la horca. Hilarante por momentos, profundamente conmovedora en otros, este filme es también la despedida de Rogers, ese multiartista que lo hizo de todo, y casi siempre bien.

Sargento Rutledge (1960)

Woody Strode es el sargento negro del título, un oficial de Caballería acusado de asesinato y violación, al que debe defender el teniente Tom Cantrell (un insípido Jeffrey Hunter). La película narra la Corte Marcial al sargento, suceso que Ford aborda a través de un conjunto de flashbacks en la voz de los diferentes testigos. La película se la roba Willis Bouchey, componiendo al Coronel que preside el juicio. El dramatismo de los sucesos contados se ven interceptados, dos por tres, por algunos toques de comedia que, en la mayoría de los casos, no molestan.

El prisionero de Shark Island (1936)

Esta es la historia del médico Samuel Alexander Mudd (un impresionante Warner Baxter) que en una tormentosa noche de 1865 cura la pierna de un hombre, sin saber que su paciente acaba de asesinar a Abraham Lincoln. Acusado de cómplice de asesinato, el médico verá su vida convertida en un suplicio. Si usted me está insultando porque cree que le he adelantado la trama, desdígase y apróntese porque no le he contado de la misa ni la mitad. Tiburones, sádicos sargentos, rebeldes, coroneles sureños que vuelven a la carga, barcos médicos, fiebre amarilla, palizas, balazos y mucho más pueblan este impresionante filme que John Ford dirige con un pulso impresionante.

La ruta del tabaco (1941)

«La ruta del tabaco» supo ser una prolífica y rendidora zona agrícola que una serie de factores, con el correr de los años, convirtieron en un páramo desolado y dejado a la buena de Dios. En esa región vive la familia Lester, encabezada por el padre, un impresionante Charley Grapewin (en una de las mejores actuaciones que vi en mi vida), su desconsolada esposa y un par de hijos que es mejor perder que encontrar. Ward Bond compone al yerno de Lester y protagoniza con éste uno de los mejores diálogos del filme. Si bien la película comienza como una clásica comedia de golpe y porrazo, lentamente y como sin darse cuenta, Ford nos va metiendo en un drama desolador, una suerte de viñeta potenciada de lo que un poco antes contara en Viñas de ira (1940).

El informante (1935)

Corre el año 1922 en la convulsionada Irlanda y, para reunir el dinero que le permitirá viajar a América, Gypo Nolan (impresionante Victor McLaglen) no dudará en traicionar ante las autoridades inglesas a su mejor amigo, uno de los cabecillas del movimiento rebelde. Con este disparador, contado en los primeros minutos, Ford explora el alma de un hombre atormentada por la perdición y el arrepentimiento. Preciosista en cada detalle de un Dublín nocturno y brumoso -el filme transcurre en una noche- la película se potencia con un puñado de actuaciones que secundan a McLaglen, a saber: Preston Foster, Wallace Ford y Heather Angel.

Wagon Master (1950)

Ben Johnson y Harry Carey Jr. son dos vendedores de caballos que, por conocer al dedillo la peligrosa región del Valle de San Juan, se ven oficiando de guías de una caravana de mormones que viaja a establecerse en la frontera de Utah. Al peligro de los indios hay que sumar la topografía de la zona y a la banda de los Cleggs, una familia de forajidos que merodea por la zona. La película se la roba Ward Bond componiendo a un ministro mormón que no puede dejar de maldecir. Es de destacarse especialmente la fotografía en blanco y negro (cortesía de Bert Glennon) y la banda sonora a cargo de The Sons of Pioneers. Lamentablemente, el filme se apura demasiado en los 15 minutos finales -pero demasiado- y hace uso de aquel facilismo de volver tirador implacable a quien nunca usó un arma en su vida.

Viñas de ira (1940)

Adaptación de la gran novela de John Steinbeck que narra el periplo de la familia Joad, al verse obligada a abandonar su granja y viajar hacia California, en busca de un mejor porvenir. Ambientada en la peor época de la gran crisis económica que envolvió a Estados Unidos a partir de 1929, la película sigue al decrépito camioncito que transporta a la familia, los diferentes conflictos que se van generando a su paso, sus tristezas y alegrías. Henry Fonda está muy bien como el ex convicto Tom Joad que, además de protagonizar la historia, iluminó el fantasma que, varios años después, serviría de base a uno de los mejores discos del ‘Jefe’ Bruce Springsteen.

Tres padrinos (1948)

John Wayne, Pedro Armendáriz y Harry Carey Jr. son tres ladrones de ganado que deciden incursionar en el robo de bancos en un pequeño pueblo de Arizona con la mala fortuna de que Ward Bond sea el sheriff del lugar. Notablemente filmada (sombras de espesas nubes corriendo sobre la pradera, colosales tormentas de arena en mitad del desierto, una increíble persecución en un carro, etc.) van de la mano con sólidas actuaciones (especialmente Wayne y Bond y, en menor medida, Armendáriz) y una historia que reescribe la leyenda bíblica de los Reyes Magos alcanzando picos de genuina emotividad.

Ernesto Borgnino