En el marco del próximo Día del Patrimonio, HOY CANELONES consultó a diversas personalidades de la cultura local y nacional para conocer cuál es su tango preferido y por qué. Las respuestas fueron, por supuesto, variadas y siempre interesantes.
Horacio Cavallo
Poeta.
Es difícil elegir un único tango, cada uno mueve por distintas cosas. Pero así, entre el puñal y la pared, elegiría Mi loco bandoneón, de Horacio Ferrer y Astor Piazzolla. Además de tener una letra impecable, de ser un poema mayor en el cual se interpela al bandoneón y se lo encastra en el Río de la Plata con toda su significación. A su vez la idea de que el bandoneón sea el que lo toca a uno me parece un gran acierto poético. Lo vinculo mucho a Gustavo Nocetti, a su vez, por haber sido en su interpretación que lo conocí, y eso la da al tango una luz especial.
Martín Palacio Gamboa
Músico, docente y escritor.
Hay varias etimologías para la palabra ‘tango’. Por lo general, se considera que el término parece provenir del idioma ibibio (procedente del Congo) a través de «tamgú» que significa ‘tambor’ y ‘bailar. La cuestión es que en el siglo XIX, en la isla El Hierro (de las islas Canarias) y en varios lugares de América, la palabra «tango» ya significaba ‘reunión de negros para bailar al son del tambor’ para después derivar, en el Río de la Plata, en la actual significación.
Ahora bien, es curioso que la palabra «acontecimiento» también venga de «tango», pero como conjugación del verbo en latín «contigere». Lo que acontece es lo que toca, en el sentido del tacto. Lo que te toca, por contigüidad, término éste también emparentado. Y nos toca «contingentemente», accidentalmente, azarosamente. De aquí viene asimismo «tangente», lo que toca. Y «contaminar», corromper tocando. Hay temas de Rivero, Gardel, Agustin Magadi, que me hicieron todo eso: desde hacerme bailar sobre algún baldosón perdido de los piringundines de Buenos Aires o Montevideo, hasta hacerme sentir tocado. Y no por el ángel precisamente, sino por los demonios. Corrompido. Pienso, en este momento, en Desencuentro, letra de Cátulo Castillo y música de Aníbal Troilo. Pienso en esos momentos en que semejante tema, cuando vivía en cuartos de pensión y comiendo como caballo de ajedrez, me traía esa sensación de permanente exilio, de destierro. La voz lírica, aquí, resume en sí todos los tangos: es el retrato del que se ha visto apartado de su ambiente (el paraíso perdido) y permanece errando por el mundo atento a sus vaivenes, alerta a sus bajezas pero inocente y entregado frente al amor como en el juego. Pero, tarde o temprano, esa voz vuelve a sí mismo e interroga. Aunque más que interrogar, espeta: «Estás desorientado y no sabés qué trole hay que tomar para seguir (…) Quisiste con ternura, y el amor te devoró de atrás hasta el riñón». Una suerte de Odisea maldita. Si tomáramos el corpus de todo el cancionero que nos legó y sigue legando el tango como un gran poema épico, hallaríamos esa coincidencia en términos existenciales, una aventura del alma. En el burdel metafísico de sus letras se va armando el relato de los que se han quedado sin origen y sin puerto, de los que vagan por un destino del cual no se huye por ser sí mismo, de los que han fracasado para ganar un mundo otro. De allí que considere a Desencuentro como un recordatorio de que, a lo mejor, no se llega a la profundidad del tango desde lugares comunes periféricos sino desde sitios internos originales, almas sitiadas -tocadas, corrompidas- por esa perturbación de ser.
Mathías Iguiniz
Docente
El tango que más me gusta es Nieblas del Riachuelo (1937), con música de Juan Carlos Cobián y letra de Enrique Cadícamo. Primero quiero destacar un elemento que, si bien proliferante en la poética tanguera, no siempre es manejado con la misma destreza: la imagen de la barca. Desde tiempos inmemoriales, ha sido asociada al viaje existencial del Hombre, a la aventura de su propio periplo vital. ¿Qué decir de esos «barcos carboneros que jamás han de zarpar»? ¿Y de los «lanchones sin amarras que soltar»? Se lo dejo al lector. Segundo: como en una lógica onírica, en un momento el poema abandona la atmósfera de turbio fondeadero, de torvo cementerio, y se ve interrumpido por el lamento de una ausencia en primera persona. Hay un contacto íntimo, insondable, entre ambas cosas. Se me ocurre que puede tratarse de un sueño. Pero nunca me quedó del todo claro si de Cadícamo, que en su viaje creativo olvidó borrar las marcas de una noche eterna, o de la barca, que en lo inexorable de su quietismo ansía la turbulencia del lamento en el alma humana.
Alfredo Fernández
Músico. Director de Cultura de la Comuna Canaria.
Mi tango preferido es Adiós Nonino, de Astor Piazzolla. Lo tiene todo: fuerza y dulzura llevadas al extremo. Mueve y emociona. Es la obra cumbre del músico que llevó al tango más allá de los límites de su tiempo. Es de las pocas obras musicales que me sigue poniendo la piel de gallina. La primera vez que recuerdo escucharlo fue por 1978, en la versión de un grupo vocal, Buenos Aires 8, y luego no paré hasta dar con Piazzolla. Lo escuché en vivo tocado por el autor en 1989, y es algo imborrable. Lo escribió la noche en que se enteró de la muerte de su padre, estando muy lejos, en Nueva York.
Andrés Lazaroff
Músico. Cantante de El Cuarteto del Amor.
El tango que más me gusta es Pregonera, con letra de José Rótulo y música de Alfredo de Angelis. Me gusta por su barrial dulzura sin igual retratando el amor realizado de un hombre a una mujer.
Xosé de Enríquez
Escritor e investigador. Integrante de la Comisión Honoraria del Patrimonio de Canelones.
El tango, dicen, siempre lo encuentra a uno en algún momento de la vida. O al revés, uno encuentra al tango. En otros casos, como el mío, ni lo encontré ni me encontró… simplemente convivimos desde que tengo uso de razón. Por eso, pensar en un tango preferido, implica un ejercicio de recapacitación – resignificación de momentos y recuerdos que se remontan a los primeros años de la infancia.
«¡Vení Carlitos! ¡Cantate una!», clamaban los parroquianos del café La Cabaña, cuando Carlitos Roldán, en los últimos años de su vida, pasaba por la vereda del boliche del Gallego Victoriano, en la calle Magallanes casi Nueva York. Y Carlitos Roldán, que no era otro más que Carlos Belarmino Porcal, con sus casi sesenta años al hombro, entraba al café y cantaba Los mareados. De seguro, vendrían a su mente las imágenes de la vieja barra de amigos del Vaccaro, y otros amigos del barrio Goes. La última vez que lo vi en La Cabaña, el café de mi viejo, Carlitos estaba cansado y apenas pudo entonar a capella algunos versos de Los mareados; se había quitado el sombrero y lo colocó sobre el mostrador de mármol. Compartió una copa con los amigos, entre los cuales se encontraba el cantor Carlos Scelza, y se marchó; vivía a media cuadra, en la esquina de Magallanes y Nueva York. Y a los pocos días, el 16 de junio de 1973, falleció… Pero aquel día olvidó el sombrero en el café La Cabaña. Lo dejó en el mostrador de mármol.
«Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos…
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más…»
Carlitos Roldán se marchó a la eternidad, y su sombrero se quedó esperándolo en el boliche de mi viejo… y lo tengo conmigo, para llevárselo un día de estos.
Gerardo Molina
Poeta
Entre tantos preferidos, elegimos para esta encuesta Volver, de Gardel y Le Pera. Porque es uno de los más emblemáticos del género y del impar binomio; porque los mortales siempre –de algún modo– regresamos y tenemos nostalgia de algo, real o indefinido; porque nos retrotrae a la adolescencia (años 50), en El Colorado, donde la radio del Almacén Perrone (mi padrastro) siempre estaba encendida y los tangos –y el canto criollo nuestro también- se unían a mi tiempo de estudio y ensoñaciones de poeta en cierne; porque inscribe dentro del breviario del arrabal tanguero algunas frases que pasaron a ser patrimonio intangible del sentir popular como siempre se vuelve al primer amor, sentir que es un soplo la vida, veinte años no es nada…
Luis Pérez Aquino
Músico. Director del Conservatorio Departamental de Música.
Mi tango es Los Mareados (letra de Enrique Cadícamo y música de Juan Carlos Cobián). ¿Por qué? No lo sé, pero desde que lo escuché supe que ese era mi tango. Cada vez que quiero dejar atrás algún acontecimiento amargo canturreo «Hoy, vas a entrar en mi pasadooooo……». En uno de mis cumpleaños, Eduardo Larbanois me regaló un arreglo para piano solo que él mismo escribió.
Francisco Astorga
Músico.
Mi tango preferido es, sin dudas, Vieja Viola ya que le canta a la guitarra, instrumento que me acompaña desde que tengo 13 años. Incluso la parte que más me gusta es cuando protege a la guitarra de otros curdas.
Wilson Falero
Poeta. Artista plástico.
Dos por tres y no dos por cuatro, aparece algún tontín que dice ‘El tango ha muerto…’. Siempre me río. Y escucho a Muyala, a Francis Andreu, a Bajofodo, Mónica Navarro, Cuarteto Ricacosa y puedo seguir. Confieso: la pregunta de un tango preferido me entreveró la cuerda. Tengo varios preferidos. De distintos estilos y épocas diferentes. Aquí me descuelgo con algunos. Arranco con el maravilloso poema de Homero Manzi, Sur y de la misma pluma me gusta Fuimos. Sigo con Como dos extraños, honda música de Laurenz e hilado de Pepe Contursi. Sigo estremeciéndome con Adiós Nonino tocado por Piazzola y lo mismo me sucede con La Yumba, del gran Osvaldo Pugliese; innegable invitación a bailar, a gastar el piso. Del tango metido en lo social, en el compromiso con los otros, me gusta Acquaforte en la voz de Gardel; Al pie de la Santa Cruz cantado por Magaldi y el tango Primero de mayo cantado por su autor, Luciano Rosano. Por supuesto que Cambalache, es uno de mis elegidos. Tema este que cuestiona, critica y dice no.
Pero hoy me quedo con una de las grandes poetas e inmejorable interprete: Eladia Blázquez, con un tango de 1976: El corazón al sur, maravilloso texto poético, fluida canción que escuchada, cantada nos asalta y emociona… «Mi viejo fue una abeja en la colmena/ las manos limpias, el alma buena…»
Y después sigue…
«La sombra de mi vieja en el jardín/ la dulce fiesta de las cosas más sencillas/ y la paz en la gramilla de cara al sol…»
P.D. Este recuerdo esta lleno de voces y músicos canarios, de hijos de este Canelones. A ellos pues: a Néstor Feria, Carlos Gilardoni, Julio Sosa, Tita Merello, Corto Nievas y tantos…
Luis Pedro Hardoy
Músico y docente.
Mi tango favorito es Sueño de Barrilete, de EladiaBlázquez.Éste tango es muy especial para mí, poéticamente hablando. Su letra me despierta siempre asuntos medulares, diría mejor: «autobiográficos». Lleno de una poesía existencial que refleja como antagónicos los contrarios: ideal vs realidad. O las cuestiones del corazón vs la necesidad de resolver la vida como seguridad puesta en el dinero y la comida.
La autora recurriendo a la metáfora de un «Barrilete» nos pone de entrada en los ojos de la infancia (de un «purrete»). Esto es el mundo como esperanza. Diríamos también: horizonte y altura. Ilusión y sueños. Pero la poesía que nos va haciendo subir y subir entre nubes, de repente nos vuelve a la realidad y dice: «que la vida no es juguete» y «el lirismo es un billete sin valor». Chau poesía!
Y así mientras por un lado el tango nos plantea en la letra: la duda existencial y casi metafísica «que la vida es algo más»…. por otro lado termina planteándonos que todo ese mundo de fantasía se derrumbó por un «mal viento»… Vaya a saber qué puede significar el viento. Lo que sí sabemos es que «en amores solo tuvo decepción y que regaló su corazón…» La vida ha pasado y queda el repaso o examen de vida: y aun se pregunta si lo que le falló fue «la fe, la voluntad o acaso fue… que le faltó piolín». ¿Habrá tenido mala suerte en amores? ¿Fue un dejado que no se jugó? y acá quiero retomar el hilo o «piolín». (Para mí el hilo primordial de éste tango es el piolín… Y claro parece bobo decirlo pero se lo discuto al que quiera. El piolín es el que remonta su barrilete (su vida) intentando encontrarle algún sentido. Yéste, el sentido de vivir, te lo da el amor)… tan importante, delgado y delicado es el asunto este de vivir… que puede terminar trágicamente. Tanto que se puede llegar a perder algo fundamental en nuestro envejecer por la vida y es haber perdido al «purrete» o niño que todos llevamos dentro. Como diría Exúpery en la dedicatoria de su famoso libro: «Todas las personas mayores han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan)»… En éste tango: el purrete se perdió o se murió… ¡Ah, tango que me hiciste mal y sin embargo: te quiero! Chan-chán
Compilación y notas: Martín Bentancor
Luisito Ghan, un referente del tango en Canelones

Estando a pocas de horas de una nueva edición del Día del Patrimonio, en esta oportunidad dedicada al Tango, pensamos que es momento de tener presente a quienes fueron en nuestro medio cultores de este género musical.
Luis Ghan supo transitar por los caminos del éxito en tiempos que no era nada fácil. Había muchos exponentes y de buena calidad, pero sin dudas fue de esos que tenía lo fundamental, calidad y ganas de triunfar.
Ghan fue parte de una familia a la que podemos definir como tradicional en Canelones. Entre nosotros están algunos de sus hermanos y varios sobrinos. Tenemos la información de que uno de sus hijos reside en la capital del país y que suele cantar en reuniones y encuentros con amigos. Otros dos, que son profesionales de la medicina, residen en Buenos Aires, donde Luisito pasó los últimos años de su vida. Tuvo un vínculo muy directo con Julio Sosa: eran amigos y compartieron escenarios en la década del cuarenta.
Ghan, cada vez que pudo, llegó, luego de 1964, a la ciudad de Las Piedras los 26 de noviembre, lógicamente para estar presente en el homenaje que año a año se le tributa al Varón del Tango.
Su carrera artística la inició siendo muy joven. Así lo abala un documento que nos proporcionara su sobrino, el doctor Armando Bentancort González. El mismo data de abril de 1944 y Ghan nació en octubre de 1925, es decir que contaba con 19 años. El afiche confeccionado para esa oportunidad destacaba: «Teatro Politeama: Gran Festival Artístico, ofrecido por el conocido cantor local Luis A. Ghan». A quien actuara con la prestigiosa orquesta típica de Roberto Cuenca en los grandes bailes del Teatro Artiga, lo secundan los guitarristas que acompañan a Francisco Amor, de gran actuación en C X 16 Radio Carve: Fontela, Bebilacua y Pizzo. El precio de las entradas era de $ 1,20 para el palco, platea o tertulia $ 0,30, paraíso $ 0,15. Sin dudas que hay mucho para investigar y agregar sobre esta figura que aún muchos recuerdan en Canelones. Cada vez que llegaba a su ciudad el tiempo no le alcanzaba; tenía una afinidad muy especial con este medio. Personalmente nos comentó que tenía una relación directa con el fundador de HOY CANELONES, Julio Britos Bide, pues en su niñez y adolescencia había compartido jornadas laborales.
Cuando se dio a conocer su fallecimiento en la ciudad de Buenos Aires, Ventura Toja, que había compartido con él muchas cosas, escribió en este mismo medio un texto que tituló ‘Réquiem para Luisito’. Allí se lee:
«La noticia me golpeó como una cachetada en pleno rostro. Había muerto Luisito Ghan, y eso que hacía mucho que no lo veía, pero me llegó profundamente. De inmediato, esta máquina maravillosa que es la memoria, echó marcha atrás y me ubicó en la segunda mitad de la década del 30, cuando juntos aplanábamos las calles del pueblo con un canasto de bizcochos. Procurando un vintén para aliviar urgencias de hogares muy necesitados. Después Luisito se empleó en el Salón Carlitos, era un salón con peluquería, de lustrar y cigarrería, se ubicaba donde hoy está el Nuevo Bar 18. Allí le descubrieron la veta de cantor y lo alentaron para siguiera, primero se hizo cantor de tablados y de algún boliche, pronto fue creciendo y ganando fama. Se fue del pueblo para seguir cultivando su arte en otras zonas, el arte de la música típica, que por aquellos años estaba muy de moda en el Río de La Plata. Su caballito de batalla era el tango Mi Buenos Aires Querido, con el iniciaba todos sus conciertos.
Un día llegó a Canelones para participar de un festival benéfico, lo fui a ver, el espectáculo era en el estadio, Luisito tenía una pinta matadora, integraba un conjunto maragato que se llamaba «Los Zorros Grises», vestían de ese color con gacho gris incluido y pañuelo al cuello, era una típica figura de las películas porteñas.

Esa fue la última vez que lo vería cantar en vivo, después la vida nos marcó caminos distintos, el por el suyo triunfando en emisoras capitalinas y de Buenos Aires, yo humildemente en el pago. Me llega la infausta noticia de su desaparición física, para siempre descansará en su Buenos Aires querida, cada vez que suene un tango lo estaré asociando a su recuerdo».
Integrante de la BA.TU.CA.
Desde el inicio de la Barra Turística de Canelones (BA.TU.CA), que tiene a su sobrino Armando como uno de los líderes, Luisito Ghan fue partícipe de la misma. De más estar decir que por las noches deleitaba a todos sus compañeros con su canto. Ghan falleció el 29 de marzo de 2003 en la ciudad de Buenos Aires.
Omar Sosa

